miércoles, 23 de marzo de 2016

Dos Palillos

C/ Elisabets, 9
08011 Barcelona
T. 933 040 513




(Rogamos a los puristas nos perdonen, pero los nombres de los platos están escritos tal y como nos los anunciaron; aún no dominamos las lenguas sino-tibetanas).
Entrar al Dos Palillos es, cuanto menos, desconcertante. Te han dicho que es un restaurante «de los buenos», que el chef estuvo a las órdenes de Adrià y, cuando llegas a la dirección que te han dado, no ves más que un bar de tapas de los de toda la vida con una decoración que si ignoráramos que aquí hay puesto un dinero denominaríamos simplemente como «cañí». Si atraviesas el bar (resistiendo la tentación de pedir unas bravas, unos torreznos y un pincho de tortilla) ves, tras unas cortinas, el restaurante. Eso ya se parece más a lo que esperabas: una gran barra de madera semicircular, decoración moderna y, tras esa barra, gran cantidad de cocineros cortando pescado y vigilando cocciones. Más tarde, el propietario (Albert Raurich) te aclarará que, de hecho, el bar es tan nuevo como el restaurante (de abril de 2008), pero contaron con la ayuda de Fernando Amat (propietario de las tiendas Vinçon, especialista en objetos de decoración y diseño) para intentar recrear el típico bar, con sus palilleros, sus botellas viejas sobre la barra y sus banderines de equipos de fútbol. Y a fe que lo consiguieron: si nos atenemos a la decoración, a nadie extrañaría ver a Torrente tomándose allí un sol y sombra. En esa misma barra conversamos con Raurich, que nos habla de sus inicios profesionales con Ferran Adrià:
«Trabajar con una persona como Ferran, que imparte unos valores de trabajo, de exigencia, de profesionalidad y de honestidad tan fuertes, hace que quieras más a tu trabajo, que lo sientas y lo vivas. Uno de los principales motivos que me llevó a interesarme por la cocina asiática y abrir este restaurante fue trabajar en El Bulli. Ferran fue un visionario. Cuando hablamos del menú degustación, el tipo de ejecución de la comida de El Bulli a nivel conceptual tiene unas similitudes bestiales con la comida tradicional japonesa, la comida Kaiseki: una estructura de diferentes platitos con unas leyes muy marcadas. Esta similitud con la cocina japonesa es la cocina de El Bulli, pero Ferran ni había ido jamás a Japón, ni había comido nunca en un japonés. Os hablo del año 92 o 93».
Albert nos informa del frenético ritmo de vida del chef moderno: un artista en busca de inspiración, o un pozo sin fondo que con la excusa de su oficio se dedica a errar por el mundo no con el fin de conocerse a sí mismo ni de encontrar el corazón de las tinieblas, sino el de ponerse las botas. Pero el chef, ahíto, no se detiene después a hacer la digestión y fumarse satisfecho un puro. Es un artista que desea transmitir sus experiencias.
«Empezamos a viajar y a conocer la comida de Asia. Fuimos a China y, ¡hostia!; cuando de joven me ofrecían ir a un restaurante chino y contestaba: vade retro! El arroz lleno de grasa, la ternera salteada con cebolla… nuestro paradigma era esto, y entonces vas a China y conoces la realidad; y piensas que aquí hay algo que no funciona. Lo que yo he comido en China no tiene nada que ver con la cocina china de aquí. Teníamos que hacer algo. China es la cuna de la gastronomía de todo el mundo; cuando en Japón iban en taparrabos allí ya hacían ceremonias del té acompañadas de comida. Así que decidimos abrir este restaurante. Hemos comenzado por la base estudiando la cocina asiática y haciendo una cocina asiática auténtica, poco a poco. Japón, China, Tailandia, Corea… ya se irá aplicando la creatividad, una adaptación a nuestros gustos, pero primero tenemos que estudiar y hacer las cosas como hay que hacerlas, porque si no nos convertiremos en una más que hace fusión occidente-oriente y no queremos ir por ahí. Además, mi mujer es japonesa y esto ha sido un punto clave para poder atreverme. Una cosa es ir con Ferran a Japón; te tratan como Dios, claro está, y vas a los mejores restaurantes. Otra muy distinta es ir con tu mujer, que te lleva por todos los chiringuitos, los bares, y comes en su casa, con sus padres, con sus abuelos. Ves la cocina que hacen, comparas la comida casera con la comida de la calle y comprendes la gastronomía japonesa».

Nos preguntamos si además de en la gastronomía japonesa ha profundizado en el resto de su cultura. Por su relación personal con ella estamos seguros de que podría desmentir la imagen que el occidental poco informado tiene construida: una nación de gente con los rasgos idénticos que alternativamente se dedica a fabricar aparatos electrónicos con gran diligencia, darse muerte por cuestiones de honor, dejarse robar hasta las gafas mientras hace turismo y pegarse mamporros en absurdos programas de televisión, quizá también por honor.
«De Japón me resulta interesante casi todo, porque es una gente muy metódica, muy exacta y respetuosa. Hablo de relaciones entre la gente, de la gente con la naturaleza, con todos los ámbitos profesionales: son meticulosos. Es fácil  aprender y entender su cultura, porque como son muy estrictos y metódicos puedes integrarte a pesar de ser el país más chocante que he conocido».
Albert es muy diplomático. Como suponemos que podría tener problemas en casa no nos parece oportuno insistir. Pero el ambiente de bar en el que nos encontramos, hablando acodados en la barra,  y lo distendido de la personalidad del chef nos conduce al fin al meollo: el sexo. Queremos guardar una educada discreción y nos limitamos a una de las prácticas con sabor japonés más light.
«¿Body Sushi? No, estuve a punto de contratar uno para la despedida de soltero del jefe de cocina de El Bulli. Pero soy incapaz de comer de eso, porque lo que nos gusta más es la buena comida. Dudo mucho que la calidad del sushi en esas circunstancias sea muy buena; prefiero ir a ver un show de baile y después irme a comer a otro sitio. Pero está bien, estas cosas son positivas y divertidas. También es sacar la comida y la gastronomía fuera de los restaurantes. La comida es algo que hacemos tres o cuatro veces cada día y es algo de lo que hay que disfrutar. Ya que lo hacemos por obligación para alimentarnos, que nos podamos divertir. Que se hagan actividades a través de la gastronomía o de la alimentación me parece totalmente positivo y acertado; sea para comer sushi encima de un pechito o para hacer documentales, películas, convenciones de gastronomía, cursos…todo lo que sean actividades alrededor de la gastronomía me parece perfecto. Visita las bodegas, campos, los payeses… todo esto enriquece nuestro mundo».
Y claro, se nos ocurre debatir sobre ingredientes alternativos que podrían también enriquecer las experiencias.
«Hay cosas que no las digo. Por ejemplo, empieza ahora la temporada de la caballa en la que los machos vienen con el semen y las hembras con las huevas. Nosotros utilizamos la carne para hacer un plato de caballa macerada en vinagre de arroz y kombu y el semen lo hago en tempura. El semen en Japón es una delicia, es algo mágico, es un lujo. Así que yo lo pongo y a la gente le digo qué es después de comerlo. Alguna vez, si veo que la mujer es un poco remilgada, se lo digo cuando lo tiene en la boca… nos descojonamos, ella incluida. ¿Sabes qué pasa? Que soy muy cachondo. Y aquí, como trabajamos alrededor de la barra, esa interacción con el cliente hace que nos lo pasemos bien».
Fantástico, y por qué no encabezar la vanguardia más rompedora y comercializar semen humano.
«Esto ya es un poquito más que cultural. Bueno, comerse se come, la gente se lo come… (termina rompiendo a reír) pero no en restaurantes, que yo sepa. Aquí el de caballa lo tenemos y lo usamos. Pero se lo doy a gente un poco especial y nadie me ha dicho "¡qué malo!". Al fin y al cabo es de caballa, no de caballo».
Tras introducir esa imagen en nuestra mente damos por concluida la entrevista y nos vamos hacia la barra para probar esos platos de los que nos ha hablado. Nos fijamos en la carta y vemos que podemos probar especialidades japonesas, chinas, coreanas, indonesias, tailandesas…
Nos decantamos por el menú «Dos palillos». Consta de dieciséis tapas y, como era de esperar con tan alta cifra, hubo de todo: «Rollitos de piel de pollo con verduras y salsa de Shanghái» (pese a que el nombre no parece demasiado alentador, es delicioso), la «Ostra con sake» (una ostra en su cáscara flotando en sake templado), «Tempura de anémonas con ralladura de mandarina» (superando nuestra incredulidad de que las anémonas fueran comestibles, nos encontramos algo delicioso parecido a los sesos a la romana) y el plato estrella: «Temaki de ventresca de bonito». A primera vista no deja de ser un maki, pero el hecho de que lo presenten con los elementos por separado (alga nori, arroz blanco, salsa de soja, wasabi y el sushi) y seas tú quien se prepara el maki y esa ventresca que, aún ahora, solo con recordarla, hace que me asemeje al perro de Pavlov, consigue que no sea «un maki», sino algo más.
Durante todo el ágape observábamos a los cocineros y camareros trabajar tras la barra, pero fue en ese momento cuando pudimos admirar con calma la autoridad y respeto que infundía タケシ; ordenaba a todo el mundo sin necesidad de hablar mientras no perdía ojo de las papadas de cerdo ibérico que se hacían a la parrilla durante horas y, sobre todo, Vicenç y su peinado. Era hipnótico tenerle a escasos 50 centímetros y ver con qué mimo y precisión convertía un enorme trozo de pescado en pequeños filetes de ventresca de bonito que los siguientes comensales podrían degustar en el delicioso temaki. Y mientras, Álvaro, un tatuado madrileño que vino un día a cenar y se quedó a trabajar, insistiendo a sus compañeros que un día tienen que probar los callos que prepara siguiendo la receta de su tía-abuela; tiene bemoles que se atrevan con un «Shao lom pao», un «Chauamushi» o un «Tsunomono» y no osen apreciar los callos de la tía-abuela de Álvaro.


martes, 22 de marzo de 2016

"All-Star Superman"


One of the last ones of the first superhero for our first batch of reviews. Revolutionary of the genre, Morrison touched on some of the heavyweights of the superhero biuniversality a long time ago already. He already told us with Quitely his version about the X-Men with a staff of classic members refreshing the collection. Also recently, he's been working on the death and reconstruction of Batman's myth. All-Star Superman came to introduce us Superman's definitive story. Since the beginning, we know Superman dies and that will be the bottom context of all the episodes that make the work up. Nevertheless we're not before a completely twilight tale. Out of the continuity of regular series, Morrison reviews each one of the aspects, characters and situations characteristic of the comic and narrates them with the universal purity of the first ones, but not losing a shred of his surprising inventiveness and contemporary narrative. Frank Quitely and Jamie Grant, for their part, perfectly pick up the intention of the first one and illustrate it strongly and cinematicly, making it unavoidable to think about the hero of the eighties cinema. Hard work after the multiple parodies and, in many cases, wears and decays of the genre; the authors make a brilliant review to the Kryptonian and to the human, to his relationship with Lois, to the archenemy, to science fiction, to the search of identity, to the responsibility towards the world... getting back the best modern icon of human hope created by its imagination.


jueves, 10 de marzo de 2016

"All-Star Superman"

Una de las últimas del primer superhéroe para nuestra primera tanda de reseñas. Revolucionario del género, Morrison ya hace un tiempo que ha tocado a algunos de los pesos pesados de la biuniversalidad superheroica. Ya con Quitely nos contó su versión de los X-Men con una plantilla de miembros clásicos refrescando la colección. Recientemente también, ha estado trabajando en la muerte y reconstrucción del mito de BatmanAll-Star Superman vino a presentarnos la historia definitiva de Superman. Desde el principio, sabemos que Superman muere y ese será el contexto de fondo de todos los episodios que componen la obra. No obstante no estamos ante un relato completamente crepuscular. Fuera de la continuidad de las series regulares, Morrison repasa cada uno de los aspectos, personajes y situaciones características del cómic y las narra con la universal pureza de los primeros, pero sin perder un ápice de su inventiva sorprendente y narratividad contemporánea. Frank Quitely y Jamie Grant, por su parte, recogen perfectamente la intención del primero y la ilustran con fuerza y cinematismo, haciendo inevitable pensar en el héroe del cine de los ochenta. Trabajo difícil después de las múltiples parodias y, en muchos casos, desgastes y empobrecimientos del género; los autores hacen un brillante repaso al kriptoniano y al humano, a su relación con Lois, al archienemigo, a la ciencia-ficción, a la búsqueda de la identidad, a la responsabilidad para con el mundo… recuperando lo mejor del icono moderno de la esperanza humana creado por la imaginación de esta.

In memoriam: Ernesto Sabato

El túnel és potser el llibre que més he regalat a la meva vida. A molts dels homenatjats els va encantar i a alguna li va horroritzar; em va dir que no li regalés coses tan rares i se'n va anar a viure a Londres. La meva passió per en Sabato va començar fa vint anys quan una amiga me'l va regalar pel meu aniversari; va encantar-me i ella se'n va a anar a viure a Austràlia. Després va aparèixer-hi Sobre héroes y tumbas per casa en una col·lecció de literatura del segle XX que va comprar el meu pare. En aquella mateixa col·lecció hi venia també El túnel, edició que vaig donar a la meva amiga perquè se la signés l'autor una vegada que va anar a un curs d'estiu d'El Escorial. Després vaig recercar per tot Madrid Abaddón el exterminador i fins i tot vaig comprar-me un número d'Anthropos dedicat a en Sabato malgrat que, és clar, no vaig entendre ni una línia de cap dels articles.

No sé quin personatge elegiria com al meu favorit de les seves tres novel·les. Si en Castel, l'Alejandra, en Martín, en Nacho, en Marcelo, en Bruno, la Georgina... O en Fernando Vidal. Crec que en Bruno seria l'elegit, sí; sempre em va agradar la seva inacció i m'encanta quan en una de les novel·les —encara que en tinc dues al costat del teclat, per mi totes tres són com un tot i no vull tenir temps per buscar full a full la citació exacta— parla de la seva frustració al no poder escriure. Ni tan sols pot imaginar-se escrivint alguna cosa. Tampoc no sé amb quines escenes em quedaria. Quan en Castel insulta l'empleada de correus que té un gra amb pèls perquè li retorni la carta que acaba de llençar fa un minut a la bústia; quan en Martín està a punt de contar a l'Alejandra les escombraries que és la seva vida travessant un abisme d'excrements i mones que l'insulten però al final no ho fa i es posa a plorar; l'alleujament d'en Marcelo al saber, després d'ésser torturat durant hores, que morirà o qualsevol de les conversacions-confessions d'en Martín a en Bruno. Aposto per l'escena en què en Nacho fa el seu monòleg fastiguejat per la seva vida i per la societat moderna i es passeja, aquesta vegada sense Milord, insultant la Yoko Ono mentre recita la Julia: «Se levantó y comenzó a caminar. Julia, Julia, oceanchild, calls me. Al llegar a Mendoza y Conde se sentó en la vereda y miró los árboles contra el crepúsculo: los nobles, hermosos y callados árboles. Julia, seashell eyes, windy smile, calls me. Esa japonesa jodida, esa japonesa de mierda ya tenía que arruinar todo». Tot aquest capítol, una pàgina, anava a publicar-lo com a post a PopMadrid quan morís en Sabato, però el gran Ernesto va durar més que la web i la meva necrofília va quedar aparcada fins que va arribar Jot Down. Gràcies. I gràcies a en Sabato em vaig aficionar més al surrealisme francès de postguerra i vaig quedar enamorat d'en Victor Brauner i el seu ull buit. Va ser una de les llavors que em va fer enganxar-me definitivament a la literatura americana, perseguint durant anys edicions d'en Jacobo Fijman o d'en Felisberto Hernández. Encara que ara hagi deixat tots per en Baroja i en Galdós no crec haver-los traït.

Fora de la literatura en Sabato és també el millor; la seva independència i la seva figura de rondinaire em recorden a en Baroja i si dius que la foto famosa d'en Muller del novel·lista espanyol passejant pel Retiro en realitat és de l'argentí passejant per Santos Lugares, no aniries gaire descaminat. Potser per aquesta independència no és més conegut i és mirat de reüll per tots els sectors i sectes. Personatges més brillants però també més sinistres com en Cortázar s'emporten sempre l'aplaudiment. Em fa molt de fàstic que diguin que una persona és compromesa perquè gairebé sempre és mentida, però crec que en el cas d'en Sabato pot dir-se sense por: estava compromès amb si mateix. El millor que pot fer-se i el que més li envejo. M'agradaria ser tan digne com ell, o la meitat almenys. Quan algun any vagi a Buenos Aires ja em sé el recorregut. A més dels indrets sobre en Carlos Gardel que el meu pare em contava de memòria sense haver anat mai a l'Argentina, que seran els primers que complimentaré, aniré com una groupie qualsevol a asseure'm al costat de l'estàtua d'en Ceres del Parc Lezama a veure si hi apareix alguna Alejandra que xiuxiuegi alguna cosa i em canvïi la vida mentre veig al mapa la forma més ràpida d'arribar al gratacel Kanavagh, un altre dels meus objectius de Buenos Aires. I si acabo pixant de bon matí a la Patagònia, doncs perfecte.

miércoles, 9 de marzo de 2016

In memoriam: Ernesto Sabato

El túnel es quizá el libro que más he regalado en mi vida. A muchos de los homenajeados les encantó y a alguna le horrorizó; me dijo que no le regalara cosas tan raras y se fue a vivir a Londres. Mi pasión por Sabato empezó hace veinte años cuando una amiga me lo regaló por mi cumpleaños; me encantó y ella se fue a vivir a Australia. Luego apareció Sobre héroes y tumbas por casa en una colección de literatura del siglo XX que compró mi padre. En esa misma colección venía también El túnel, edición que le di a mi amiga para que se la firmara el autor una vez que fue a un curso de verano de El Escorial. Luego rebusqué por todo Madrid Abaddón el exterminador e incluso me compré un número de Anthropos dedicado a Sabato pese a que, por supuesto, no entendí ni una línea de ninguno de los artículos.
No sé a qué personaje elegiría como mi favorito de sus tres novelas. Si a Castel, Alejandra, Martín, Nacho, Marcelo, Bruno, Georgina… O Fernando Vidal. Creo que Bruno sería el elegido, sí; siempre me gustó su inacción y me encanta cuando en una de las novelas –aunque tengo dos al lado del teclado, para mí las tres son como un todo y no quiero tener tiempo para buscar hoja a hoja la cita exacta— habla de su frustración al no poder escribir. Ni siquiera puede imaginarse escribiendo algo. Tampoco sé con qué escenas me quedaría. Cuando Castel insulta a la empleada de correos que tiene un grano con pelos para que le devuelva la carta que acaba de echar hace un minuto al buzón; cuando Martín está a punto de contar a Alejandra la basura que es su vida atravesando un abismo cargado de excrementos y monos que le insultan pero al final no lo hace y se pone a llorar; el alivio de Marcelo al saber, tras ser torturado durante horas, que va a morir o cualquiera de las conversaciones-confesiones de Martín a Bruno. Apuesto por la escena en la que Nacho hace su monólogo asqueado por su vida y por la sociedad moderna y se pasea, esta vez sin Milord, insultando a Yoko Ono mientras recita Julia: «Se levantó y comenzó a caminar. Julia, Julia, oceanchild, calls me. Al llegar a Mendoza y Conde se sentó en la vereda y miró los árboles contra el crepúsculo: los nobles, hermosos y callados árboles. Julia, seashell eyes, windy smile, calls me. Esa japonesa jodida, esa japonesa de mierda ya tenía que arruinar todo». Todo ese capítulo, una página, iba a publicarlo como post en PopMadrid cuando muriera Sabato, pero el gran Ernesto duró más que la web y mi necrofilia quedó aparcada hasta que llegó Jot Down. Gracias. Y gracias a Sabato me aficioné más al surrealismo francés de posguerra y quedé enamorado de Victor Brauner y su ojo vacío. Fue una de las semillas que me hizo engancharme definitivamente a la literatura americana, persiguiendo durante años ediciones de Jacobo Fijman o de Felisberto Hernández. Aunque ahora haya dejado a todos por Baroja y Galdós no creo haberlos traicionado.
Fuera de la literatura Sabato es también el mejor; su independencia y su figura de cascarrabias me recuerdan a Baroja y si dices que la famosa foto de Muller del novelista español paseando por el Retiro en realidad es del argentino paseando por Santos Lugares, no irías muy descaminado. Quizá por esa independencia no es más conocido y es mirado de reojo por todos los sectores y sectas. Personajes más brillantes pero también más siniestros como Cortázar se llevan siempre el aplauso. Me da mucho asco que digan que una persona es comprometida porque casi siempre es mentira, pero creo que en el caso de Sabato puede decirse sin miedo: estaba comprometido consigo mismo. Lo mejor que puede hacerse y lo que más le envidio. Me gustaría ser tan digno como él, o la mitad al menos. Cuando algún año vaya a Buenos Aires ya me sé el recorrido. Además de los sitios sobre Carlos Gardel que mi padre me contaba de memoria sin haber ido nunca a Argentina, que serán los primeros que cumplimentaré, iré como una grupi cualquiera a sentarme al lado de la estatua de Ceres del Parque Lezama a ver si aparece alguna Alejandra que me susurre algo y me cambie la vida mientras veo en el mapa la forma más rápida de llegar al rascacielos Kanavagh, otro de mis objetivos porteños. Y si acabo meando de madrugada en la Patagonia, pues perfecto.

martes, 8 de marzo de 2016

Restaurant " Yashima "


た よし a inauguré son premier restaurant en 1977 «después de la muerte de aquel señor», il nous dit avec la cadence et la circonspection japonaises. Il est arrivé à Barcelone pour donner des cours de judo; en ce temps-là en Espagne il n'y avait pas de cuisine japonaise —ni à peine de Japonais— et c'était compliqué de trouver quelques ingrédients. «Todo ha cambiado mucho», il affirme.

Sa cuisine est fidèle à ses origines, il n'a qu'introduit des modifications légères pour s'adapter à notre palais.


«Lo que estamos intentando es ofrecer la cocina tal y como se sirve en Japón pero con más consistencia. Aquí el gusto —sobre todo al principio cuando no se conocía nada de la idea de la cocina japonesa— es de sabores más intensos. Los ingredientes son los mismos: pescado, verduras, cereales, carne…  En Japón se empezó a comer carne hace 120 años; nuestra cultura gastronómica es de pescado, cereales y verduras».
Au début il a trouvé des réticences devant des idées alors étranges, comme celle de manger du poisson cru, bien qu'en Espagne l'ingestion d'anchois au vinaigre, huîtres et même sardines crues, ça fait partie de la tradition. Mais les points d'affinité sont plus que de divergence entre toutes les deux cuisines. La prolifération d'établissements orientaux nous a rapproché encore plus et le sushi fait déjà partie de notre culture gastronomique. た nous raconte lesquels sont les secrets de son élaboration.

«Aquí gusta mucho el atún y el salmón. Se come de todo; hay gente a la que le gusta que tenga más sabor, más grasa. El bonito del Mediterráneo tiene una carne que se pone muy blanda, sin embargo el del Cantábrico, que solo hay dos meses de captura, es impresionante. El pescado blanco tiene más sabor donde hay más corriente de mar.
El cuchillo es el utensilio más importante que hay. Dependiendo de la materia prima se utiliza de una forma u otra. Para limpiar las escamas del pescado, para abrir, para cortar la cabeza, para filetear, hay diferentes cuchillos. Tienen que estar muy bien afilados porque en la cocina japonesa tiene mucha importancia la presentación. El corte ha de ser perfecto.
El secreto para la cocción del arroz es conseguir que no sea pegajoso; hervir en agua poca cantidad, añadir vinagre de arroz, azúcar, ir mezclando y enfriarlo para que quede suelto».

Restaurante "Yashima"


た よし inauguró su primer restaurante en 1977 «después de la muerte de aquel señor», nos dice con cadencia y circunspección japonesas. Llegó a Barcelona para dar clases de yudo; por aquel entonces en España no había cocina japonesa —ni apenas japoneses— y era complicado encontrar algunos ingredientes. «Todo ha cambiado mucho», afirma.

Su cocina es fiel a sus orígenes, solo ha introducido ligeras modificaciones para adaptarse a nuestro paladar.

«Lo que estamos intentando es ofrecer la cocina tal y como se sirve en Japón pero con más consistencia. Aquí el gusto —sobre todo al principio cuando no se conocía nada de la idea de la cocina japonesa— es de sabores más intensos. Los ingredientes son los mismos: pescado, verduras, cereales, carne…  En Japón se empezó a comer carne hace 120 años; nuestra cultura gastronómica es de pescado, cereales y verduras».
Al principio encontró reticencias ante ideas entonces extrañas, como la de comer pescado crudo, a pesar de que en España la ingesta de boquerones en vinagre, ostras e incluso sardinas crudas forma parte de la tradición. Pero son más los puntos de afinidad que de divergencia entre ambas cocinas. La proliferación de establecimientos orientales nos ha acercado aún más y el sushi forma ya parte de nuestra cultura gastronómica.  nos cuenta cuáles son los secretos de su elaboración.
«Aquí gusta mucho el atún y el salmón. Se come de todo; hay gente a la que le gusta que tenga más sabor, más grasa. El bonito del Mediterráneo tiene una carne que se pone muy blanda, sin embargo el del Cantábrico, que solo hay dos meses de captura, es impresionante. El pescado blanco tiene más sabor donde hay más corriente de mar.
El cuchillo es el utensilio más importante que hay. Dependiendo de la materia prima se utiliza de una forma u otra. Para limpiar las escamas del pescado, para abrir, para cortar la cabeza, para filetear, hay diferentes cuchillos. Tienen que estar muy bien afilados porque en la cocina japonesa tiene mucha importancia la presentación. El corte ha de ser perfecto.
El secreto para la cocción del arroz es conseguir que no sea pegajoso; hervir en agua poca cantidad, añadir vinagre de arroz, azúcar, ir mezclando y enfriarlo para que quede suelto».

Great supporting actors: Hank Schrader ("Breaking Bad")

The episode that opens the most faithfully HBO show that isn't broadcast on HBO begins with the birthday party of Walter White, a boring chemistry teacher from Albuquerque (New Mexico) with a laconic thoughtful character and a suspiciously similar appearance to Ned Flanders's. Immediately we see how, in spite of being a a celebration in his honor, he's a brother-in-law of Hank Schrader, who becomes the center of attention. An agent of the DEA (Drug Enforcement Administration), chatty and swaggering, who doesn't miss the chance to boast about the weapon he owns and about the drug dealers he detains. All man of action —he got "couhounes", as they frequently say on the O.V.— next to whom Walter seems to feel hung-up, like a nerd with no charisma or bravery.

But both characters' following evolution shows us Hank —in spite of his supporting role— as the leading role's true alter ego. Both of them experience a similar change, but in the opposite sense. This way, once Walter is informed that he will die of cancer, a transformation begins deep inside of him: on coming to terms with the certainty that he's going to die he'll be scared to nothing any longer. And that will make him capable of everything, even of getting into drug business.

His brother-in-law, to the contrary, after surviving death several times, will lose the certainty of his invulnerability and that will lead him to a halting fear, with more and more frequent panic attacks. Even though after the first gunfire he endures (in the ending of a simply superb episode) he gets the nerve and enjoys all his office's admiration, as much the peculiar bomb whose blast he survives as the following murder attempt will end up eroding his spirit and making him fall into the "fighting fatigue".

Psychiatrist Luis Rojas Marcos says that we all have a limit for the number of calamities we can bear and that such extended tendency that the more we suffer, the tougher we'll become, is senseless. Life's blows make us mature and grow up, yes, but only the first ones. Because, by gathering, they finally end up beating us down. Or as Houellebecq would say, "ce qui ne me tue pas m'affaiblit". It's what ends up happening to good old Hank, a character initially supplied with an infectious joy of living but who is becoming more and more fragile and gloomy, and whose poignancy (in the best sense of the word) is still more intense to the spectator who knows what he does not: the family that supports him and makes sense of his life becomes part of that thing against which he fights and that almost kills him.

*The actor who performs him, Dean Norris, is the alien mutant with a big scar on his face from Total recall.

sábado, 5 de marzo de 2016

Grandes secundarios: Hank Schrader ("Breaking Bad")

El episodio que abre la serie más fielmente HBO que no se emite en HBO comienza con la fiesta de cumpleaños de Walter White, un aburrido profesor de química de Albuquerque (Nuevo México) de carácter lacónico y reflexivo y apariencia sospechosamente similar a la de Ned Flanders. Inmediatamente vemos cómo, pese a ser una celebración en su honor, es cuñado de Hank Schrader, quien se convierte en el centro de atención. Un agente de la DEA (la agencia antidroga estadounidense), dicharachero y bravucón, que no pierde ocasión de alardear del arma que posee y de los narcotraficantes que detiene. Todo un hombre de acción —con dos «couhounes», como dicen frecuentemente en la V.O.— a cuyo lado Walter parece sentirse acomplejado, como un nerd sin carisma ni valentía.
Pero la evolución posterior de ambos personajes nos muestra a Hank —pese a su papel secundario— como el verdadero alter ego del protagonista. Ambos experimentan un cambio similar, pero en sentido contrario. Así, una vez Walter es informado de que morirá de cáncer, comienza en su interior una profunda transformación: al asumir la certeza de que va a morir ya no tendrá miedo a nada. Y eso le hará capaz de todo, incluso de meterse en el negocio de las drogas.
Su cuñado, por el contrario, tras sobrevivir a la muerte en varias ocasiones, perderá la certeza de su invulnerabilidad y eso le llevará a un miedo paralizante, con ataques de pánico cada vez más frecuentes. Aunque tras el primer tiroteo que sufre (en el desenlace de un episodio sencillamente soberbio) se envalentona y disfruta de la admiración de toda su oficina, tanto la peculiar bomba a cuya explosión sobrevive como el intento de asesinato posterior terminarán por erosionar su ánimo y hacerle caer en la «fatiga de combate».
Dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos que todos tenemos un límite para el número de calamidades que podemos soportar y que la creencia tan extendida de que cuantas más suframos, más resistentes nos haremos, carece de fundamento. Los golpes de la vida nos hacen madurar y crecer, sí, pero solo los primeros. Porque, al acumularse, finalmente acaban doblegándonos. O como diría Houellebecq, «ce qui ne me tue pas m'affaiblit». Es lo que acaba pasándole al bueno de Hank, un personaje dotado inicialmente de una contagiosa alegría de vivir pero que cada vez va volviéndose más frágil y sombrío, y cuyo patetismo (en el mejor sentido de la palabra) es aún más intenso para el espectador que sabe lo que él ignora: la familia que le da apoyo y sentido a su vida forma parte de aquello contra lo que él lucha y que casi lo mata.
*El actor que lo interpreta, Dean Norris, es el mutante marciano con una gran cicatriz en la cara de Total recall.