Las muchas sequías de California
De Jeff Wheelwright, 3 de abril de 2015
Morro Bay, California. California solo tiene dos estaciones, la lluviosa y la seca. En marzo, cuando para la lluvia —suponiendo que ha empezado— debemos olvidarnos de las precipitaciones al menos seis meses. La pluviosidad determina nuestro estado de ánimo durante el verano y el otoño. Donde yo vivo, en la Costa Central, 43 centímetros de lluvia por invierno ha sido la media a largo plazo. Superar ese número —la última vez que lo hicimos fue hace cinco años— da la sensación de ganar la lotería. Últimamente, la media ha estado muy por debajo de 10.
La diferencia entre un buen año de lluvia en California y uno malo depende del número de tormentas que irrumpen desde el Pacífico. Una o dos tormentas por invierno es malo; de cuatro a seis, bueno. Incluso en años húmedos y felices, cuando no hacemos caso a las inundaciones y aludes de barro, la lluvia es intermitente. Las tormentas empapan los valles y la nieve envuelve las montañas durante un día o dos, pero luego le sigue una semana o dos de sol. Durante las épocas secas, en la que nos encontramos ahora, las largas sucesiones de días soleados llegan a asustar un poco. Desde el miércoles, el contenido del deshielo en Sierra Nevada era más bajo que en cualquier época desde 1950. Los surtidores implacables de aguas subterráneas está causando que se hundan las tierras de labranza en el Valle Central.
Como la sequía entra ya en su cuarto año, el ajuste voluntario del uso del agua ha fallado en conseguir sus metas. Así que esta semana el gobernador Jerry Brown instituyó unas restricciones obligatorias. Las ciudades y los pueblos tendrán que cortar su consumo en un 25 por ciento, comparado con el 2013.
Pero el Estado es tan grande y diverso que una docena de sequías diferentes están efectivas. Los californianos del norte, bendecidos con corrientes de ríos, tienen relativamente poco de lo que preocuparse, mientras que por la megalópolis de Los Ángeles, los recursos de agua son remotos y los acueductos son cuerdas salvavidas. Los habitantes en el desierto cerca de Arizona y Nevada apenas perciben la sequía, mientras que los residentes costeros como yo tomamos falso consuelo del océano y las plantas de desalinización de repuesto.
Pero por todo el Estado, están teniendo lugar escaramuzas por una fuente que cada vez va a menos. Habiendo observado a mi vecino lavar su camión cuando no tendría que hacerlo, ya tendré excusa para denunciarlo. La mayoría de nosotros denunciaremos a los infractores a las autoridades — aunque quizá sin dar nuestros nombres. Si la sequía continúa, el compacto social y llevadero de California podría resquebrajarse y marchitarse también.
Aunque los acueductos entrecruzan el Estado, la mitad de los californianos sacan agua de embalses locales y aguas subterráneas. Dos comunidades una opuesta a la otra al otro lado de Morro Bay — mi ciudad y la más joven y más andrajosa comunidad de Los Osos — han adoptado diferentes acercamientos. Hace unos 20 años, en Morro Bay pagábamos un canal para hacer correr el agua en lo que se llama el agua estatal. Eso nos hace dependientes de las asignaciones de otra gente, pero en una sequía nosotros estamos más en forma que en Los Osos, que únicamente depende de las aguas subterráneas. Bajo la presión de bombear en exceso, los acuíferos de Los Osos están amenazados por la contaminación química y la intrusión de agua salada procedente del océano. Morro Bay tiene pozos municipales de respaldo, y una planta de desalinización para filtrar el agua subterránea salobre. Intentamos no ser engreídos.
Unos 50 kilómetros tierra adentro, la ciudad de Pablo Robles está rodeada de ranchos y viñedos. El campo pintoresco y ondulante es el favorito de los turistas catadores de vino. Desafortunadamente, las presas locales están por debajo de su capacidad y el bombeo del agua subterránea ha bajado la gráfica de agua y así los rancheros y los terratenientes se encuentran que se les están secando los pozos. Los dueños de los viñedos, que son recién llegados relativamente, no solo toman la mayor parte del agua subterránea sino que también se pueden permitir pozos más profundos, para tomar más. Está comenzando la contienda de clases. Incluso formar un comité para repasar el problema ha causado divisiones.
El conflicto que se avecina más grande en el Estado es el que hay entre los intereses urbanos y agrícolas, pero esa madre de todas las batallas, que trastorna la economía, no se luchará a menos que la sequía dure varios años más. Hace años cuando se asignaron los derechos del agua en California, las ciudades y las industrias no tenían tanto poder ni tanta sed como los tienen hoy.
El agua de la superficie para las grandes granjas y operaciones de lechería del Valle Central se transporta primero desde las presas de las montañas a la región del delta, donde los ríos de Sacramento y de San Joaquín se rozan con la bahía oriental de San Francisco. El delta también proporciona el agua que esa ciudad y sus habitantes beben.
Aquí está el hogar del capellán del delta, un pez de 5 centímetros de largo que se ha pillado en batallas de agua durante generaciones. Por orden del tribunal, el capellán en peligro de extinción tiene derecho a una cierta cantidad de agua de río, por delante de los que van río abajo. Los granjeros del Valle Central le han echado la culpa al capellán por cortarles su parcela — y eso durante los años buenos. Los suministros residenciales no han sido afectados por el capellán, hasta donde nos hemos dado cuenta.
Desde que empezó la sequía, el pez ha tenido cada vez menos defensores. Recientemente, puede que le haya hecho al Estado un favor volviéndose lo que un biólogo calificaría como "funcionalmente extinto", por un ambiente cada vez más salino. Si la sociedad da por perdido al capellán, ¿quién heredará su porción de agua? La legitimación del pez podría estar resentida — una racha seca, por decir algo, para que llegue una lucha mucho mayor. Tal vez los californianos hemos menospreciado nuestras copiosas fuentes naturales. Esperemos que la naturaleza no salde cuentas.
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jueves, 16 de abril de 2015
miércoles, 15 de agosto de 2012
Despicable Me
Inglés-Español
Despicable Me
Despicable Me
El Despreciable de Mí
Pastor: ¡Ah!
Mamá turista: ¡Justino!
Papá turista: ¡Rápido, cariño, sácame la foto! ¡Tengo la pirámide en mi mano!
Mamá turista: ¡Justino, tú vuelve aquí ahora mismo!
Guardia de seguridad 1: ¡No, detente!
¡No... detente! ¡No vayas a cruzar la línea! ¡No!
Guardia de seguridad 2: ¡Vuelve! ¡Detente! ¡Deténganlo!
¡Espera, espera, espera, espera! Aguanta, con calma, pequeñín.
Guardia de seguridad 1: ¡Vale, detente, niño! ¡Párate ahí mismo!
¡No!
Guardia de seguridad 2: ¡Oh, no, no, no, no, no! ... Oh... allá va.
Turista mamá: ¡¡Justino!!
¡Lo tengo, lo tengo!
Locutor: Atrocidad en Egipto esta noche ya que se descubrió que la la Gran Pirámide de Giza había sido robada y reemplazada por una gigante réplica hinchable.
Hay pánico por todo el globo mientras los países y los ciudadanos intentan proteger sus queridos lugares tan conocidos.
Las autoridades todavía no tienen pistas, dejando a todo el mundo preguntándose: ¿cuál de los villanos del mundo es responsable de este abyecto crimen? ¿Y dónde atacará ahora?
Gru: ¡Rayo de Congelación, Rayo de Congelación, Rayo de Congelación!
Sr. Mínguez: ¡Buenos días, Gru! ¿Qué tal?
Gru: Hola, Federico. Que sepas que... tu perro has estado dejando pequeñas bombas por todo mi jardín, y no lo agradezco.
Sr. Mínguez: Perdón. Ya conoces a los perros, van donde quieran ir.
Gru: A menos que estén muertos. Solo bromeo, por supuesto. Aunque es verdad. De todas maneras, ¡que te vaya bien!
Sr. Mínguez: Ah, vale. Ah, sí, mmm...
Gru: ¡Oh, tienen el don de la oportunidad!
Margo: ¿Hola? ¡Se venden galletas!
Gru: Iros. No estoy en casa.
Margo: Sí que estás, te he oído.
Gru: No, no lo has hecho... esto... es una grabación.
Margo: No, no lo es.
Gru: Sí que lo es. Observa esto: "Deje un mensaje... bip".
Inés: ¡Adiós, mensaje grabado!
Margo: ¡Inés, vamos!
Gru: ¡Claudio! ¡Perro malo! ¡No, no, no! ¡Siéntate! ¡Mi mollete!
Dr. Nefario: Gru.
Gru: Ah, Dr. Nefario.
Dr. Nefario: Sé cómo te debes estar sintiendo. Yo también he sufrido gran decepción. Pero a mis ojos, tú siempre serás uno de los grandes.
Gru: ¿Qué? ¿Qué ha pasado?
Dr. Nefario: Está por todas las noticias. Algún cuate recién robó una pirámide. Están diciendo que hace parecer a todos los otros villanos... pobres.
Gru: Reúne a los adláteres.
¡Subalternos, reuníos!
¡Qué bien estás, Kevin!
¿Cómo está la familia? ¿Bien? De acuerdo.
¡Ése es mi chico Guille!
¿Qué hay, Lorenzo?
Hola a todo el mundo. ¡De acuerdo!
Tranquilizaos. ¡Tranquilizaos!
Gracias, vale.
Ahora me doy cuenta de que probablemente vosotros hayáis oído de este otro villano que ha robado la pirámide. Aparentemente es una pasada... la gente lo está llamando el crimen del siglo y cosas así.
Pero, ¿estoy disgustado? ¡No! No lo estoy. Un poco. Pero, hemos tenido un año bastante bueno nosotros. ¡Y vosotros, chicos, estáis seguro en mi libro!
¡No, sin subidas de sueldo! No vias a conseguir aumentos.
¿Qué hicimos? Pues, ¡robamos la Pantalla Gigante de Times Square!
Bonita, ¿eh? ¡Así es cómo molo! ¡Sí, a todos os gusta ver el fútbol en eso, ¿eh?!
¡Pero eso no es todo! ¡Robamos la Estatua de la Libertad!
La pequeña de Las Vegas. ¡Y ni siquiera mencionaré la Torre Eiffel!
... También de Las Vegas.
Vale, no iba a hablaros sobre esto todavía, pero yo he estado trabajando en algo muy grande. ¡Algo que dejará esto de la pirámide como agua pasada! Y gracias a los esfuerzos de mi buen amigo el Dr. Nefario...
Dr. Nefario: Gracias, gracias.
Gru: Oh, sí, ahí está. Qué estilo tiene.
A ver, hemos localizado un rayo para reducir en un laboratorio secreto. Y una vez que cojamos el rayo para reducir, ¡nosotros tendremos la capacidad para conseguir el verdadero Crimen del Siglo! Nosotros vamos a robar...
¡Esperad... esperad! ¡Todavía no os he dicho lo que es!
Oye, David. ¡Escucha, por favor!
Ahora, nosotros vamos a robar... pausa para efecto... ¡la luna!
Y una vez que la luna sea mía, ¡el mundo me dará lo que yo quiera para recuperarla! Y yo seré el mayor villano de todos los tiempos. ¡De eso es de lo que os hablo!
¿Sí?
Dr. Nefario: Hola, Gru. He estado haciendo algunos cálculos y de verdad que no veo cómo podemos permitirnos esto. No se puede hacer. No soy un trabajador milagroso.
Gru: Oye... relax. Simplemente obtendré otro préstamo del banco. ¡Me aman!
Margo: ¡Oh, Edith! ¡Ya basta!
Edith: ¿Qué? Solo estoy andando.
Margo, Edith e Inés: Hola, señorita Jódar. Hemos vuelto.
Srta. Jódar: Hola, niñas.
Inés: ¿Alguien venió a adoptarnos mientras estábamos fuera?
Srta. Jódar: Mmmm, déjame pensar. No.
¡Edith! ¿Qué has puesto en mi escritorio?
Edith: Una tarta de helado y galletas de chocolate.
Srta. Jódar: Nunca te van a adoptar, Edith. Eso lo sabes, ¿no?
Edith: Sí, lo sé.
Srta. Jódar: Bien.
Bueno, ¿cómo ha ido, chicas? ¿Hemos cumplido con nuestra parte?
Margo: Em, algo. Hemos vendido cuarenta y tres tocinos de cielo, treinta ensaimadas y dieciocho pasteles de coco.
Srta. Jódar: Vale, pues, decís que como es un día genial de venta.
¡¡Mirad mi cara!! ¡¿Aún pensáis que es un día genial de ventas?!
Dieciocho pasteles de coco... creo que podemos hacerlo un poco mejor que eso, ¿no? Sí, no querríamos pasar la semana en la Caja de la Vergüenza, ¿verdad? No.
Margo, Edith e Inés: No, señorita Jódar.
Srta. Jódar: Vale. Bien. ¡Marchaos! Id a limpiar algo mío.
Margo, Edith e Inés: Hola, Penélope.
Penélope: Hola, chicas.
Gru: Hola, mamá. Perdón, iba a llamar, pero...
Madre de Gru: Solo quería felicitarte por robar la pirámide. Ése fuiste tú, ¿no? ¿O fue un villano que tiene éxito en realidad?
Gru: Solo para que lo sepas, mamá, yo estoy a punto de hacer algo muy, muy grande. Muy importante. Cuando lo oigas, vas a estar muy orgullosa.
Madre de Gru: Ja. Buena suerte con eso. De acuerdo, te dejo.
Gru: Gru para ver al señor Perera.
Recepcionista: Sí, por favor, tome asiento.
Neil Armstrong: Es un pequeño paso para el hombre... un gran salto para la humanidad.
Gru: ¡Mamá, algún día voy a ir a la luna!
Madre de Gru: Me temo que llegas demasiado tarde, hijo. La NASA ya no va a enviar monos.
Vector: Ey.
Voy a solicitar un nuevo préstamo de villano. Va con el nombre de "Vector".
Es un término matemático. ¡Una cantidad representada por una flecha con dirección y magnitud!
Vector. Ése soy yo. Porque cometo crímenes con dirección y magnitud. ¡Oh, sí!
Comprueba mi nueva arma. ¡Pistola Piraña! ¡Oh, sí! Fuegos encendidos con pirañas. ¿Ha' visto alguna vez una antes? No, no la has visto... Yo la he inventado. ¿Quieres una demostración?
Oh... ah... mecachis. Qué difícil a veces devolver la piraña dentro de mi...
Recepcionista: ¿Señor Gru? El señor Perera le atenderá ya.
Gru: ... Así que todo lo que necesito es dinero del banco para construir un cohete, y luego la luna... es nuestra.
Sr. Perera: Vaya. Pues, muy buena presentación. Me gustaría ver este rayo para encoger.
Gru: Desde luego. Verá. Cuanto lo tenga.
Sr. Perera: ¿No lo tienes? Y todavía tú tienes la audacia de pedirle al banco dinero.
Gru: Al parecer.
Sr. Perera: ¿Tienes idea del capital que este banco ha invertido en ti, Gru? Con demasiado pocos de tus "conspiraciones siniestras" volviéndose en realidad en ganancias?
¿Cómo puedo decirlo?
Digamos que esta manzana eres tú. Si no empezamos a recuperar nuestro dinero...
¿Coges la imagen?
Mira, Gru, lo que pasa es que hay muchos villanos nuevos ahí fuera. Más jóvenes que tú. Más hambrientos que tú. Más jóvenes que tú. Como ese hombre de ahí fuera llamado Vector. Acaba de robar la pirámide.
Gru: Lo cojo. Lo cojo. Em, así que... con respecto a conseguir dinero para el cohete.
Sr. Perera: Consigue el Rayo para Encoger. Entonces hablaremos.
Subalterno: ¡Imbéciles!
Imbéciles.
Gru: ¡Ja, ja! ¡Lo tenemos!
¿Qué? ¡Oye, oye! ¿Qué? ¡No, no, no, no!
¡Tú!
Vector: ¡Ja, ja, ja, ja! Ahora quizá te lo pienses dos veces antes de congelar la cabeza de alguien! ¡Hasta la vista, Gru!
Gru: ¡Rápido! ¡No podemos dejar que se escape!
Subalterno: ¡Yuhu!
Gru: Hacia delante, hacia delante. ¡Dispara! Dispárale ahora.
Vector: Ups, no me has dado.
Gru: Ven con papa.
Vector: Toma ésa. Qué adorable.
Gru: Tenemos la mira puesta en ti. Como quitarle un caramelo a un... ¡¿qué?!
Vector: ¡Ja! ¡Oye, Gru, pruébate esto por tamaño!
Gru: Qué raro. ¿Qué está pasando?
Esto es claustrofóbico. Oh, no, no.
Demasiado pequeño. Esto es demasiado pequeño para mí.
Ah, odio a ese tipo.
Margo: ... y por favor, vela por nosotras y bendice que tengamos un sueño de buenas noches...
Edith: ... y bendice que mientras estemos durmiendo, los bichos no se arrastren hasta nuestras orejas y pongan huevos en nuestros cerebros...
Margo: Genial. Gracias por esa imagen, Edith.
Inés: ... y por favor, bendice que alguien nos adopte pronto... y que la mami y el papi sean buenos... y que tengan un unicornio de mascota. Amén.
Margo y Edith: Amén.
Inés: Quiero uno, me encantan.
Quiero uno, me encantan.
Los uni, unicornios, me encantan.
Los quiero mimar, unicornios.
Si fueran de verdad.
¡Que lo son!
Me compraré uno algún día.
Y me quiere, y lo quiero.
La, la, la, la, la.
Gru: Oh, buena suerte, niñitas.
Edith: Oh. Guay.
Margo: Ah, hola. Somos huérfanas del Hogar para Chicas de la Señorita Jódar...
Vector: Me da igual. Largaos.
Margo: Venga, estamos vendiendo galletas para, ya sabe, ¡poder tener un futuro mejor!
Vector: Oh, esperad, esperad... Em, ¿tenéis galletitas de coco?
Margo: Ah, sí.
Gru: Bombilla.
¿Doctor Nefario?
Dr. Nefario: ¿Eh?
Gru: Voy a necesitar una doce de robots diminutos teledirigidos que parezcan galletas.
Dr. Nefario: ¿Qué?
Gru: ¡Robots de galletas!
Dr. Nefario: ¿Quién es ése?
Gru: Galletas, oh, olvídalo.
Srta. Jódar: Bueno, parece que le ha dado el visto bueno a nuestra revisión de fondo, Doctor Gru.
Oh, y veo que ha hecho una lista de algunos de sus logros personales. Gracias por eso; me encanta leer.
Y veo que le han dado la medalla de honor... y un título de sir.
Tuvo su propio... programa de cocina y puede contener la respiración durante treinta segundos. Eso no es tan admirable.
¿Qué diablos...? ¿Qué?
Gru: Pues, éstas son las circunstancietion. Las cosas han sido muy solitarias desde que mi mujer... Delia falleció.
Es como si mi corazón fuera un diente, y tuviera una caries que sólo pudiera ser empastada por niños. Lo siento.
Usted es una mujer hermosa. ¿Habla inglés?
Srta. Jódar: ¿Parezco que hablo inglés?
Gru: Usted tiene una cara like a donkey.
Srta. Jódar: Oh, pues, gracias.
Gru: De todas maneras, ¿podemos proceder con esta adopción? Muy, muy emocionado.
Srta. Jódar: Por favor, dígales a Margo, Edith e Inés que vengan al vestíbulo.
Edith e Inés: ¡¡Ah!!
Margo: ¡Apuesto a que la mamá es preciosa!
Edith: Apuesto a que a papá le brillan los ojos.
Inés: ¡Apuesto a que su casa está hecha de ositos de chicle!
Solo digo que sería bueno.
Oh. Mi oruga nunca se convirtió en una mariposa.
Edith: Eso es un Cheeto.
Inés: Ah.
Srta. Jódar: Oh, pues Delia era una mujer con mucha suerte.
Gru: ¿Quién es Delia?
Srta. Jódar: ¡Su mujer! Oh, hola, chicas.
Chicas, quiero que conozcáis al señor Gru. Va a adoptaros. ¡Y es dentista!
Margo: Eh, hola. Soy Margo. Ésta es Edith.
Ésa es Inés.
Inés: Tengo tu pierna, tengo tu pierna.
Gru: Vale, ya es suficiente, niñita. Suelta mi pierna. Venga. Tú puedes hacerlo. Simplemente suéltala. ¡Vaya!
Inés: ¡Más alto! ¡Más alto!
Gru: ¿Tú cómo las eliminas? ¿Hay un comando? ¿Algún espray no-adherible? ¿Palanca? Vale, chicas: ¡vámonos!
Vector: Bastante admirable. ¿Qué estás mirando? ¡Bu ya!
¡Te encogiste, minúsculo enjuague bucal!
Toma ésa.
¡Ya estás bien encogido!
¿Quién? Oh, tengo el rayo para encoger, de acuerdo. No, no estoy jugando con él. ¿Gru? No me haga reír. No.
Postdata: él no va a conseguir la luna y post-postdata, para cuando haya acabado con él, ¡va a estar suplicando clemencia!
Vale, adiós.
Oh, mírate; un diminuto vatercito para un diminuto bebito que...
¡Ah! ¡Maldito seas, vatercito!
Gru: Vale. Aquí estamos: hogar, dulce hogar.
Margo: ¿Así que ésta es, o sea, tu casa? Espera un segundo. Tú eres el tipo que fingió ser un mensaje grabado.
Gru: No, ése era otro.
Inés: ¿Me puedes dar la mano?
Gru: Eh, no.
Edith: Cuando nos adoptó un calvo, pensaba que esto sería más como en "Annie".
Gru: ¡No, oye...!
Claudio. Éstas no son amenazas. Éstas son invitadas.
Chicas, éste es Claudio, mi... perro.
Inés: ¡Uh, perro suave y esponjoso!
Oh.
Margo: ¿Qué tipo de perro es ése?
Gru: Es, eh... no lo sé.
Margo: ¿De verdad crees que éste es un lugar apropiado para niñas pequeñas? Porque, eh, no lo es.
Gru: ¡No, no! ¡No os acerquéis a ahí! ¡Es frágil!
Bueno, supongo que el plan funcionará con dos.
Edith: ¡Oye! ¡Aquí dentro está oscuro!
Le ha hecho un agujero a mi caja de zumo.
Gru: Como podéis ver, he proporcionado todo lo que un niño pudiese necesitar.
Ahora tengo... ¡oye!
Edith: Alguien ha roto eso.
Gru: Vale, vale, claramente necesitamos establecer algunas reglas. Regla número uno: no tocaréis nada.
Margo: ¿Y el suelo?
Gru: Sí, podréis tocar el suelo.
Margo: ¿Y el aire?
Gru: Sí, podréis tocar el aire.
Edith: ¿Y esto?
Gru: ¡Ah! ¿Dónde has cogido eso?
Edith: Lo he encontrao'.
Gru: Vale, regla número dos: no me molestaréis mientras estoy trabajando. Regla número tres: no lloraréis ni lloriquearéis ni reiréis ni carcajearéis ni estornudaréis ni eructaréis ni os tiraréis pedos. Así que ningún, ningún, ningún sonido molesto. ¿De acuerdo?
Inés: ¿Esto cuenta como molesto?
Gru: Mucho.
Yo os veré en seis horas.
Margo: Vale, no os preocupéis, todo va a salir muy bien. Vamos a ser muy felices aquí. ¿Verdad, Inés?
Inés: ¿Mmm?
Gru: Eh, pregunta. ¿Qué es esto?
Dr. Nefario: Una docena de robots con chaqueta. ¡Bailen! ¡Ja, ja! ¡Mira esto! Obsérvame.
Gru: ¡Robots de galletas! ¡Dije robots de galletas! ¿Por qué... eres tan viejo?
Dr. Nefario: Bien, estoy en ello.
Inés: ¡Tele!
Margo: ¿Qué es eso?
Edith: ¡Vaya, eso es guay!
Inés: No creo que sea dentista.
Dr. Nefario: Llevamos trabajando en esto un rato. Es un suero anti-gravedad.
Tenía la intención de cerrar eso. Estará bien, estoy seguro.
Gru: ¿Se pasan los efectos?
Dr. Nefario: Eh... hasta ahora... no. No, no se pasan.
Y aquí, por supuesto, está la nueva arma que pediste.
Gru: No, no, no. Yo dije 'pistola del miedo'. No... vale.
Dr. Nefario: Oh, sí. Porque me estaba preguntando bajo qué circunstancias usaríamos esto, pero de todos modos...
Lo que de verdad quería mostrarte es esto.
Gru: ¡Vale, ésos son robots de galletas!
Inés: La, la, la, la. Los quiero mimar, unicornios. Si fueran de verdad, ¡que lo son!
Gru: ¿Qué estáis haciendo aquí? ¡Os dije que os quedarais en la cocina!
Margo: Nos aburríamos. ¿Qué es este lugar?
Gru: Eh...
Edith: ¿Puedo beberme esto?
Dr. Nefario: ¿Quieres explotar?
¡Ah! ¡Gru!
Gru: ¡Volved a la cocina!
Inés: ¿Jugarás con nosotros?
Gru: No.
Inés: ¿Por qué?
Gru: Porque estoy ocupado.
Margo: ¿Haciendo qué?
Gru: Em... vale, vale, me habéis pillado. Lo del dentista es más un hobby. En la vida real, yo soy un espía, y es top secret y vosotras no podréis decírselo a nadie porque si lo hacéis...
Edith: ¿Qué hace esto?
Ups.
Inés: ¡Mi unicornio! ¡Tienes que arreglarlo!
Gru: ¿Arreglarlo? Mira, ¡ha sido desintegrado! Por definición, no puede ser arreglado.
Me está asustando. ¿Qué está haciendo?
Margo: Va a aguantar la respiración hasta que consigue uno nuevo.
Gru: Solo es un juguete. ¡Ahora para!
¡Vale! ¡Vale! ¡Te lo arreglo!
¡Tim, Marcos, Felipe!
¡Esto es muy importante! ¡Tenéis que conseguirle a la niñita un nuevo unicornio de juguete!
¡Oye, oye, oye! ¡Un juguete! ¡Vamos! Y daos prisa.
Margo: ¿Qué son ésos?
Gru: Ellos son mis... primos. ¡Jaime, Sergio!
Vigiladlas y que no se me acerquen a mí, por favor.
Edith: Ha sido idea de tu primo.
Subalterno: ¡¿Ca?!
Gru: ¡Vale, hora de acostarse!
Margo, Edith e Inés: Oh.
Jaime y Sergio: Oh.
Gru: ¡Para vosotros no!
Jaime y Sergio: ¡Bien!
Gru: Okey, vale, buenas nochecitas. Todas arropadas. Dulces sueños.
Margo: Solo para que lo sepas, tú nunca vas a ser mi padre.
Gru: Creo que puedo vivir con eso.
Edith: ¿Estas camas están hechas de bombas?
Gru: Sí, pero son muy viejas y es muy poco probable que estallen. Pero intenta no dar vueltas.
Edith: Guay.
Inés: ¿Nos lees un cuento para acostarnos?
Gru: No.
Inés: Pero no nos podemos ir a dormir sin un cuento para acostarnos.
Gru: Pues entonces va a ser una noche larga para vosotras, ¿no?
Así que buenas noches, que soñéis con los angelitos, no dejéis que os muerdan los bichitos. Porque hay literalmente miles de ellos.
Ah, y probablemente hay algo en vuestro armario.
Margo: Solo está bromeando, Inés.
Inés: Es precioso.
Gru: ¡Chicas! ¡Vamos! ¡Hora de repartir las galletas!
Margo: Vale, pero primero vamos a ir a clase de danza.
Gru: En realidad, vamos a tener que faltar a la clase de danza hoy.
Margo: En realidad, no podemos faltar a la clase de danza hoy. Tenemos un gran recital próximamente. Estamos haciendo un pasaje de "El Lago de los Cisnes".
Inés: Sí, "El Lago de los Cines".
Gru: Eso es fantástico, maravilloso. Pero iremos a repartir galletas. Venga.
Margo: No.
Gru: ¿No?
Margo: No vamos a repartir galletas hasta que terminemos la clase de danza.
Gru: Pues, yo no os voy a llevar en coche a clase de danza, así que si queréis ir vais a tener que ir andando vosotras.
¿Qué estáis haciendo?
Margo: Yendo a clase de danza.
Gru: Sí... vale, muy bien. Vosotras simplemente seguid andando porque yo sí que no os llevo en coche.
Margo: ¡Vale!
Gru: ¡Vais a sufrir la ira de Gru! ¡En serio, voy a contar hasta tres, y será mejor que estéis en este coche!
¡Allá voy! ¡Uno... dos...!
Profesora de danza: Tres... y cuatro... y cinco y levantaos... y estiraos.
Inés: Toma.
Gru: ¿Qué es esto?
Inés: Tu entrada para el recital de danza. Vienes, ¿verdad?
Gru: Por supuesto, por supuesto. Tengo un hormigueo que no me lo retengo.
Inés: ¿Promesa de meñique?
Gru: Oh, sí, mi meñique lo promete.
Inés: ¡Ah!
Gru: De acuerdo, nuestro primer cliente es un hombre llamada Vector.
Margo: Pero es una uve. Ya sabes, deberíamos empezar con las as, luego vamos a las bes, luego vamos a las...
Gru: Sí, sí, fui al jardín de infancia, ¡ya sé cómo funciona el alfabeto! Yo, yo solo pensaba que podría ser bueno repartirle primero al Sr. Vector, eso es todo.
Casi ha acabado... casi ha acabado.
Vector: Ah, chicas, me alegro de que hayáis vuelto a la Fortaleza de las Vectorturas. ¿Tenéis mis galletas para mí?
Margo: Dos cajas de chicles de menta, dos bolsas de golosinas, dos terroncitos de caramelo y quince cajas de galletitas de coco.
Vector: Exacto. Me gustaría ver a alguien más pedir tantas galletas.
¡Ni hablar! Nombrad a una persona que haya pedido más galletas que yo.
Margo: Eso serán cuarenta y dos euros.
Vector: Bien.
... siete, ocho, nueve, oh, tic-tacs.
... ocho, nueve...
Inés: ¿Por qué llevas puesto el pijama?
Vector: Esto no es un pijama. Esto es un traje de calentamiento.
Edith: ¿Para qué te calientas?
Vector: Cosas.
Inés: ¿Qué tipo de cosas?
Vector: Cosas superguays que no entenderíais.
Inés: ¿Como dormir?
Vector: ¡No es un pijama!
Ah. Tomad. Cuarenta y dos dineros.
¡Adiós!
Pero, ¿qué...? Cálmate, pez.
Abajo, chico.
Gru: ¡Lo hicimos! Venga, chicas, vámonos.
Margo: Pero, ¿y la otra gente que ha pedido galletas?
Gru: La vida está llena de desilusiones. Para algunos.
Inés: ¡Ah!
Gru: No hagas eso.
Inés: ¡La Tierra de la Diversión Supertonta! ¿Podemos ir? ¿Por favor?
Gru: No.
Edith: ¡Pero nunca hemos ido! ¡Y es el lugar más divertido de la Tierra!
Gru: Me da igual.
Margo: ¿Por favor? ¡¡Nunca jamás volveremos a pedir nada más!! ¡¿Por favor!?
Gru: Bombilla.
Edith: Venga.
Gru: Adiós, que os divirtáis.
Trabajador del parque: Eh, perdón, tío... no pueden montarse sin un adulto.
Gru: ¿Qué? Ah.
Inés: ¡Por Dios, mirad ese suave unicornio!
¡¡¡Es tan suave que me voy a morir!!!
Margo: Tienes que dejarnos jugar por él.
Gru: No, no, no.
Inés: ¡Venga!
Gru: ¿Cuánto por el unicornio suave?
Vendedor: Bueno... no está a la venta. Pero todo lo que tienes que hacer para ganarlo es derribar esa pequeña nave espacial de ahí.
¡Es fácil!
Inés: ¡Bien!
¡Otra vez!
Margo: ¡Espera!
Edith: Oh, vamos. Una vez más.
Inés: ¡Solo una más! ¡Que he cerrado los ojos accidentalmente!
¡Le he dado, le he dado! ¿Habéis visto eso? ¡Le he dado!
Edith: Oh.
Gru: Vale, vale, vale... ¿Qué ha sido eso? ¡Le ha dado! ¡Eso lo he visto yo con mis propios ojos!
Vendedor: Oye, amigo. Déjame explicarte algo.
¿Ves esa pequeña nave espacial de hojalata? ¿Ves cómo no está derribada? ¿Sabes lo que quiere decir eso, profesor?
¡Quiere decir que no te pillas el unicornio! Alguien tiene malas caras. ¡Mejor suerte la próxima vez!
Gru: Vale, me toca.
Derribado.
Inés: ¡Es muy suave!
Margo: ¡Eso ha sido impresionante!
Edith: ¡Has volado todo entero!
Inés: ¡Vamos a destruir otro juego!
Dr. Nefario: Gru, ¿te importa si tenemos unas palabras rápidas?
Gru: Vale, chicas, id a jugar.
Tengo el Rayo para Encoger. ¿Algodón de azúcar?
Dr. Nefario: Tenemos doce días hasta que la luna esté en posición óptima. No nos podemos permitir distracciones.
Gru: Ponme con Perera.
Perdón por molestarle, Sr. Perera, pero me figuraba que usted querría ver esto.
Sr. Perera: ¿Qué?
Bien hecho, Gru. Bastante admirable.
Gru: Ahora el resto del plan es sencillo. Vuelo hacia la luna. Encojo la luna. Me apropio de la luna. Me siento en el váter. ¿Qué?
Perdón, perdón, ¿me disculparía solo un segundo?
Os dije que no tocarais mis cosas. Os lo dije, os lo dije, ¡os lo dije mil veces!
Margo: ¿Podemos pedir pizza?
Gru: ¿Pizza? ¡Acabáis de comer!
Edith: Ahora no... para cenar.
Gru: ¡¿Cenar?! ¡Está bien, muy bien, muy bien, lo que sea! ¡Vosotras volved ahí dentro!
Margo: ¿Podemos coger corteza rellena?
Edith, Inés y los subordinados: ¡Oh, corteza rellena!
Gru: ¡Rellenaré la corteza con todas vosotras!
Inés: Eres divertido.
Gru: ¡Vosotras no volváis a salir de esa habitación!
De acuerdo, perdón por eso. ¿Por dónde estábamos?
Sr. Perera: Estabas sentado en el váter.
Gru: ¡No, no, no! No, lo siento. Eso ha sido un pequeño intento de humor. Sé cuánto le gusta reírse... por dentro. A ver, estaba diciendo...
Sr. Perera: No pareces concentradísimo, Gru.
Gru: Créame, estoy completamente concentrado. Yo...
Edith: ¿Hola? ¡Vaya! ¡Ese tipo es enorme!
Inés: ¿Estamos en la tele?
Sr. Perera: ¿Qué es eso? ¡¿Niños?!
Gru: ¿Qué estáis haciendo? ¡Os dije que os quedarais fuera de aquí!
Sr. Perera: ¡Gru! Para...
Gru: No, no...
Edith: Rayo para Congelar.
Sr. Perera: Sr. Gru...
Gru: ¡¡Ah!! ¡Oh!
Como iba diciendo...
Sr. Perera: No hay necesidad de continuar. He visto más que suficiente.
Gru: Pero mi plan era...
Sr. Perera: Es un plan genial. Me encanta todo lo de tu plan. Excepto por una cosa: tú.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He dibujado un dibujo de mí aterrizando en la luna!
Madre de Gru: Eh.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He hecho un prototipo del cohete de macarrones!
Madre de Gru: Eh.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He hecho un cohete de verdad basado en el prototipo de macarrones!
Madre de Gru: Eh.
Gru: No... lo entiendo.
Sr. Perera: Enfrentémonos a la realidad, Gru. Has estado en esto muchísimo tiempo, con poquísimo éxito. Vamos a poner nuestra fe, nuestro dinero en un... villano más joven.
Gru: Pero, yo...
Sr. Perera: Se acabó. Adiós, Gru.
Gru: A ver, sé que ha habido algunos rumores circulando de que el banco ya no nos va a financiar. Pues, yo estoy aquí para acallar esos rumores. Son ciertos.
En términos de dinero... no tenemos dinero. Así que, ¿cómo llegaremos a la luna? La respuesta está clara. No lo haremos.
Estamos sentenciados. Ahora sería probablemente un buen momento para buscar otras opciones de trabajo. Lo sé, yo he prendido la mecha a mi currículum, como sugiero que todos vosotros lo hagáis también.
¿Qué es? ¿No veis que estoy en medio de un discurso motivacional?
Sí. ¡Sí! ¡Nosotros construiremos nuestro propio cohete! ¡Usando esto y cualquier cosa más que podamos encontrar! ¡Aprovechad todo! ¡Llegad a las chatarrerías! ¡Desmontad los coches! ¡¿Quién necesita al banco?!
Gru: ¿Eh? Mamá, ¿qué haces aquí?
Madre de Gru: ... Y ahí está él en la bañera. ¡Oh! Mirad su culillo.
Gru: ¿Mamá? No es guay.
Madre de Gru: Y aquí está él bien vestido con su mejor ropa de domingo.
Margo: Parece una chica.
Madre de Gru: Ja, ja. Sí, lo parece. Una chica fea.
Inés: Eres divertido.
Edith: ¡Sí! ¡La mía tiene forma de muerto!
Recepcionista: ¿Sr. Perera? Su hijo está aquí.
Sr. Perera: Hágalo pasar.
Vector: Ey, papá. ¿Querías verme?
Sr. Perera: Sí, quería, Víctor.
Vector: Yo ya no soy Víctor. Víctor era mi nombre de idiota. Ahora yo soy Vector.
Sr. Perera: Siéntate.
¿Sabes dónde está el Rayo para Encoger?
Vector: Ja, de vuelta en mi casa.
Sr. Perera: Oh, ¿está eso ya de vuelta en tu casa? Oh, qué guay. ¡Supongo que Gru es que debe tener uno que se parece exactamente a él!
Vector: ¡Oye! ¡Esas chicas me vendieron galletas!
Sr. Perera: ¿Tienes idea de lo lucrativo que podría ser este atraco a la luna? ¡Yo te doy una oportunidad única y tú simplemente la echas a perder!
Vector: No, no lo he hecho.
Sr. Perera: Oh, ¿de verdad?
Vector: Tú solo espera hasta que Gru vea mi última arma: el Lanzador de Calamares. ¡Oh, sí!
Cliente del banco: ¡Hay un calamar en mi cara!
Vector: No te preocupes. La luna es prácticamente nuestra.
Gru: ¡Venga, es hora de acostarse! ¿Os habéis lavado los dientes? Que huela, que huela. No lo habéis hecho. ¡Poneos los pijamitas! ¡Permaneced quietas! ¡Vale, en serio, en serio! Esto es, ésta es la horita de irse a la camita. Ahora mismo. Yo no estoy bromeando. ¡Va en serio!
Edith: Pero no estamos cansadas.
Gru: ¡Pues yo sí estoy cansado!
Inés: ¿Nos lees un cuento para irse a dormir?
Gru: No.
Inés: ¿Por favorcito?
Gru: El diminutivo del "por favor" no cambia nada. Sigue siendo que no. Así que, id a dormir.
Edith: Pero si no podemos. Estamos todas hiperactivas.
Margo: Y sin un cuento para irse a dormir, simplemente seguiremos levantándonos y fastidiándote. Toda la noche.
Gru: Ah, muy bien.
De acuerdo, de acuerdo. "Gatitos soñolientos". ¿Gatitos soñolientos?
¿Qué es esto?
Inés: Marionetas. Las usas cuando cuentas el cuento.
Gru: Vale, quitémonos esto de encima.
"Tres gatos querían jugar.
Juegan y juegan sin parar.
Y su madre vino a decir:
'Gatitos, hora de dormir'".
Vaya, esto es basura. ¿De verdad os gusta esto?
Inés: ¡Sigue leyendo!
Edith: ¡Venga!
Gru: Vale, de acuerdo, de acuerdo, de acuerdo...
"Tres gatos chillaban sin parar.
'No queremos descansar'.
Entonces ronroneó mamá:
'Bien, pero el pelo os debéis lavar'".
Edith: Ahora lavas el pelo.
Gru: ¿Esto es literatura? Uno de dos años podría haber escrito esto. De acuerdo.
"Tres gatitos bien limpitos ya
no se querían acostar.
Furiosa les respondió su mamá:
'Bien, mas la leche debéis beber'".
Inés: Ahora hazles beber la leche.
Gru: No me gusta este libro. Esto va a seguir eternamente.
"Tres gatitos después de acabar
empezaron a bostezar.
'No podemos dormir, jo'.
Y una nana su mamá cantó.
'Buenas noches, dormid bien,
hasta que os levantéis.
Sabed que mientras durmáis,
la mami... siempre os adorará".
¡Fin! ¡Vale, buenas noches!
Inés: ¡Espera!
Gru: ¿Qué?
Inés: ¿Qué pasa con los besos de buenas noches?
Gru: ¡No! ¡No! ¡No! Ni besar ni abrazar ni besar.
Margo: No nos va a dar un beso. Buenas noches, Inés.
Inés: Me gusta. Es bueno.
Edith: Pero da miedo.
Inés: Como Papá Noel.
Dr. Nefario: Sólo cuarenta y ocho horas para el lanzamiento. Y ya está todo listo.
Gru: Em... sobre eso. Estaba pensando que quizá podríamos mover la fecha del atraco.
Dr. Nefario: Por favor, dime que esto no e' resultado del recital de danza de las chicas, ¿verdad?
Gru: No... ¿el recital? No... Qué estúpido. Es que creo que es algo raro hacerlo en sábado. Estaba pensando que a lo mejor un atraco es cosa de un martes... ¿verdad?
Dr. Nefario: ¡Gru! Tú y yo llevamos trabajando en esto por años. ¡Es todo con lo que hemos soñado! ¡Tu oportunidad para hacer historia: "el hombre que robó la luna"! Pero estas chicas se están volviendo una distracción más grave. Necesitan irse. Si no haces nada al respecto, yo lo haré.
Gru: Entiendo.
Dr. Nefario: Bien.
Gru: ... De acuerdo, ahora cuando juntemos nuestras tazas haremos el sonido del "clink" con las bocas. ¿Listos? ¿Edith?
Gru y Edith: "Clink".
Gru: Toma ya. ¡Y ahora bebemos!
E, ¿Inés?
Gru e Inés: ¡"Clink"!
Gru: Muy bien.
Disculpadme, chicas.
Inés, Margo y Edith: Oh, venga.
Gru: No os preocupéis, volveré. Seguid tintineando.
Oh, señorita Jódar. ¿Qué está haciendo aquí?
Srta. Jódar: Estoy aquí por las chicas. Recibí una llamada de que quería devolverlas.
Y, yo también adquirí un diccionario de inglés.
No me gustó lo que dijo.
Gru: Pero.. yo...
Oh. Prepararé a las chicas.
Inés: ¡No dejes que nos lleve, señor Gru! ¡Dile que quieres quedarte con nosotras!
Srta. Jódar: De acuerdo, chicas.Venga, vámonos.
Margo: Adiós, señor Gru. Gracias por todo.
Dr. Nefario: Lo hice por tu propio bien. Venga, vayamos a por esa luna.
Gru: Bueno.
Gru: ¿Para qué es esto?
¿El recital? ¡Yo... yo soy la mente criminal más grande del siglo! ¡No voy a recitales de danza de niñas pequeñas!
Dr. Nefario: Abriendo puertas de plataforma de lanzamiento.
Iniciando secuencia de lanzamiento, y estaremos bien para empezar la cuenta atrás con diez segundos. Diez... nueve... ocho... siete...
Seis...
Vector: ¡Oh, sí!
Gru: Buen trabajo, doctor. Todo listo.
Vector: ¡Toma!
¡Ah!
¡Mi traje de vuelo!
Oh, sí. Una vez más el poderoso Vector...
¡Ah!
Gru: ¡Ah!
Surfista: ¡Oh!
Gru: ¡Ja! ¡La tengo! ¡Tengo la luna! ¡Tengo la luna!
Puedo hacerlo.
Dr. Nefario: Espera un minuto. Cómo...
Subalterno: ¡Kevin!
Gru: ¡Vamos! ¡Vamos!
Inés: Todavía no está aquí.
Margo: ¿Por qué iba a venir? Nos ha abandonado.
Inés: ¡Pero hizo promesa de meñique!
Profesora de danza: ¡Chicas, chicas... puestos!
Edith: ¡No, no podemos empezar todavía! ¡Aún estamos esperando a alguien!
Inés: ¿Podemos esperar solo unos cuantos minutos más?
Profesora de danza: De acuerdo. Pero solo unos pocos minutos más.
Margo: No va a venir, chicas.
Dr. Nefario: Gru, Gru, ¿puedes oírme?
Gru: ¡¡Ah!!
Dr. Nefario: ¡De prisa! ¡Tenemos que avisarle y rápido!
Gru: ¡¡¡Ah!!!
Vale, vale, ahí está la biblioteca... ésa es la Calle Tercera, ése es el estudio de danza, allí, allí, ¡allí es!
Conserje: Lo siento, macho. El espectáculo ha acabado.
Gru: ¿Acabado?
¡Vector! ¡Abre!
Vector: Primero dame la luna. Luego hablaremos.
Inés: ¡Señor Gru!
Vector: Cremallera, Happy Meal.
Gru: Ahora... las chicas.
Vector: En realidad, creo que me las guardaré un ratito más.
Gru: ¡No!
Vector: ¡Oh, sí! ¡Impredecible!
Gru: ¡No!
Escucha bien, pequeño gamberro. No tienes ni idea de con quién estás tratando. Cuando entre ahí, ¡ten por seguro que vas a sufrir un mundo!
Vector: Oh, estoy asustadísimo.
Inés: Él va a darte una patada en el culo.
Vector: ¿Qué? ¡Le ha dado un puñetazo a mi tiburón!
Dr. Nefario: ¡Allí está!
¡Aguanta, Gru!
¡Oh, no!
Gru: ¡Ah!
¡Vector tiene a las chicas! ¡Vamos!
¿Qué le ha pasado a la nave? ¡Es grande otra vez!
Dr. Nefario: No tan grande como lo va a ser la luna.
Gru: ¡¿Qué?!
Dr. Nefario: ¡Cuanto más grande la masa de un objeto, más rápido se pasan los efectos del rayo para encoger! Yo lo llamo el principio de Nefario. Se me acaba de ocurrir ahora, en realidad.
Gru: ¡Oh, no!
Margo: ¿Habéis visto eso?
Margo, Edith e Inés: ¡Vector! ¡Ayuda! ¡Por aquí! ¡Ayuda!
Vector: Oye, ¿qué estáis haciendo vosotras ahí atrás?
Ay.
Gru: ¡Acércate tanto como puedas!
¡Ya lo tienes!
Margo, Edith e Inés: ¡¡Ah!!
Margo: ¡Señor Gru, aquí arriba!
Inés y Edith: ¡Señor Gru!
Gru: ¡Vale, chicas, chicas! ¡Vais a tener que saltar!
Edith: ¿Saltar? ¡¿Estás loco?!
Gru: ¡No os preocupéis! ¡Yo os cogeré!
Margo: Nos devolviste.
Gru: Lo sé, lo sé y es el peor error que he cometido en mi vida. Pero tenéis que saltar ya.
Margo: No pasará nada.
Gru: Vale, chicas.
Margo: ¡Saltad ya!
Gru: Margo, yo te cogeré y nunca más te soltaré.
Vector: No tan rápido.
Gru: ¡Margo!
Margo: Suéltame.
Gru: ¡No!
Margo: ¡Ah!
Gru: Ya voy, Margo. ¡Aguanta!
¡Te tengo!
Vector: ¡¡Ah!! ¡¡No!!
Oh, caca.
Presentador del telediario: Esta vez el bien triunfa y la luna ha sido devuelta a su lugar legítimo en el cielo. ¡Pero una vez más las autoridades están desconcertadas! Dejando preguntarse a todo el mundo: ¿quién es este misterioso héroe? ¿Y qué hará después?
Gru: Vale, chicas, hora de dormir.
Edith: ¡Oh, venga! Queremos un cuento.
Inés: ¡"Los Tres Gatitos"!
Gru: Oh, no, lo siento, ese libro fue accidentalmente destruido con malévolo. Esta noche, vamos a leer un libro nuevo.
Éste se llama "Un Gran Unicornio". De... ¿quién escribió esto? ... ¡ah, yo! ¡Yo lo escribí! Ah, mirad... ¡es un libro de marionetas!
Ése es el cuerno.
Inés: ¡Éste va a ser el mejor libro de la historia!
Gru: No es por felicitarme, pero sí, probablemente lo será. Allá vamos.
Un unicornio muy feliz
pensaba solamente en sí.
Tres gatitas llegaron a él.
Pusieron su vida al revés.
Edith: Oye... ésa se parece a mí.
Gru: ¿De qué estás hablando? ¡Éstas son gatitas! Cualquier relación a personas vivientes o muertas es completamente casual.
Le hicieron reír y llorar.
No debió dejarlas marchar.
Nunca se podrá separar
de esas gatitas que cambiaron su hogar.
Fin.
Vale, de acuerdo. Buenas noches.
Margo: Te quiero.
Gru: Yo te quiero también.
¡No! ¡No!
Oh, está bien.
¿A ti no te lo he dao' ya?
Gru: Son muy buenas.
Madre de Gru: Oh, estoy muy orgullosa de ti, hijo. Has resultado ser un buen padre... igual que yo. Quizá incluso mejor.
Gru: ¡No, estoy bien! ¡Seguid!
No, no, no.
¡Oye! Ah.
Gru: Reúne a los adláteres.
¡Subalternos, reuníos!
¡Qué bien estás, Kevin!
¿Cómo está la familia? ¿Bien? De acuerdo.
¡Ése es mi chico Guille!
¿Qué hay, Lorenzo?
Hola a todo el mundo. ¡De acuerdo!
Tranquilizaos. ¡Tranquilizaos!
Gracias, vale.
Ahora me doy cuenta de que probablemente vosotros hayáis oído de este otro villano que ha robado la pirámide. Aparentemente es una pasada... la gente lo está llamando el crimen del siglo y cosas así.
Pero, ¿estoy disgustado? ¡No! No lo estoy. Un poco. Pero, hemos tenido un año bastante bueno nosotros. ¡Y vosotros, chicos, estáis seguro en mi libro!
¡No, sin subidas de sueldo! No vias a conseguir aumentos.
¿Qué hicimos? Pues, ¡robamos la Pantalla Gigante de Times Square!
Bonita, ¿eh? ¡Así es cómo molo! ¡Sí, a todos os gusta ver el fútbol en eso, ¿eh?!
¡Pero eso no es todo! ¡Robamos la Estatua de la Libertad!
La pequeña de Las Vegas. ¡Y ni siquiera mencionaré la Torre Eiffel!
... También de Las Vegas.
Vale, no iba a hablaros sobre esto todavía, pero yo he estado trabajando en algo muy grande. ¡Algo que dejará esto de la pirámide como agua pasada! Y gracias a los esfuerzos de mi buen amigo el Dr. Nefario...
Dr. Nefario: Gracias, gracias.
Gru: Oh, sí, ahí está. Qué estilo tiene.
A ver, hemos localizado un rayo para reducir en un laboratorio secreto. Y una vez que cojamos el rayo para reducir, ¡nosotros tendremos la capacidad para conseguir el verdadero Crimen del Siglo! Nosotros vamos a robar...
¡Esperad... esperad! ¡Todavía no os he dicho lo que es!
Oye, David. ¡Escucha, por favor!
Ahora, nosotros vamos a robar... pausa para efecto... ¡la luna!
Y una vez que la luna sea mía, ¡el mundo me dará lo que yo quiera para recuperarla! Y yo seré el mayor villano de todos los tiempos. ¡De eso es de lo que os hablo!
¿Sí?
Dr. Nefario: Hola, Gru. He estado haciendo algunos cálculos y de verdad que no veo cómo podemos permitirnos esto. No se puede hacer. No soy un trabajador milagroso.
Gru: Oye... relax. Simplemente obtendré otro préstamo del banco. ¡Me aman!
Margo: ¡Oh, Edith! ¡Ya basta!
Edith: ¿Qué? Solo estoy andando.
Margo, Edith e Inés: Hola, señorita Jódar. Hemos vuelto.
Srta. Jódar: Hola, niñas.
Inés: ¿Alguien venió a adoptarnos mientras estábamos fuera?
Srta. Jódar: Mmmm, déjame pensar. No.
¡Edith! ¿Qué has puesto en mi escritorio?
Edith: Una tarta de helado y galletas de chocolate.
Srta. Jódar: Nunca te van a adoptar, Edith. Eso lo sabes, ¿no?
Edith: Sí, lo sé.
Srta. Jódar: Bien.
Bueno, ¿cómo ha ido, chicas? ¿Hemos cumplido con nuestra parte?
Margo: Em, algo. Hemos vendido cuarenta y tres tocinos de cielo, treinta ensaimadas y dieciocho pasteles de coco.
Srta. Jódar: Vale, pues, decís que como es un día genial de venta.
¡¡Mirad mi cara!! ¡¿Aún pensáis que es un día genial de ventas?!
Dieciocho pasteles de coco... creo que podemos hacerlo un poco mejor que eso, ¿no? Sí, no querríamos pasar la semana en la Caja de la Vergüenza, ¿verdad? No.
Margo, Edith e Inés: No, señorita Jódar.
Srta. Jódar: Vale. Bien. ¡Marchaos! Id a limpiar algo mío.
Margo, Edith e Inés: Hola, Penélope.
Penélope: Hola, chicas.
Gru: Hola, mamá. Perdón, iba a llamar, pero...
Madre de Gru: Solo quería felicitarte por robar la pirámide. Ése fuiste tú, ¿no? ¿O fue un villano que tiene éxito en realidad?
Gru: Solo para que lo sepas, mamá, yo estoy a punto de hacer algo muy, muy grande. Muy importante. Cuando lo oigas, vas a estar muy orgullosa.
Madre de Gru: Ja. Buena suerte con eso. De acuerdo, te dejo.
Gru: Gru para ver al señor Perera.
Recepcionista: Sí, por favor, tome asiento.
Neil Armstrong: Es un pequeño paso para el hombre... un gran salto para la humanidad.
Gru: ¡Mamá, algún día voy a ir a la luna!
Madre de Gru: Me temo que llegas demasiado tarde, hijo. La NASA ya no va a enviar monos.
Vector: Ey.
Voy a solicitar un nuevo préstamo de villano. Va con el nombre de "Vector".
Es un término matemático. ¡Una cantidad representada por una flecha con dirección y magnitud!
Vector. Ése soy yo. Porque cometo crímenes con dirección y magnitud. ¡Oh, sí!
Comprueba mi nueva arma. ¡Pistola Piraña! ¡Oh, sí! Fuegos encendidos con pirañas. ¿Ha' visto alguna vez una antes? No, no la has visto... Yo la he inventado. ¿Quieres una demostración?
Oh... ah... mecachis. Qué difícil a veces devolver la piraña dentro de mi...
Recepcionista: ¿Señor Gru? El señor Perera le atenderá ya.
Gru: ... Así que todo lo que necesito es dinero del banco para construir un cohete, y luego la luna... es nuestra.
Sr. Perera: Vaya. Pues, muy buena presentación. Me gustaría ver este rayo para encoger.
Gru: Desde luego. Verá. Cuanto lo tenga.
Sr. Perera: ¿No lo tienes? Y todavía tú tienes la audacia de pedirle al banco dinero.
Gru: Al parecer.
Sr. Perera: ¿Tienes idea del capital que este banco ha invertido en ti, Gru? Con demasiado pocos de tus "conspiraciones siniestras" volviéndose en realidad en ganancias?
¿Cómo puedo decirlo?
Digamos que esta manzana eres tú. Si no empezamos a recuperar nuestro dinero...
¿Coges la imagen?
Mira, Gru, lo que pasa es que hay muchos villanos nuevos ahí fuera. Más jóvenes que tú. Más hambrientos que tú. Más jóvenes que tú. Como ese hombre de ahí fuera llamado Vector. Acaba de robar la pirámide.
Gru: Lo cojo. Lo cojo. Em, así que... con respecto a conseguir dinero para el cohete.
Sr. Perera: Consigue el Rayo para Encoger. Entonces hablaremos.
Subalterno: ¡Imbéciles!
Imbéciles.
Gru: ¡Ja, ja! ¡Lo tenemos!
¿Qué? ¡Oye, oye! ¿Qué? ¡No, no, no, no!
¡Tú!
Vector: ¡Ja, ja, ja, ja! Ahora quizá te lo pienses dos veces antes de congelar la cabeza de alguien! ¡Hasta la vista, Gru!
Gru: ¡Rápido! ¡No podemos dejar que se escape!
Subalterno: ¡Yuhu!
Gru: Hacia delante, hacia delante. ¡Dispara! Dispárale ahora.
Vector: Ups, no me has dado.
Gru: Ven con papa.
Vector: Toma ésa. Qué adorable.
Gru: Tenemos la mira puesta en ti. Como quitarle un caramelo a un... ¡¿qué?!
Vector: ¡Ja! ¡Oye, Gru, pruébate esto por tamaño!
Gru: Qué raro. ¿Qué está pasando?
Esto es claustrofóbico. Oh, no, no.
Demasiado pequeño. Esto es demasiado pequeño para mí.
Ah, odio a ese tipo.
Margo: ... y por favor, vela por nosotras y bendice que tengamos un sueño de buenas noches...
Edith: ... y bendice que mientras estemos durmiendo, los bichos no se arrastren hasta nuestras orejas y pongan huevos en nuestros cerebros...
Margo: Genial. Gracias por esa imagen, Edith.
Inés: ... y por favor, bendice que alguien nos adopte pronto... y que la mami y el papi sean buenos... y que tengan un unicornio de mascota. Amén.
Margo y Edith: Amén.
Inés: Quiero uno, me encantan.
Quiero uno, me encantan.
Los uni, unicornios, me encantan.
Los quiero mimar, unicornios.
Si fueran de verdad.
¡Que lo son!
Me compraré uno algún día.
Y me quiere, y lo quiero.
La, la, la, la, la.
Gru: Oh, buena suerte, niñitas.
Edith: Oh. Guay.
Margo: Ah, hola. Somos huérfanas del Hogar para Chicas de la Señorita Jódar...
Vector: Me da igual. Largaos.
Margo: Venga, estamos vendiendo galletas para, ya sabe, ¡poder tener un futuro mejor!
Vector: Oh, esperad, esperad... Em, ¿tenéis galletitas de coco?
Margo: Ah, sí.
Gru: Bombilla.
¿Doctor Nefario?
Dr. Nefario: ¿Eh?
Gru: Voy a necesitar una doce de robots diminutos teledirigidos que parezcan galletas.
Dr. Nefario: ¿Qué?
Gru: ¡Robots de galletas!
Dr. Nefario: ¿Quién es ése?
Gru: Galletas, oh, olvídalo.
Srta. Jódar: Bueno, parece que le ha dado el visto bueno a nuestra revisión de fondo, Doctor Gru.
Oh, y veo que ha hecho una lista de algunos de sus logros personales. Gracias por eso; me encanta leer.
Y veo que le han dado la medalla de honor... y un título de sir.
Tuvo su propio... programa de cocina y puede contener la respiración durante treinta segundos. Eso no es tan admirable.
¿Qué diablos...? ¿Qué?
Gru: Pues, éstas son las circunstancietion. Las cosas han sido muy solitarias desde que mi mujer... Delia falleció.
Es como si mi corazón fuera un diente, y tuviera una caries que sólo pudiera ser empastada por niños. Lo siento.
Usted es una mujer hermosa. ¿Habla inglés?
Srta. Jódar: ¿Parezco que hablo inglés?
Gru: Usted tiene una cara like a donkey.
Srta. Jódar: Oh, pues, gracias.
Gru: De todas maneras, ¿podemos proceder con esta adopción? Muy, muy emocionado.
Srta. Jódar: Por favor, dígales a Margo, Edith e Inés que vengan al vestíbulo.
Edith e Inés: ¡¡Ah!!
Margo: ¡Apuesto a que la mamá es preciosa!
Edith: Apuesto a que a papá le brillan los ojos.
Inés: ¡Apuesto a que su casa está hecha de ositos de chicle!
Solo digo que sería bueno.
Oh. Mi oruga nunca se convirtió en una mariposa.
Edith: Eso es un Cheeto.
Inés: Ah.
Srta. Jódar: Oh, pues Delia era una mujer con mucha suerte.
Gru: ¿Quién es Delia?
Srta. Jódar: ¡Su mujer! Oh, hola, chicas.
Chicas, quiero que conozcáis al señor Gru. Va a adoptaros. ¡Y es dentista!
Margo: Eh, hola. Soy Margo. Ésta es Edith.
Ésa es Inés.
Inés: Tengo tu pierna, tengo tu pierna.
Gru: Vale, ya es suficiente, niñita. Suelta mi pierna. Venga. Tú puedes hacerlo. Simplemente suéltala. ¡Vaya!
Inés: ¡Más alto! ¡Más alto!
Gru: ¿Tú cómo las eliminas? ¿Hay un comando? ¿Algún espray no-adherible? ¿Palanca? Vale, chicas: ¡vámonos!
Vector: Bastante admirable. ¿Qué estás mirando? ¡Bu ya!
¡Te encogiste, minúsculo enjuague bucal!
Toma ésa.
¡Ya estás bien encogido!
¿Quién? Oh, tengo el rayo para encoger, de acuerdo. No, no estoy jugando con él. ¿Gru? No me haga reír. No.
Postdata: él no va a conseguir la luna y post-postdata, para cuando haya acabado con él, ¡va a estar suplicando clemencia!
Vale, adiós.
Oh, mírate; un diminuto vatercito para un diminuto bebito que...
¡Ah! ¡Maldito seas, vatercito!
Gru: Vale. Aquí estamos: hogar, dulce hogar.
Margo: ¿Así que ésta es, o sea, tu casa? Espera un segundo. Tú eres el tipo que fingió ser un mensaje grabado.
Gru: No, ése era otro.
Inés: ¿Me puedes dar la mano?
Gru: Eh, no.
Edith: Cuando nos adoptó un calvo, pensaba que esto sería más como en "Annie".
Gru: ¡No, oye...!
Claudio. Éstas no son amenazas. Éstas son invitadas.
Chicas, éste es Claudio, mi... perro.
Inés: ¡Uh, perro suave y esponjoso!
Oh.
Margo: ¿Qué tipo de perro es ése?
Gru: Es, eh... no lo sé.
Margo: ¿De verdad crees que éste es un lugar apropiado para niñas pequeñas? Porque, eh, no lo es.
Gru: ¡No, no! ¡No os acerquéis a ahí! ¡Es frágil!
Bueno, supongo que el plan funcionará con dos.
Edith: ¡Oye! ¡Aquí dentro está oscuro!
Le ha hecho un agujero a mi caja de zumo.
Gru: Como podéis ver, he proporcionado todo lo que un niño pudiese necesitar.
Ahora tengo... ¡oye!
Edith: Alguien ha roto eso.
Gru: Vale, vale, claramente necesitamos establecer algunas reglas. Regla número uno: no tocaréis nada.
Margo: ¿Y el suelo?
Gru: Sí, podréis tocar el suelo.
Margo: ¿Y el aire?
Gru: Sí, podréis tocar el aire.
Edith: ¿Y esto?
Gru: ¡Ah! ¿Dónde has cogido eso?
Edith: Lo he encontrao'.
Gru: Vale, regla número dos: no me molestaréis mientras estoy trabajando. Regla número tres: no lloraréis ni lloriquearéis ni reiréis ni carcajearéis ni estornudaréis ni eructaréis ni os tiraréis pedos. Así que ningún, ningún, ningún sonido molesto. ¿De acuerdo?
Inés: ¿Esto cuenta como molesto?
Gru: Mucho.
Yo os veré en seis horas.
Margo: Vale, no os preocupéis, todo va a salir muy bien. Vamos a ser muy felices aquí. ¿Verdad, Inés?
Inés: ¿Mmm?
Gru: Eh, pregunta. ¿Qué es esto?
Dr. Nefario: Una docena de robots con chaqueta. ¡Bailen! ¡Ja, ja! ¡Mira esto! Obsérvame.
Gru: ¡Robots de galletas! ¡Dije robots de galletas! ¿Por qué... eres tan viejo?
Dr. Nefario: Bien, estoy en ello.
Inés: ¡Tele!
Margo: ¿Qué es eso?
Edith: ¡Vaya, eso es guay!
Inés: No creo que sea dentista.
Dr. Nefario: Llevamos trabajando en esto un rato. Es un suero anti-gravedad.
Tenía la intención de cerrar eso. Estará bien, estoy seguro.
Gru: ¿Se pasan los efectos?
Dr. Nefario: Eh... hasta ahora... no. No, no se pasan.
Y aquí, por supuesto, está la nueva arma que pediste.
Gru: No, no, no. Yo dije 'pistola del miedo'. No... vale.
Dr. Nefario: Oh, sí. Porque me estaba preguntando bajo qué circunstancias usaríamos esto, pero de todos modos...
Lo que de verdad quería mostrarte es esto.
Gru: ¡Vale, ésos son robots de galletas!
Inés: La, la, la, la. Los quiero mimar, unicornios. Si fueran de verdad, ¡que lo son!
Gru: ¿Qué estáis haciendo aquí? ¡Os dije que os quedarais en la cocina!
Margo: Nos aburríamos. ¿Qué es este lugar?
Gru: Eh...
Edith: ¿Puedo beberme esto?
Dr. Nefario: ¿Quieres explotar?
¡Ah! ¡Gru!
Gru: ¡Volved a la cocina!
Inés: ¿Jugarás con nosotros?
Gru: No.
Inés: ¿Por qué?
Gru: Porque estoy ocupado.
Margo: ¿Haciendo qué?
Gru: Em... vale, vale, me habéis pillado. Lo del dentista es más un hobby. En la vida real, yo soy un espía, y es top secret y vosotras no podréis decírselo a nadie porque si lo hacéis...
Edith: ¿Qué hace esto?
Ups.
Inés: ¡Mi unicornio! ¡Tienes que arreglarlo!
Gru: ¿Arreglarlo? Mira, ¡ha sido desintegrado! Por definición, no puede ser arreglado.
Me está asustando. ¿Qué está haciendo?
Margo: Va a aguantar la respiración hasta que consigue uno nuevo.
Gru: Solo es un juguete. ¡Ahora para!
¡Vale! ¡Vale! ¡Te lo arreglo!
¡Tim, Marcos, Felipe!
¡Esto es muy importante! ¡Tenéis que conseguirle a la niñita un nuevo unicornio de juguete!
¡Oye, oye, oye! ¡Un juguete! ¡Vamos! Y daos prisa.
Margo: ¿Qué son ésos?
Gru: Ellos son mis... primos. ¡Jaime, Sergio!
Vigiladlas y que no se me acerquen a mí, por favor.
Edith: Ha sido idea de tu primo.
Subalterno: ¡¿Ca?!
Gru: ¡Vale, hora de acostarse!
Margo, Edith e Inés: Oh.
Jaime y Sergio: Oh.
Gru: ¡Para vosotros no!
Jaime y Sergio: ¡Bien!
Gru: Okey, vale, buenas nochecitas. Todas arropadas. Dulces sueños.
Margo: Solo para que lo sepas, tú nunca vas a ser mi padre.
Gru: Creo que puedo vivir con eso.
Edith: ¿Estas camas están hechas de bombas?
Gru: Sí, pero son muy viejas y es muy poco probable que estallen. Pero intenta no dar vueltas.
Edith: Guay.
Inés: ¿Nos lees un cuento para acostarnos?
Gru: No.
Inés: Pero no nos podemos ir a dormir sin un cuento para acostarnos.
Gru: Pues entonces va a ser una noche larga para vosotras, ¿no?
Así que buenas noches, que soñéis con los angelitos, no dejéis que os muerdan los bichitos. Porque hay literalmente miles de ellos.
Ah, y probablemente hay algo en vuestro armario.
Margo: Solo está bromeando, Inés.
Inés: Es precioso.
Gru: ¡Chicas! ¡Vamos! ¡Hora de repartir las galletas!
Margo: Vale, pero primero vamos a ir a clase de danza.
Gru: En realidad, vamos a tener que faltar a la clase de danza hoy.
Margo: En realidad, no podemos faltar a la clase de danza hoy. Tenemos un gran recital próximamente. Estamos haciendo un pasaje de "El Lago de los Cisnes".
Inés: Sí, "El Lago de los Cines".
Gru: Eso es fantástico, maravilloso. Pero iremos a repartir galletas. Venga.
Margo: No.
Gru: ¿No?
Margo: No vamos a repartir galletas hasta que terminemos la clase de danza.
Gru: Pues, yo no os voy a llevar en coche a clase de danza, así que si queréis ir vais a tener que ir andando vosotras.
¿Qué estáis haciendo?
Margo: Yendo a clase de danza.
Gru: Sí... vale, muy bien. Vosotras simplemente seguid andando porque yo sí que no os llevo en coche.
Margo: ¡Vale!
Gru: ¡Vais a sufrir la ira de Gru! ¡En serio, voy a contar hasta tres, y será mejor que estéis en este coche!
¡Allá voy! ¡Uno... dos...!
Profesora de danza: Tres... y cuatro... y cinco y levantaos... y estiraos.
Inés: Toma.
Gru: ¿Qué es esto?
Inés: Tu entrada para el recital de danza. Vienes, ¿verdad?
Gru: Por supuesto, por supuesto. Tengo un hormigueo que no me lo retengo.
Inés: ¿Promesa de meñique?
Gru: Oh, sí, mi meñique lo promete.
Inés: ¡Ah!
Gru: De acuerdo, nuestro primer cliente es un hombre llamada Vector.
Margo: Pero es una uve. Ya sabes, deberíamos empezar con las as, luego vamos a las bes, luego vamos a las...
Gru: Sí, sí, fui al jardín de infancia, ¡ya sé cómo funciona el alfabeto! Yo, yo solo pensaba que podría ser bueno repartirle primero al Sr. Vector, eso es todo.
Casi ha acabado... casi ha acabado.
Vector: Ah, chicas, me alegro de que hayáis vuelto a la Fortaleza de las Vectorturas. ¿Tenéis mis galletas para mí?
Margo: Dos cajas de chicles de menta, dos bolsas de golosinas, dos terroncitos de caramelo y quince cajas de galletitas de coco.
Vector: Exacto. Me gustaría ver a alguien más pedir tantas galletas.
¡Ni hablar! Nombrad a una persona que haya pedido más galletas que yo.
Margo: Eso serán cuarenta y dos euros.
Vector: Bien.
... siete, ocho, nueve, oh, tic-tacs.
... ocho, nueve...
Inés: ¿Por qué llevas puesto el pijama?
Vector: Esto no es un pijama. Esto es un traje de calentamiento.
Edith: ¿Para qué te calientas?
Vector: Cosas.
Inés: ¿Qué tipo de cosas?
Vector: Cosas superguays que no entenderíais.
Inés: ¿Como dormir?
Vector: ¡No es un pijama!
Ah. Tomad. Cuarenta y dos dineros.
¡Adiós!
Pero, ¿qué...? Cálmate, pez.
Abajo, chico.
Gru: ¡Lo hicimos! Venga, chicas, vámonos.
Margo: Pero, ¿y la otra gente que ha pedido galletas?
Gru: La vida está llena de desilusiones. Para algunos.
Inés: ¡Ah!
Gru: No hagas eso.
Inés: ¡La Tierra de la Diversión Supertonta! ¿Podemos ir? ¿Por favor?
Gru: No.
Edith: ¡Pero nunca hemos ido! ¡Y es el lugar más divertido de la Tierra!
Gru: Me da igual.
Margo: ¿Por favor? ¡¡Nunca jamás volveremos a pedir nada más!! ¡¿Por favor!?
Gru: Bombilla.
Edith: Venga.
Gru: Adiós, que os divirtáis.
Trabajador del parque: Eh, perdón, tío... no pueden montarse sin un adulto.
Gru: ¿Qué? Ah.
Inés: ¡Por Dios, mirad ese suave unicornio!
¡¡¡Es tan suave que me voy a morir!!!
Margo: Tienes que dejarnos jugar por él.
Gru: No, no, no.
Inés: ¡Venga!
Gru: ¿Cuánto por el unicornio suave?
Vendedor: Bueno... no está a la venta. Pero todo lo que tienes que hacer para ganarlo es derribar esa pequeña nave espacial de ahí.
¡Es fácil!
Inés: ¡Bien!
¡Otra vez!
Margo: ¡Espera!
Edith: Oh, vamos. Una vez más.
Inés: ¡Solo una más! ¡Que he cerrado los ojos accidentalmente!
¡Le he dado, le he dado! ¿Habéis visto eso? ¡Le he dado!
Edith: Oh.
Gru: Vale, vale, vale... ¿Qué ha sido eso? ¡Le ha dado! ¡Eso lo he visto yo con mis propios ojos!
Vendedor: Oye, amigo. Déjame explicarte algo.
¿Ves esa pequeña nave espacial de hojalata? ¿Ves cómo no está derribada? ¿Sabes lo que quiere decir eso, profesor?
¡Quiere decir que no te pillas el unicornio! Alguien tiene malas caras. ¡Mejor suerte la próxima vez!
Gru: Vale, me toca.
Derribado.
Inés: ¡Es muy suave!
Margo: ¡Eso ha sido impresionante!
Edith: ¡Has volado todo entero!
Inés: ¡Vamos a destruir otro juego!
Dr. Nefario: Gru, ¿te importa si tenemos unas palabras rápidas?
Gru: Vale, chicas, id a jugar.
Tengo el Rayo para Encoger. ¿Algodón de azúcar?
Dr. Nefario: Tenemos doce días hasta que la luna esté en posición óptima. No nos podemos permitir distracciones.
Gru: Ponme con Perera.
Perdón por molestarle, Sr. Perera, pero me figuraba que usted querría ver esto.
Sr. Perera: ¿Qué?
Bien hecho, Gru. Bastante admirable.
Gru: Ahora el resto del plan es sencillo. Vuelo hacia la luna. Encojo la luna. Me apropio de la luna. Me siento en el váter. ¿Qué?
Perdón, perdón, ¿me disculparía solo un segundo?
Os dije que no tocarais mis cosas. Os lo dije, os lo dije, ¡os lo dije mil veces!
Margo: ¿Podemos pedir pizza?
Gru: ¿Pizza? ¡Acabáis de comer!
Edith: Ahora no... para cenar.
Gru: ¡¿Cenar?! ¡Está bien, muy bien, muy bien, lo que sea! ¡Vosotras volved ahí dentro!
Margo: ¿Podemos coger corteza rellena?
Edith, Inés y los subordinados: ¡Oh, corteza rellena!
Gru: ¡Rellenaré la corteza con todas vosotras!
Inés: Eres divertido.
Gru: ¡Vosotras no volváis a salir de esa habitación!
De acuerdo, perdón por eso. ¿Por dónde estábamos?
Sr. Perera: Estabas sentado en el váter.
Gru: ¡No, no, no! No, lo siento. Eso ha sido un pequeño intento de humor. Sé cuánto le gusta reírse... por dentro. A ver, estaba diciendo...
Sr. Perera: No pareces concentradísimo, Gru.
Gru: Créame, estoy completamente concentrado. Yo...
Edith: ¿Hola? ¡Vaya! ¡Ese tipo es enorme!
Inés: ¿Estamos en la tele?
Sr. Perera: ¿Qué es eso? ¡¿Niños?!
Gru: ¿Qué estáis haciendo? ¡Os dije que os quedarais fuera de aquí!
Sr. Perera: ¡Gru! Para...
Gru: No, no...
Edith: Rayo para Congelar.
Sr. Perera: Sr. Gru...
Gru: ¡¡Ah!! ¡Oh!
Como iba diciendo...
Sr. Perera: No hay necesidad de continuar. He visto más que suficiente.
Gru: Pero mi plan era...
Sr. Perera: Es un plan genial. Me encanta todo lo de tu plan. Excepto por una cosa: tú.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He dibujado un dibujo de mí aterrizando en la luna!
Madre de Gru: Eh.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He hecho un prototipo del cohete de macarrones!
Madre de Gru: Eh.
Pequeño Gru: ¡Mira, mamá! ¡He hecho un cohete de verdad basado en el prototipo de macarrones!
Madre de Gru: Eh.
Gru: No... lo entiendo.
Sr. Perera: Enfrentémonos a la realidad, Gru. Has estado en esto muchísimo tiempo, con poquísimo éxito. Vamos a poner nuestra fe, nuestro dinero en un... villano más joven.
Gru: Pero, yo...
Sr. Perera: Se acabó. Adiós, Gru.
Gru: A ver, sé que ha habido algunos rumores circulando de que el banco ya no nos va a financiar. Pues, yo estoy aquí para acallar esos rumores. Son ciertos.
En términos de dinero... no tenemos dinero. Así que, ¿cómo llegaremos a la luna? La respuesta está clara. No lo haremos.
Estamos sentenciados. Ahora sería probablemente un buen momento para buscar otras opciones de trabajo. Lo sé, yo he prendido la mecha a mi currículum, como sugiero que todos vosotros lo hagáis también.
¿Qué es? ¿No veis que estoy en medio de un discurso motivacional?
Sí. ¡Sí! ¡Nosotros construiremos nuestro propio cohete! ¡Usando esto y cualquier cosa más que podamos encontrar! ¡Aprovechad todo! ¡Llegad a las chatarrerías! ¡Desmontad los coches! ¡¿Quién necesita al banco?!
Gru: ¿Eh? Mamá, ¿qué haces aquí?
Madre de Gru: ... Y ahí está él en la bañera. ¡Oh! Mirad su culillo.
Gru: ¿Mamá? No es guay.
Madre de Gru: Y aquí está él bien vestido con su mejor ropa de domingo.
Margo: Parece una chica.
Madre de Gru: Ja, ja. Sí, lo parece. Una chica fea.
Inés: Eres divertido.
Edith: ¡Sí! ¡La mía tiene forma de muerto!
Recepcionista: ¿Sr. Perera? Su hijo está aquí.
Sr. Perera: Hágalo pasar.
Vector: Ey, papá. ¿Querías verme?
Sr. Perera: Sí, quería, Víctor.
Vector: Yo ya no soy Víctor. Víctor era mi nombre de idiota. Ahora yo soy Vector.
Sr. Perera: Siéntate.
¿Sabes dónde está el Rayo para Encoger?
Vector: Ja, de vuelta en mi casa.
Sr. Perera: Oh, ¿está eso ya de vuelta en tu casa? Oh, qué guay. ¡Supongo que Gru es que debe tener uno que se parece exactamente a él!
Vector: ¡Oye! ¡Esas chicas me vendieron galletas!
Sr. Perera: ¿Tienes idea de lo lucrativo que podría ser este atraco a la luna? ¡Yo te doy una oportunidad única y tú simplemente la echas a perder!
Vector: No, no lo he hecho.
Sr. Perera: Oh, ¿de verdad?
Vector: Tú solo espera hasta que Gru vea mi última arma: el Lanzador de Calamares. ¡Oh, sí!
Cliente del banco: ¡Hay un calamar en mi cara!
Vector: No te preocupes. La luna es prácticamente nuestra.
Gru: ¡Venga, es hora de acostarse! ¿Os habéis lavado los dientes? Que huela, que huela. No lo habéis hecho. ¡Poneos los pijamitas! ¡Permaneced quietas! ¡Vale, en serio, en serio! Esto es, ésta es la horita de irse a la camita. Ahora mismo. Yo no estoy bromeando. ¡Va en serio!
Edith: Pero no estamos cansadas.
Gru: ¡Pues yo sí estoy cansado!
Inés: ¿Nos lees un cuento para irse a dormir?
Gru: No.
Inés: ¿Por favorcito?
Gru: El diminutivo del "por favor" no cambia nada. Sigue siendo que no. Así que, id a dormir.
Edith: Pero si no podemos. Estamos todas hiperactivas.
Margo: Y sin un cuento para irse a dormir, simplemente seguiremos levantándonos y fastidiándote. Toda la noche.
Gru: Ah, muy bien.
De acuerdo, de acuerdo. "Gatitos soñolientos". ¿Gatitos soñolientos?
¿Qué es esto?
Inés: Marionetas. Las usas cuando cuentas el cuento.
Gru: Vale, quitémonos esto de encima.
"Tres gatos querían jugar.
Juegan y juegan sin parar.
Y su madre vino a decir:
'Gatitos, hora de dormir'".
Vaya, esto es basura. ¿De verdad os gusta esto?
Inés: ¡Sigue leyendo!
Edith: ¡Venga!
Gru: Vale, de acuerdo, de acuerdo, de acuerdo...
"Tres gatos chillaban sin parar.
'No queremos descansar'.
Entonces ronroneó mamá:
'Bien, pero el pelo os debéis lavar'".
Edith: Ahora lavas el pelo.
Gru: ¿Esto es literatura? Uno de dos años podría haber escrito esto. De acuerdo.
"Tres gatitos bien limpitos ya
no se querían acostar.
Furiosa les respondió su mamá:
'Bien, mas la leche debéis beber'".
Inés: Ahora hazles beber la leche.
Gru: No me gusta este libro. Esto va a seguir eternamente.
"Tres gatitos después de acabar
empezaron a bostezar.
'No podemos dormir, jo'.
Y una nana su mamá cantó.
'Buenas noches, dormid bien,
hasta que os levantéis.
Sabed que mientras durmáis,
la mami... siempre os adorará".
¡Fin! ¡Vale, buenas noches!
Inés: ¡Espera!
Gru: ¿Qué?
Inés: ¿Qué pasa con los besos de buenas noches?
Gru: ¡No! ¡No! ¡No! Ni besar ni abrazar ni besar.
Margo: No nos va a dar un beso. Buenas noches, Inés.
Inés: Me gusta. Es bueno.
Edith: Pero da miedo.
Inés: Como Papá Noel.
Dr. Nefario: Sólo cuarenta y ocho horas para el lanzamiento. Y ya está todo listo.
Gru: Em... sobre eso. Estaba pensando que quizá podríamos mover la fecha del atraco.
Dr. Nefario: Por favor, dime que esto no e' resultado del recital de danza de las chicas, ¿verdad?
Gru: No... ¿el recital? No... Qué estúpido. Es que creo que es algo raro hacerlo en sábado. Estaba pensando que a lo mejor un atraco es cosa de un martes... ¿verdad?
Dr. Nefario: ¡Gru! Tú y yo llevamos trabajando en esto por años. ¡Es todo con lo que hemos soñado! ¡Tu oportunidad para hacer historia: "el hombre que robó la luna"! Pero estas chicas se están volviendo una distracción más grave. Necesitan irse. Si no haces nada al respecto, yo lo haré.
Gru: Entiendo.
Dr. Nefario: Bien.
Gru: ... De acuerdo, ahora cuando juntemos nuestras tazas haremos el sonido del "clink" con las bocas. ¿Listos? ¿Edith?
Gru y Edith: "Clink".
Gru: Toma ya. ¡Y ahora bebemos!
E, ¿Inés?
Gru e Inés: ¡"Clink"!
Gru: Muy bien.
Disculpadme, chicas.
Inés, Margo y Edith: Oh, venga.
Gru: No os preocupéis, volveré. Seguid tintineando.
Oh, señorita Jódar. ¿Qué está haciendo aquí?
Srta. Jódar: Estoy aquí por las chicas. Recibí una llamada de que quería devolverlas.
Y, yo también adquirí un diccionario de inglés.
No me gustó lo que dijo.
Gru: Pero.. yo...
Oh. Prepararé a las chicas.
Inés: ¡No dejes que nos lleve, señor Gru! ¡Dile que quieres quedarte con nosotras!
Srta. Jódar: De acuerdo, chicas.Venga, vámonos.
Margo: Adiós, señor Gru. Gracias por todo.
Dr. Nefario: Lo hice por tu propio bien. Venga, vayamos a por esa luna.
Gru: Bueno.
Gru: ¿Para qué es esto?
¿El recital? ¡Yo... yo soy la mente criminal más grande del siglo! ¡No voy a recitales de danza de niñas pequeñas!
Dr. Nefario: Abriendo puertas de plataforma de lanzamiento.
Iniciando secuencia de lanzamiento, y estaremos bien para empezar la cuenta atrás con diez segundos. Diez... nueve... ocho... siete...
Seis...
Vector: ¡Oh, sí!
Gru: Buen trabajo, doctor. Todo listo.
Vector: ¡Toma!
¡Ah!
¡Mi traje de vuelo!
Oh, sí. Una vez más el poderoso Vector...
¡Ah!
Gru: ¡Ah!
Surfista: ¡Oh!
Gru: ¡Ja! ¡La tengo! ¡Tengo la luna! ¡Tengo la luna!
Puedo hacerlo.
Dr. Nefario: Espera un minuto. Cómo...
Subalterno: ¡Kevin!
Gru: ¡Vamos! ¡Vamos!
Inés: Todavía no está aquí.
Margo: ¿Por qué iba a venir? Nos ha abandonado.
Inés: ¡Pero hizo promesa de meñique!
Profesora de danza: ¡Chicas, chicas... puestos!
Edith: ¡No, no podemos empezar todavía! ¡Aún estamos esperando a alguien!
Inés: ¿Podemos esperar solo unos cuantos minutos más?
Profesora de danza: De acuerdo. Pero solo unos pocos minutos más.
Margo: No va a venir, chicas.
Dr. Nefario: Gru, Gru, ¿puedes oírme?
Gru: ¡¡Ah!!
Dr. Nefario: ¡De prisa! ¡Tenemos que avisarle y rápido!
Gru: ¡¡¡Ah!!!
Vale, vale, ahí está la biblioteca... ésa es la Calle Tercera, ése es el estudio de danza, allí, allí, ¡allí es!
Conserje: Lo siento, macho. El espectáculo ha acabado.
Gru: ¿Acabado?
¡Vector! ¡Abre!
Vector: Primero dame la luna. Luego hablaremos.
Inés: ¡Señor Gru!
Vector: Cremallera, Happy Meal.
Gru: Ahora... las chicas.
Vector: En realidad, creo que me las guardaré un ratito más.
Gru: ¡No!
Vector: ¡Oh, sí! ¡Impredecible!
Gru: ¡No!
Escucha bien, pequeño gamberro. No tienes ni idea de con quién estás tratando. Cuando entre ahí, ¡ten por seguro que vas a sufrir un mundo!
Vector: Oh, estoy asustadísimo.
Inés: Él va a darte una patada en el culo.
Vector: ¿Qué? ¡Le ha dado un puñetazo a mi tiburón!
Dr. Nefario: ¡Allí está!
¡Aguanta, Gru!
¡Oh, no!
Gru: ¡Ah!
¡Vector tiene a las chicas! ¡Vamos!
¿Qué le ha pasado a la nave? ¡Es grande otra vez!
Dr. Nefario: No tan grande como lo va a ser la luna.
Gru: ¡¿Qué?!
Dr. Nefario: ¡Cuanto más grande la masa de un objeto, más rápido se pasan los efectos del rayo para encoger! Yo lo llamo el principio de Nefario. Se me acaba de ocurrir ahora, en realidad.
Gru: ¡Oh, no!
Margo: ¿Habéis visto eso?
Margo, Edith e Inés: ¡Vector! ¡Ayuda! ¡Por aquí! ¡Ayuda!
Vector: Oye, ¿qué estáis haciendo vosotras ahí atrás?
Ay.
Gru: ¡Acércate tanto como puedas!
¡Ya lo tienes!
Margo, Edith e Inés: ¡¡Ah!!
Margo: ¡Señor Gru, aquí arriba!
Inés y Edith: ¡Señor Gru!
Gru: ¡Vale, chicas, chicas! ¡Vais a tener que saltar!
Edith: ¿Saltar? ¡¿Estás loco?!
Gru: ¡No os preocupéis! ¡Yo os cogeré!
Margo: Nos devolviste.
Gru: Lo sé, lo sé y es el peor error que he cometido en mi vida. Pero tenéis que saltar ya.
Margo: No pasará nada.
Gru: Vale, chicas.
Margo: ¡Saltad ya!
Gru: Margo, yo te cogeré y nunca más te soltaré.
Vector: No tan rápido.
Gru: ¡Margo!
Margo: Suéltame.
Gru: ¡No!
Margo: ¡Ah!
Gru: Ya voy, Margo. ¡Aguanta!
¡Te tengo!
Vector: ¡¡Ah!! ¡¡No!!
Oh, caca.
Presentador del telediario: Esta vez el bien triunfa y la luna ha sido devuelta a su lugar legítimo en el cielo. ¡Pero una vez más las autoridades están desconcertadas! Dejando preguntarse a todo el mundo: ¿quién es este misterioso héroe? ¿Y qué hará después?
Gru: Vale, chicas, hora de dormir.
Edith: ¡Oh, venga! Queremos un cuento.
Inés: ¡"Los Tres Gatitos"!
Gru: Oh, no, lo siento, ese libro fue accidentalmente destruido con malévolo. Esta noche, vamos a leer un libro nuevo.
Éste se llama "Un Gran Unicornio". De... ¿quién escribió esto? ... ¡ah, yo! ¡Yo lo escribí! Ah, mirad... ¡es un libro de marionetas!
Ése es el cuerno.
Inés: ¡Éste va a ser el mejor libro de la historia!
Gru: No es por felicitarme, pero sí, probablemente lo será. Allá vamos.
Un unicornio muy feliz
pensaba solamente en sí.
Tres gatitas llegaron a él.
Pusieron su vida al revés.
Edith: Oye... ésa se parece a mí.
Gru: ¿De qué estás hablando? ¡Éstas son gatitas! Cualquier relación a personas vivientes o muertas es completamente casual.
Le hicieron reír y llorar.
No debió dejarlas marchar.
Nunca se podrá separar
de esas gatitas que cambiaron su hogar.
Fin.
Vale, de acuerdo. Buenas noches.
Margo: Te quiero.
Gru: Yo te quiero también.
¡No! ¡No!
Oh, está bien.
¿A ti no te lo he dao' ya?
Gru: Son muy buenas.
Madre de Gru: Oh, estoy muy orgullosa de ti, hijo. Has resultado ser un buen padre... igual que yo. Quizá incluso mejor.
Gru: ¡No, estoy bien! ¡Seguid!
No, no, no.
¡Oye! Ah.
martes, 20 de marzo de 2012
Tangled
English - Spanish
Fermín: Ésta es la historia de cómo me morí.
No os preocupéis, esto es en realidad una historia muy divertida y la verdad es que ni siquiera es mía.
Ésta es la historia de una chica llamada Rapuncel y empieza con el sol.
Bueno, érase una vez, una sola gota de la luz del sol cayó de los cielos y de esta pequeña gota de sol, creció una flor mágica y dorada. Tenía la capacidad de curar a los enfermos y a los heridos.
Oh, ¿ves a esa anciana de ahí? Podrías querer recordarla. Es algo importante.
Bueno, pasaron los siglos y no a mucho tiempo en barco de allí creció un reino. El reino estaba gobernado por unos amados Reyes.
Y la Reina, bueno, estuvo a punto de tener un bebé. Se puso mala. Malísima.
Se estaba quedando sin tiempo, y ahí es cuando la gente normalmente empieza a buscar un milagro. O en este caso, una mágica flor dorada.
Ah, ya os dije que sería importante. Veis, en lugar de compartir el regalo del sol, esta mujer, Madre Giralte, acumuló su poder curativo y lo usó para mantenerse ella joven durante años, y todo lo que tenía que hacer era cantar una canción especial.
Giralte: Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Dame lo que una vez
ya mío fue.
Fermín: De acuerdo, captáis lo esencial. Ella le canta, se vuelve joven, espeluznante, ¿verdad?
Guardias: ¡Lo hemos encontrado!
Fermín: La magia de la flor dorada curó a la Reina.
Nació una bebé sana, una princesa, con un bonito pelo dorado.
Os daré una pista: ésa es Rapuncel.
Para celebrar su nacimiento, los Reyes lanzaron un farol que volaba hacia el cielo. Y durante ese mismo momento, todo estaba perfecto.
Y entonces ese momento terminó.
Giralte: Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha a...
Fermín: Giralte entró en el castillo, robó a la niña y justo así... se fue.
El reino buscó y buscó pero no pudieron encontrar a la princesa. Dentro de lo más profundo del bosque, en una torre escondida, Giralte crió a la niña como suya.
Joven Rapuncel: No la encontrarán.
Dame lo que una vez
ya mío fue.
Fermín: Giralte había encontrado su nueva mágica flor dorada, pero esta vez estaba determinada a mantenerla escondida.
Joven Rapuncel: ¿Por qué no puedo ir fuera?
Giralte: El mundo exterior es un lugar peligroso, lleno de gente horrible y egoísta. Debes quedarte aquí, donde estás a salvo. ¿Lo entiendes, flor?
Joven Rapuncel: Sí, mami.
Fermín: Pero los muros de aquella torre no podían esconder todo.
Cada año, en su cumpleaños, los Reyes soltaban miles de faroles hacia el cielo, con la esperanza de que un día su princesa regresaría.
Rapuncel: ¡Ja!
Mm. Bueno, supongo que Pascal no está escondiéndose aquí fuera...
¡Te tengo!
Eso son veintidós para mí. ¿Qué hay de veintitrés de cuarenta y cinco?
Vale, bueno, ¿qué quieres hacer?
Sí, no lo creo. Me gusta aquí dentro y también a ti.
Oh, vamos, Pascal, no se está tan mal ahí dentro.
Empiezo a las siete de la mañana.
Hacer las tareas y luego barrer.
Limpiar y encerar y hacer la colada.
A las siete y cuarto ya he barrido otra vez.
Y entonces leeré un libro, dos o tres.
A mi galería pintura añadiré.
Música y coser, pues cocinaré también.
¿Cuándo saldré? Yo me pregunté.
Después puzzles y dardos y hacer galletas.
Papel maché, el ballet y el ajedrez.
Cerámica y fabricación de velas.
¡Calentar, dibujar, escalar, diseñar!
Y volveré a leer si he terminado ya.
Y volveré a pintar, seguro que hay lugar.
Y yo me peinaré y me peinaré aún más.
Metida en un sitio sin saber
Cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy,
¿cuándo voy a nacer?
Mañana ya, las luces vendrán.
Como cada año, lo hacen igual.
¿Cómo es el mundo donde están?
Puede que Madre me quiera dejar marchar.
Fermín: ¡Vaya! Podría acostumbrarme a una vista así.
Traspalacios: ¡Caballero! ¡Venga!
Fermín: Espera. Sí. Estoy acostumbrado. Chicos, quiero un castillo.
Traspalacios: Hacemos este trabajo. Puedes comprarte tu propio castillo.
Fermín: Oh. ¿Alergia al polen?
Guardia: Sí.
¿Eh?
¡Oye, espera! ¡Oye, espera!
Fermín: ¿No podéis imaginarme en un castillo mío propio? Porque yo desde luego que sí.
Todas las cosas que hemos visto y sólo son las ocho de la mañana. ¡Caballeros, éste es un día muy grande!
Rapuncel: Ya está. Éste es un día muy grande, Pascal. Mmmm. Por fin voy a hacerlo. Voy a preguntarle.
Giralte: ¡Rapuncel!
¡Baja el pelo!
Rapuncel: Es la hora.
Lo sé, lo sé, vamos, que no te vea.
Giralte: Rapuncel, aquí abajo no me pongo más joven.
Rapuncel: ¡Voy, madre!
Hola, bienvenida a casa, madre.
Giralte: ¡Ah, Rapuncel! ¿Cómo consigues hacer eso todos y cada uno de los días sin falta? Parece absolutamente agotador, querida.
Rapuncel: Oh, no es nada.
Giralte: ¡Entonces no sé por qué tardas tanto! Eh, jo, jo, jo, jo, querida, solo te estoy tomando el pelo.
Rapuncel: Mm, je, je, je. De acuerdo, entonces, madre, como ya sabe, mañana es un grandísimo día...
Giralte: Rapuncel, mira ese espejo. ¿Sabes lo que veo? Veo a una jovencita fuerte, segura de sí misma y preciosa.
Ah, mira, si estás aquí también. Ja, ja, ja, ja, ja, ¡te estoy tomando el pelo! Deja de tomarte las cosas tan en serio, ah.
Rapuncel: Vale, entonces, madre, como decía, mañana...
Giralte: Rapuncel, madre se está sintiendo un poco hecha polvo. ¿Cantarías para mí, querida? Eso servirá.
Rapuncel: ¡Oh! Por supuesto, madre.
Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Giralte: ¡Espera...!
Rapuncel: Poder devuélveme.
Giralte: ¡Espera...!
Rapuncel: Cura todo ya.
El azar cambié.
No encontrarán
eso que mío fue.
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: Bueno, madre, antes estaba diciendo que mañana es un grandísimo día y no has contestado de verdad, así que solo te lo voy a decir, ¡es mi cumpleaños! Ah. ¡Tará!
Giralte: No, no, no, no puede ser. Me acuerdo perfectamente: tu cumpleaños fue el año pasado.
Rapuncel: Eso es lo gracioso de los cumpleaños... ¡son como una cosa anual!
Ah.
Madre, cumplo dieciocho años, y quería preguntar, ah, lo que de verdad quiero por este cumpleaños...
En realidad lo que de verdad quiero para mi cumple... quiero para mi cumple...
Giralte: Vale, Rapuncel, por favor, para ya de farfullar. Ya sabes cómo me siento con el farfullera... bla, bla, bla, bla, es muy pesado, te estoy tomando el pelo, eres adorable, te quiero mucho, querida. Ah.
Rapuncel: Ah, quiero ver las luces flotantes.
Giralte: Ah, ah. ¿Qué?
Rapuncel: Oh. Bueno, esperaba que me llevara a ver las luces flotantes.
Giralte: Oh. Dices las estrellas.
Rapuncel: Eso es.
He seguido atentamente las estrellas y siempre son constantes... pero éstas... aparecen todos los años en mi cumpleaños, madre... solamente en mi cumpleaños. Y es que no puedo remediar sentir como si están... están pensadas para mí.
Necesito verlas, madre, y no solo desde mi ventana. En persona. Yo tengo que saber lo que son.
Giralte: ¿Quieres ir fuera? ¿Por qué, Rapuncel?
Mírate, frágil como las flores.
Un árbol que acaba de nacer.
Sabes por qué estás en la torre.
Rapuncel: Lo sé, pero...
Giralte: Eso es, para que estés a salvo.
Yo sé que este día llegaría
y que pronto querrías volar.
Quédate acá.
Rapuncel: Pero...
Giralte: Sh, confiarás.
Pues yo sé más.
Pues yo sé más.
Escucha a tu madre.
Es un mundo al que temer.
Pues yo sé más.
Siempre algo mal sale.
Te lo puedo prometer.
Un matón,
hiedras venenosas,
Te querrán comer, oh, Dios.
Rapuncel: No.
Giralte: Sí.
Rapuncel: Pero...
Giralte: Algún varón
te verá gloriosa.
Para ya, vas a enfadarme.
Madre está aquí.
Madre te protege.
Esto te quiero decir:
Sal del drama,
ven con mama.
Pues yo sé más.
Pues yo sé más.
Confía en tu mama
o no sobrevivirás.
Descalzada vas.
Qué precoz. Vaya.
Sí, de ti se saciarán.
Crédula además.
Y manoseada.
Distraída, no. Mmm... Sí.
Creo que estás
un poquito inchada.
Lo digo porque te quiero.
Madre entenderá.
Madre te ayuda.
Solo quiero demandar:
¿Rapuncel?
Rapuncel: ¿Sí?
Giralte: No vuelvas a pedir salir de esta torre nunca.
Rapuncel: Sí, madre.
Giralte: Oh, te quiero mucho, querida.
Rapuncel: Yo te quiero más.
Giralte: Yo te quiero la que más.
No olvides
lo que dije:
Pues yo sé más.
¡Rapuncel! Hasta dentro de un ratito, flor mía.
Rapuncel: Estaré aquí.
Fermín: Ah, ah... ¡Ah! Oh, no. No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, esto es malo, esto es muy, muy malo, esto es malísimo...
¡Es que no me ponen bien la nariz!
Traspalacios: ¿A quién le importa?
Fermín: Bueno, ¡para vosotros es fácil decirlo! Vosotros estáis alucinantes.
Ah, de acuerdo, vale, dadme un empuje, y os levantaré.
Traspalacios: Danos primero la cartera.
Fermín: ¿Eh? Es que... no me puedo creer que después de todo lo que hemos pasado juntos, ¿no confiáis en mí?
Ay.
Traspalacios: Ahora ayúdanos a subir, guapetón.
Fermín: Perdón, mis manos están llenas.
Traspalacios: ¿Qué? ¡Caballero!
Capitán: ¡Recuperad esa cartera a cualquier a cualquier precio!
Guardias: ¡Sí, señor!
Capitán: ¡Ya lo tenemos, Máximus!
Fermín: ¡Ja! ¡Ja, ja! ¡... Oh!
¡Ah! ¡Vamos, vía de escape, adelante!
¡No!
¡No! ¡Basta ya, basta ya! ¡Dámelo... dame eso...!
¡Ja!
¡¡Ah!!
Solo al fin.
Rapuncel: ¡Ah!
Oh.
Fermín: ¿Eh?
Rapuncel: Vale, vale, vale, tengo a una persona en mi armario.
Tengo a una persona en mi armario.
¡Tengo a una persona en mi armario! ¡Ja, ja! ¡Ah!
Demasiado débil para desenvolverme ahí fuera, ¿eh, madre? Bueno... mmmm... dile eso a mi sartén...
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ¡Oh!
Giralte: ¡Baja tu pelo!
Rapuncel: ¡Un momento, madre!
Giralte: ¡Tengo una gran sorpresa!
Rapuncel: Ah, ¡yo también la tengo!
Giralte: Oh, ¡apuesto a que la mía es más grande!
Rapuncel: Lo dudo seriamente.
Giralte: He traído chirivías. Voy a hacer sopa de avellana para cenar, ¡tu sorpresa favorita!
Rapuncel: Bueno, madre, hay algo que quiero decirte.
Giralte: Oh, Rapuncel, ya sabes que odio dejarte después de una pelea especialmente cuando no he hecho absolutamente nada mal.
Rapuncel: Vale, he estado pensando mucho en lo que has dicho antes y...
Giralte: Espero que no sigas hablando de las estrellas.
Rapuncel: "Luces Flotantes", y sí, me estoy proponiendo eso, y...
Giralte: Porque de verdad creí que renunciamos al tema, cariño.
Rapuncel: No, madre, solo digo, crees que no soy lo suficientemente fuerte como para desenvolverme ahí fuera.
Giralte: Oh, querida, sé que no eres lo suficientemente fuerte como para desenvolverte ahí fuera.
Rapuncel: Pero si tú solo...
Giralte: Rapuncel, hemos terminado de hablar de esto...
Rapuncel: Confía en mí...
Giralte: Rapuncel...
Rapuncel: Sé lo que digo...
Giralte: Rapuncel...
Rapuncel: Oh, venga...
Giralte: ¡Ya basta con las luces, Rapuncel! ¡No vas a salir de esta torre! ¡Nunca!
Ah, genial. Ahora soy la mala.
Rapuncel: Todo lo que iba a decir, madre, es que... ya sé lo que quiero para mi cumpleaños.
Giralte: ¿Y qué es?
Rapuncel: Una nueva pintura. La pintura hecha de las conchas blancas que una vez me trajiste.
Giralte: Bueno, eso es un viaje muy largo, Rapuncel. Casi el tiempo de tres días.
Rapuncel: Es que he pensado que era una idea mejor que... las estrellas.
Giralte: Ah.
¿Estás segura de que estarás segura tú sola?
Rapuncel: Sé que estoy segura mientras esté aquí.
Giralte: Estaré de vuelta en el tiempo de tres días.
Te quiero mucho, querida.
Rapuncel: Yo te quiero más.
Giralte: Yo te quiero la que más.
Rapuncel: Vale.
¿Eh?
Mm.
Fermín: ¡Ah! ¿Eh? ¿Ah? ¿Esto es pelo?
Rapuncel: Forcejear... forcejear es inútil.
Fermín: ¿Eh?
Rapuncel: Sé por qué estáis aquí y no os tengo miedo.
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¿Quién sois vos? ¿Y cómo me habéis encontrado?
Fermín: Ajá.
Rapuncel: ¿Quién sois vos y cómo me habéis encontrado?
Fermín: Mmmm. No conozco quién sois vos, ni cómo llegué a encontraros, pero solo puedo decir...
Hola. ¿Cómo andas? El nombre es Fermín Caballero. ¿Cómo te va el día? ¿Eh?
Rapuncel: ¡Ah!
¿Quién más sabe de mi ubicación, Fermín Caballero?
Fermín: De acuerdo, rubita...
Rapuncel: Rapuncel.
Fermín: Salud. Éste es el asunto.
Estaba en una situación, dando vueltas por el bosque. Me encontré con tu torre y... jo, oh, no... ¿dónde está mi cartera?
Rapuncel: La he escondido, en algún sitio donde nunca la encontraréis.
Fermín: Está en esa vasija, ¿no?
Esto, eh. ¿Eh? ¡Guau! ¿Podrías parar eso?
Rapuncel: Ahora está escondido donde nunca lo encontrarás.
Entonces, ¿qué queréis de mi pelo? ¿Cortarlo?
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¿Venderlo?
Fermín: ¡No! Escucha, lo único que quiero hacer con tu pelo es librarme de él. Y con razón.
Rapuncel: Sé. Espera. ¿No quieres mi pelo?
Fermín: ¿Por qué cosa del mundo iba a querer yo tu pelo? Mira, me estaban persiguiendo, vi una torre, la escalé, fin de la historia.
Rapuncel: ¿Estás... diciendo la verdad?
Fermín: Sí.
Rapuncel: Lo sé, necesito a alguien que me lleve.
Yo creo que dice la verdad, también.
No tiene colmillos, ¿pero qué elección tengo?
Eh. Vale, Fermín Caballero, estoy preparada para ofreceros un trato.
Fermín: ¿Trato?
Rapuncel: Mirad por aquí.
¿Sabéis lo que son?
Fermín: ¿Quieres decir lo de las linternas que hacen para la princesa?
Rapuncel: Linternas. Sabía que no eran estrellas.
Bueno, mañana por la noche iluminarán el cielo de la noche con estas linternas.
Vos haréis de mi guía, me llevaréis hasta estas linternas y me devolveréis a casa sin percances. Entonces, y sólo entonces, yo os devolveré la cartera a vos. Ése es mi trato.
Fermín: Sí. No poder hacer. Desafortunadamente, el reino y yo no estamos precisamente "good" en este momento. Así que no te podré llevar a ningún sitio.
Rapuncel: Algo os trajo aquí, Fermín Caballero. Llámalo como gustéis: suerte, destino...
Fermín: Un caballo.
Rapuncel: Así que yo he tomado la decisión de confiar en ti.
Fermín: Una decisión horrible, de verdad.
Rapuncel: Pero fíate de mí cuando te digo esto.
Fermín: ¡Ah!
Rapuncel: Puedes destrozar esta torre ladrillo a ladrillo, pero sin mi ayuda, nunca encontrarás tu valiosísima cartera.
Fermín: Mmmm. Solo déjame aclarar esto. Yo te llevo a ver las linternas, te devuelvo a casa, ¿y me devolverás mi cartera?
Rapuncel: Lo prometo.
Y cuando yo prometo algo, nunca jamás rompo esa promesa.
Jamás.
Fermín: De acuerdo, escucha, no quería hacer esto, pero no me dejas elección. Aquí viene el 'ardiente'.
Esto es como un día libre para mí. Esto no pasa normalmente.
... Muy bien, ¡te llevaré a ver las linternas!
Rapuncel: ¿De verdad?
Uy.
Fermín: Me has roto el 'ardiente'.
Fermín: ¿Vienes, rubita?
Rapuncel: Siempre al mundo miré ¡estoy cerca y puedo!
Mira su esplendor, ¿de verdad podré?
Mírame, ¡ya por fin! Tengo que hacerlo.
¿Debo? No. Allá voy.
¡La hierba oler, así, es como lo soñé!
¡También puedo sentir la gran brisa correr!
¡Soy totalmente libre por primera vez!
Ahora corro, y salto, y bailo, y juego,
y brinco, y boto, y vuela mi pelo,
salpico, doy vueltas, y por fin me siento
¡que he empezado a nacer!
No me puedo creer que haya hecho esto.
No me puedo creer que haya hecho esto.
¡No me puedo creer que haya hecho esto! Ja, ja.
Madre estaría muy furiosa.
¡No pasa nada! Quiero decir, ojos que no ven corazón que no siente, ¿verdad?
¡Dios mío, esto sí lo sentiría!
¡Esto es muy divertido!
Soy una hija horrible. Me vuelvo.
¡Nunca voy a volver! ¡Yuju!
Soy un ser humano despreciable.
¡Yuju! ¡El mejor día de mi vida!
Fermín: Mmmmm.
Ya sabes, no puedo por menos que notar que pareces un poco en guerra contigo misma aquí.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: A ver, está más claro que el agua. Madre sobreprotectora, viaje prohibido. Quiero decir, esto son cosas serias.
Pero déjame aliviarte la conciencia.
Esto es parte de crecer. Un poco de rebelión, un poco de aventura... ¡eso es bueno, sano incluso!
Rapuncel: ¿Tú crees?
Fermín: Lo sé. Estás pensando demasiado esto, confía en mí. ¿Tu madre se lo merece? No. ¿Le rompería esto el corazón y le aplastaría el alma? Por supuesto. Pero simplemente tienes que hacerlo.
Rapuncel: ¿Romperle el corazón?
Fermín: En partes iguales.
Rapuncel: ¿Aplastarle el alma?
Fermín: Como una uva.
Rapuncel: Estaría destrozada, tienes razón.
Fermín: La tengo, ¿no? Oh, maldita sea.
De acuerdo, no me puedo creer que diga esto, pero te dejo salir del trato.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Eso es. Pero no me lo agradezcas. Solo démonos la vuelta y llevémoste a casa, encontremos tu sartén... y a tu rana... yo recupero mi cartera, tú recuperas una relación madre e hija basada en la confianza mutua y ¡voilà! Separamos los caminos como amigos insólitos.
Rapuncel: ¡No! Yo voy a ver esas linternas.
Fermín: ¡Oh, venga ya! ¿Qué voy a tardar para recuperar mi cartera?
Rapuncel: Usaré esto.
¿Son rufianes? ¿Matones? ¿Han venido a por mí?
Fermín: Quédate tranquila. Probablemente pueda oler el miedo.
Rapuncel: Oh, ah, lo siento. Supongo que es que soy un poquitín... nerviosa.
Fermín: Aunque probablemente sería mejor si evitáramos a los rufianes y los matones.
Rapuncel: Ah, eh, sí, probablemente eso estaría mejor.
Fermín: ¿Tienes hambre? Conozco un sitio genial pa' comer.
Rapuncel: Oh.
¿Dónde?
Fermín: Oh, no te preocupes. Lo sabrás cuando lo huelas.
Giralte: ¡Ah!
Ah, un caballo de Palacio. ¿Y tu jinete? Rapuncel.
¡Rapuncel!
¡Rapuncel, baja tu pelo!
¿Rapuncel?
¿Rapuncel?
¡Rapuncel!
Fermín: Sé que está por aquí, en alguna parte.
Ah, ahí está, el Patito Quieto.
No te preocupes, un lugar muy pintoresco, perfecto para ti. No querrás asustarte y dejar todo este esfuerzo ahora, ¿verdad?
Rapuncel: Bueno, sí que me gustan los patitos.
Fermín: ¡Toma!
¡Garçon, tu mesa más selecta, por favor!
¿Hueles eso? Respira hondo por la nariz.
De verdad, deja que se filtre.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ¿Tú qué coges? Porque para mí...
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ... eso es parte de olor a hombre, y la otra parte es un olor malísimo. No sé por qué, pero en general es que huele como el color marrón. ¿Tú qué piensas?
Matón: Eso es mucho pelo.
Fermín: Se lo está dejando crecer. ¿Es eso sangre en tu bigote? Orio, mira esto. Mira todo la sangre de su bigote.
Eso, señor, eso es mucha sangre.
Oye, no pareces muy bien, rubita. Quizá deberíamos llevarte a casa. Llámalo un día en el que probablemente es mejor irse. Esto es un antro de cinco estrellas, después de todo, y si no puedes tratar con este lugar, pues, a lo mejor deberías volver a tu torre.
Vlad: ¿Éste eres tú?
Fermín: Ah. Ahora es que están siendo mezquinos.
Arpón: Jo, jo, es él, de acuerdo. ¡Greno, ve a buscar a unos guardias! Esa recompensa me va a comprar un garfio nuevo.
Atila: Yo podría usar el dinero.
Vlad: ¿Y yo qué? Estoy pelado.
Rapuncel: ¡Por favor, parad!
Fermín: Podemos resolver esto.
Rapuncel: ¡Por favor, dejadle en paz!
Fermín: ¡Caballeros, por favor!
Rapuncel: ¡Devolvedme a mi guía!
¡Rufianes!
Fermín: ¡La nariz no, la nariz no, la nariz no!
Rapuncel: ¡Bajadlo!
¡Ya! ¡Vale, no sé dónde estoy, y necesito que él me lleve a ver las linternas porque llevo soñando con ellas mi vida entera!
¡Encontrad vuestra humanidad! ¿Ninguno de vosotros ha sabido nunca lo que soñó?
Arpón: Yo tuve un sueño... una vez.
Soy mezquino y malicioso,
Temes con verme el rostro,
por la crueldad, mis manos no están limpias.
Pero a pesar de mi humor,
y mi aspecto y mi arpón.
Siempre he anhelado ser pianista.
¿No me ves en escena tocando a Mozart
hasta hacer el piano brillar?
Sí, yo quiero que me temáis
y al espectáculo os unáis.
¡Gracias!
Porque en mi interior es lo que soñé.
Matones: ¡Lo que soñó! ¡Lo que soñó!
Arpón: ¿Ves? No soy tan cruel ni malo ni feroz.
Aun me gusta romper huesos, sabes que yo tengo un sueño.
¡Te acabo de contar lo que soñé!
Grande: Tengo chichones y llagas
y algo aquí que sangra
y ni siquiera nombremos mi cara.
Aunque tengo el pie así,
gran garganta y mi nariz,
quiero de mí a una chica enamorada.
¿No me ves con una bella señorita
remando y ella queriéndome?
Aunque soy muy repugnante, no me gusta pelearme.
¡Porque en mi interior es lo que soñé!
¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Grande: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
¡Y el amor reinará, eso lo sé!
Aunque hago gritar al pueblo.
Hay un niño con un sueño.
¡Te acabo de contar lo que soñé!
Tor querría irse y ser florista.
Diseñador Gúnter va a ser.
Mimo quiere ser, Atila cocinero es.
Teje Bal, cose Kil, marionetas hay aquí.
Arpón: Y a Vladimir le gusta la cerámica.
¿Qué hay de ti?
Fermín: Lo siento, ¿yo?
Grande: ¿Cuál es tu sueño?
Fermín: No, no, no. Perdón, chicos, no canto.
Pues es que lo que yo sueño
no tiene sentimiento.
Suelo soñar un lugar soleado,
en una isla en la cual yo pudiera descansar.
Lo que yo sueño es estar forrado.
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Rapuncel: ¡Es esas linternas ver resplandecer!
Matones: ¡Sí!
Rapuncel: Y cada hora que pasa
me alegro de irme de casa.
Queridos, ya os conté lo que soñé.
Matones: ¡Lo que soñó! ¡Lo que soñó!
¡Ellos también! ¡Tú, yó y él!
No somos tan dispares al parecer, unidos pues.
Podéis llamarnos
Arpón: Malvados
Grande: Grotescos y despiadados.
Matones: ¡Porque en mi interior es lo que soñé!
Arpón: ¡Lo que soñé!
Grande: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñé! ¡Lo que soñé! ¡Lo que soñé!
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Guo, oh, oh, oh!
Todos: ¡En mi interior es lo que soñé!
¡Sí!
Greno: He encontrado a los guardias.
Capitán: ¿Y Caballero? ¿Dónde está?
Sé que está aquí dentro en alguna parte.
¡Encontradle, poned patas arribas este sitio si tenéis que hacerlo!
Arpón: Vete, vive tu sueño.
Fermín: Lo haré.
Arpón: Tu sueño apesta, estaba hablando con ella.
Rapuncel: Gracias por todo.
Vlad: Yo creo que éste es el hombre que están buscando.
Bajito: Me tenéis.
Guardia: Señor, no hay señal de Caballero.
Capitán: Máximus.
Guardia: ¿Qué está haciendo?
Capitán: Un pasadizo. ¡Venga, hombres, vamos! ¡Constan, asegúrate de que esos chicos no se escapan!
Traspalacios: Ve a lo seguro. Iremos a por la corona.
Bajito: Lo que soñé, lo que soñé, lo... Oh, que alguien me traiga un vaso, porque acabo de encontrarme una copita de agua.
Giralte: Oh, basta ya, torpón. Ja, ja, ja, ja, ja. ¿Adónde conduce ese túnel?
Bajito: ¡Puñal!
Fermín: Bueno, tengo que decir que no sabía que tenías eso en ti allí atrás. Ha sido bastante impresionante.
Rapuncel: ¡Lo sé! Lo sé.
Bueno, Fermín, ¿de dónde eres?
Fermín: ¡Oh, oh! Perdón, rubita, no hago historia-atrás. Sin embargo, yo me estoy interesando mucho en la tuya. Bueno, ya, ya sé que no debo mencionar el pelo.
Rapuncel: No.
Fermín: O a la madre.
Rapuncel: Ah, ah.
Fermín: Francamente, me da demasiado miedo preguntar por la rana.
Rapuncel: Camaleón.
Fermín: Un matiz. Aunque ésta es mi pregunta: si quieres ver las linternas tanto, ¿por qué no has ido antes?
Rapuncel: Ah. Eh, bueno... ah, Fermín... Fermín...
Capitán: ¡Caballero!
Fermín: ¡Corre!
Rapuncel: ¿Quién es ése?
Fermín: No les gusto.
Rapuncel: ¿Quién es ése?
Fermín: Tampoco les gusto.
Rapuncel: ¡¿Quién es ese?!
Fermín: Solo supongamos por el momento que a todo el mundo de aquí no le gusto!
Rapuncel: ¡Vale!
Capitán: He esperado mucho tiempo para esto.
Fermín: ¡Oh, mama, yo tengo que conseguirme una de éstas!
¡Ja!
¡Deberías saber que ésta es la cosa más extraña que he hecho en mi vida!
¿Qué tal dos de tres?
Rapuncel: ¡Fermín!
¡Fermín, cuidado!
Fermín: Uoh, uoh...
¡Ja! Deberíais ver vuestras caras porque estáis... ridículos.
Venga, rubita.
Salta.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: Es inútil.
No puedo ver nada.
Oye, no sirve de nada. Ahí abajo está como la boca del lobo.
Rapuncel: Esto es todo mi culpa. Ella tenía razón, nunca debería haber hecho esto. Lo siento... Lo siento mucho, Fermín.
Fermín: Eugenio.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Mi verdadero nombre es Eugenio Fariao.
Alguien también podría saberlo.
Rapuncel: Mmm.
Yo tengo pelo mágico que brilla cuando canto.
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¡Yo tengo pelo mágico que brilla cuando canto! Brilla, linda flor, que brille el poder...
Fermín: ¡Uoh!
Rapuncel: Lo hicimos.
Fermín: Su pelo brilla.
Rapuncel: Estoy viva. ¡Estoy viva!
Fermín: Eso no lo vi venir.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: Su pelo brilla en realidad.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: ¿Por qué le brilla el pelo?
Rapuncel: ¡Eugenio!
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: No solo brilla.
Fermín: ¿Por qué me está sonriendo?
Traspalacios: Le mataré. ¡Mataré a ese Caballero!
Le cortaremos en el reino y recuperaremos la corona. ¡Venga!
Giralte: ¡Chicos!
Tal vez queráis parar de actuar como perros salvajes persiguiéndose las colas y pensar por un momento.
Jo, jo, por favor, no hay necesidad de eso.
Bueno, si eso es todo lo que deseáis, entonces seguid. Yo iba a ofreceros algo con valor de mil coronas, os habría hecho ricos más allá de la creencia y ésa ni siquiera era la mejor parte, jo, jo, oh, bueno, c'est la vie. Disfrutad de vuestra corona.
Traspalacios: ¿Cuál es la mejor parte?
Giralte: Viene con la venganza de Fermín Caballero.
Fermín: Bueno, estás siendo extrañamente críptica ya que envuelves tu pelo mágico alrededor de mi mano herida.
¡Ah!
Rapuncel: Perdón. Solo no... no te pongas frenético.
Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Poder devuélveme.
Cura todo ya.
El azar cambié.
No encontrarán
eso que mío fue.
Mío ya fue.
¡Por favor, no alucines!
Fermín: Ah. No estoy alucinando ¿estás tú alucinando? No solo estoy muy interesado en tu pelo y en las cualidades mágicas que posee ¿cuánto tiempo lleva haciendo eso exactamente?
Rapuncel: Ah, siempre, supongo.
Madre dice que cuando era un bebé, la gente intentaba cortarlo. Querían llevárselo para ellos solos. Pero, una vez que se corte, se vuelve marrón y pierde su poder. Un don así, debe ser protegido. Por eso madre nunca me ha dejado... Por eso nunca he salido de la... mmm.
Fermín: ... Nunca has salido de esa torre.
¿Y todavía vas a volver?
Rapuncel: ¡No! Sí. ¡Ah! Es complicado.
Ah. Bueno, ¿Eugenio Fariao, eh?
Fermín: Ah, sí. Bueno. Te ahorraré la historia de sollozos del pobre huérfano Eugenio Fariao, es un pequeño... es un palo pequeñito.
Ah.
Estaba este libro, un libro que solía leer todas las noches a todos los niños más jóvenes, "Los Cuentos de Firmo Caballero". Pícaro de capa y espada, el hombre vivo más rico, no malo con las mujeres, tampoco. No es que tuviera que jactarse de ello, claro.
Rapuncel: Mmm. ¿Él era un ladrón también?
Fermín: Ah... bueno, no. En realidad, él tenía suficiente dinero como para hacer cualquier cosa que quisiera hacer. Podría ir a cualquier sitio al que quisiese ir. Y, y, y para un niño sin nada, no sé, yo... simplemente me parecía como una mejor opción.
Rapuncel: Mmm.
Fermín: Pero no le puedes hablar a nadie de esto, ¿vale? Podría arruinar toda mi reputación.
Rapuncel: Ah. Eso no lo querríamos.
Fermín: Bueno, una reputación falsa es todo lo que tiene un hombre.
Rapuncel: Mmm, mmm, mmm...
Fermín: Ah.
Rapuncel: Mmm, mmm.
Fermín: Ajam. Bueno, debería, em... yo, yo debería... debería coger más leña.
Rapuncel: Oye.
Que conste, me gusta Eugenio Fariao mucho más que Fermín Caballero.
Fermín: Bueno, entonces serías la primera... pero gracias.
Rapuncel: Mmm.
Giralte: ¡Bueno! ¡Pensaba que nunca se iría!
Rapuncel: ¡Madre!
Giralte: Hola, querida.
Rapuncel: Pero yo, yo, yo, yo no, ah... ¿cómo me ha encontrado?
Giralte: Oh, ha sido fácil realmente. Simplemente he escuchado el sonido de la completa y total traición y eso lo seguí.
Rapuncel: Madre...
Giralte: Nos vamos a casa, Rapuncel. Ahora.
Rapuncel: Usted, no lo entiende. He estado en este viaje increíble y he visto y aprendido mucho.
Incluso he conocido a alguien.
Giralte: Sí, el ladrón buscado, estoy muy orgullosa. Venga, Rapuncel.
Rapuncel: Madre, espere. Creo...
Creo que le gusto.
Giralte: ¿Le gustas? Por favor, Rapuncel, eso es de demente.
Rapuncel: Pero madre, yo...
Giralte: Por esto es por lo que nunca deberías haber salido.
Todo este romance que inventaste
prueba que tu sitio no está aquí.
¡A él no le gustas! Venga ya, ¿en serio?
¡Mírate! ¿Se va a impresionar?
Sé avispada, ven con mama.
Pues yo...
Rapuncel: ¡No!
Giralte: ¡¿No!? Oh. Ya veo cómo es.
Pues sabes tú más.
Tú eres muy madura.
Una chica lista, sí.
Pues sabes tú más.
Si estás tan segura
¡Dale esto que tengo aquí!
Rapuncel: ¿Cómo lo ha...?
Giralte: ¡Por esto está aquí!
¡Que no te engañe!
¡Dáselo a él, ya verás!
Rapuncel: ¡Lo haré!
Giralte: Despierta ya,
así va a dejarte.
¡No diré: "Te lo advertí"!
No ¡pues sabes tú más!
Y si es tan elegante
Ponlo a prueba ya y ve.
Rapuncel: Madre, espere...
Giralte: Si él te miente, no me tientes,
¡pues yo sé más!
Fermín: Bueno...
Oye, eh... ¿puedo preguntarte algo? ¿Hay alguna posibilidad de que vaya a conseguir superfuerza en la mano? Porque, no voy a mentir, eso sería formidable.
Oye, ¿estás bien?
Rapuncel: ¡Oh! Perdón, sí. Solo, em, estaba ida, supongo.
Fermín: Digo porque éste es el asunto. Belleza sobrehumana, siempre la he tenío'... he nacío' con ella, pero, ¿fuerza sobrehumana? ¿Te puedes imaginar las posibilidades de esta...?
Giralte: Paciencia, chicos. Todas las cosas buenas para aquéllos que esperan.
Fermín: Ah, ¿oh?
Bueno, espero que estés aquí para disculparte.
¡Ah!
¡No, no, no, bájame! ¡Suéltame! ¡Suél... ta... me!
Rapuncel: Suélta... lo...
¡So, so, so, so, so, so! ¡So! ¡So! ¡Calma, chico, calma! ¡Tranquilo! ¡So, so! Calma, chico, calma.
Calma.
Ya está.
Ahora siéntate.
¡Siéntate!
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: Ahora suelta la bota.
¡Suéltala!
¡Ah, qué chico más bueno! Sí, lo eres. Jo, jo.
¿Estás cansadísimo de perseguir al hombre malo por todo el lugar?
Fermín: ¿Disculpa?
Rapuncel: Nadie te aprecia, ¿verdad?
¿Verdad?
Fermín: ¡Oh, vamos, es un caballo malo!
Rapuncel: ¡Oh, no es nada excepto un gran amor!
¿No es verdad? ¿Máximus?
Fermín: Tienes que estar tomándome el pelo.
Rapuncel: Mira. Hoy es como el mayor día de mi vida, y es que necesito que no le arrestes.
Solo durante veinticuatro horas y luego podéis perseguiros el uno al otro todo lo que queráis, ¿vale?
Y también es mi cumpleaños. Solo para que lo sepas.
Fermín: ¡Um!
Rapuncel: ¡Oh, oh, perdón!
¡Gracias!
Chica: Es para la princesa perdida.
Ciudadano: ¡A los botes!
Fermín: ¡Oye, Max!
¿Qué? Las he comprao'.
La mayoría.
Rapuncel: ¿Adónde vamos?
Fermín: Bueno, el mejor día de tu vida, me he figurao' que deberías tener un asiento decente.
Rapuncel: Hm.
Fermín: ¿Estás bien?
Rapuncel: Estoy aterrada.
Fermín: ¿Por qué?
Rapuncel: Llevo mirando por una ventana dieciocho años, soñando con lo que se podría sentir cuando esas luces se elevan en el cielo.
¿Y si no es todo lo que he soñado que sería?
Fermín: Lo será.
Rapuncel: Hmm.
¿Y si lo es? ¿Qué hago entonces?
Fermín: Bueno, ésa es la parte buena, supongo. Has de ir a encontrar un nuevo sueño.
Rapuncel: Hmm.
Días que las vi en mi torre.
Años que no supe qué vi.
Siempre sin saber ni siquiera
lo ciega que fui.
Ya aquí, viendo las linternas.
Ya aquí, de repente vi
aquí en pie, claro está.
Yo debo estar aquí.
Y al fin veo claridad.
Y la niebla se ha disipado.
Y al fin veo claridad.
Y hay un nuevo edén.
Y es brillante y real.
Pienso que el mundo ha cambiado,
de una vez se ha transformado,
y te puedo ver.
Hmm.
Yo tengo algo para ti, también.
Debería habértelo dado antes, pero es que estaba asustada. Y la cosa es que ya no tengo miedo. ¿Sabes lo que quiero decir?
Fermín: Empiezo a hacerlo.
Días que perseguí un ensueño.
Años que no supe vivir.
Siempre sin saber que las cosas
no eran así.
Ella aquí brilla reluciente.
Ella aquí, de repente sé.
Si está aquí, claro está.
Me quedo aquí también.
Fermín y Rapuncel: Y al fin veo claridad.
Fermín: Y la niebla se ha disipado.
Fermín y Rapuncel: Y al fin veo claridad.
Rapuncel: Y hay un nuevo edén.
Fermín y Rapuncel: Y es brillante y real.
Pieno que el mundo ha cambiado,
de una vez se ha transformado
y te puedo ver.
Y te puedo ver.
Rapuncel: ¿Va todo bien?
Fermín: ¿Eh?
Oh, sí, ah, eh. Sí, por supuesto. Es que...
Lo siento, todo está bien. Es que hay algo de lo que me tengo que ocupar.
Rapuncel: Vale.
Fermín: Volveré enseguida.
Rapuncel: No pasa nada, Pascal.
Fermín: Ah, ahí estáis. Eh. Os he estado buscando por todos lados desde que nos separamos. Oye, las patillas se están poniendo de moda simplemente, bueno, ¿eh? Tenéis que estar emocionaos' por eso.
Hmm, mm. De todas maneras, solo quería deciros que no debería haberme dividio', la corona es toda vuestra, os echaré de menos, pero creo que es por el... bien.
Traspalacios: ¿Sigues sin cantar, eh, Caballero?
Fermín: ¿Qué?
Traspalacios: Hemos oído que has encontrao' algo. Algo mucho más valioso que una corona.
La queremos a ella, en cambio.
Rapuncel: Ah. Estaba empezando a pensar que saliste corriendo con la corona y me dejaste.
Traspalacios: Lo hizo.
Rapuncel: ¿Qué? No, no lo haría.
Traspalacios: Velo tú misma.
Rapuncel: Eugenio.
¡Eugenio!
Traspalacios: Comercio justo, ¿una corona por la chica del pelo mágico?
¿Cuánto crees que alguien pagaría por permanecer joven y sano para siempre?
Rapuncel: No, ¡por favor... no! ¡No!
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ¿Madre?
Giralte: Oh, mi niña preciosa.
Rapuncel: Madre.
Giralte: ¿Estás bien? ¿Estás herida?
Rapuncel: Madre, ¿cómo me ha...?
Giralte: Estaba muy preocupada por ti, querida. Así que te seguí. Y los vi atacarte y... ay Dios, vámonos, vámonos antes de que vengan ellos también.
Rapuncel: Tenías razón, mamá. Tenías razón en todo.
Giralte: Lo sé, querida. Lo sé.
Guardia: ¡Mira!
La corona.
Fermín: Rapuncel. ¡Rapuncel!
¡No, no, no, no, esperad, esperad, esperad, chicos, chicos!
¡... Rapuncel!
Capitán: Quitémonos esto de encima, Caballero.
Fermín: ¿Adónde vamos?
Oh.
Giralte: Ahí. Nunca ha pasado. Ahora, lávate para cenar. Voy a hacer sopa de avellana.
Ah. Yo de verdad que lo intenté, Rapuncel. Intenté advertirte de lo que había ahí fuera. El mundo es oscuro y egoísta y cruel. Si encuentra incluso el más ligero rayo de sol, lo destruye.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ¿Cómo supisteis de ella? ¡Dímelo, ya!
Traspalacios: No fuimos nosotros. Fue la anciana.
Fermín: Anciana... ¡Ah! ¡Esperad! ¡No! ¡Esperad! ¡No lo entendéis, está en apuros! ¡Esperad!
Giralte: ¿Rapuncel?
Rapuncel, ¿qué está pasando ahí arriba?
¿Estás bien?
Rapuncel: Soy la princesa perdida.
Giralte: Oh, por favor, habla más fuerte, Rapuncel. Ya sabes que odio el farfullar.
Rapuncel: ¡Yo soy la princesa perdida! ¿No?
¿He farfullado, madre? ¿O no debería ni llamarte así?
Giralte: Oh, Rapuncel, ¿te has oído tú incluso? ¿Por qué ibas a preguntar una pregunta tan ridícula?
Rapuncel: ¡Fuiste tú! ¡Todo fuiste tú!
Giralte: Todo lo que hice fue protegerte... a ti.
Rapuncel: ¡Ah!
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: He pasado mi vida entera escondiéndome de la gente que me iba a usar por mi poder...
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ... pero debería haber estado escondiéndome... ¡de ti!
Giralte: ¿Adónde irás?
No estará allí para ti.
Rapuncel: ¿Qué le has hecho?
Giralte: Ese criminal va a ser colgado por sus crímenes.
Rapuncel: No.
Giralte: Bueno, bueno. No pasa nada. Escúchame. Todo está como debería estar.
Rapuncel: ¡No!
Estabas equivocada respecto del mundo.
Y estabas equivocada respecto de mí.
¡Y yo nunca más te voy a dejar que uses mi pelo!
Giralte: ¡Errg...!
¿Quieres que sea el malo? Muy bien. Ahora soy el malo...
Capitán: ¿Qué es esto? ¡Abran!
Bajito: ¿Cuál es la contraseña?
Capitán: ¿Qué?
Bajito: No.
Capitán: ¡Abra esta puerta!
Bajito: ¡Ni de cerca!
Capitán: Tiene tres segundos.
¡Uno!
Dos...
Tres...
Fermín: ¡Sartenes! Quién lo sabía, ¿verdad?
Arpón: Cabeza abajo.
Fermín: Cabeza abajo.
Arpón: Brazos dentro.
Fermín: Brazos dentro.
Arpón: Rodillas separadas.
Fermín: Rodillas separadas. ¿Rodillas separadas?
¿Por qué... por qué necesito mantener las rodillas separadas...?
¡Ah...!
Oh.
Max.
¿Tú los has traído aquí?
Gracias.
No, de verdad. Gracias. Ah. Siento que quizá todo este tiempo solo nos hemos estao' entendiéndonos mal, y simplemente somos realmente... eh...
... Sí, tienes razón, deberíamos irnos.
Max...
Max...
¡Max! ¡Ah...!
Vale, Max, veamos lo rápido que puedes correr.
¿Rapuncel? ¡Rapuncel, baja tu pelo!
Rapuncel, creí que nunca más te volvería a ver. ¿Eh?
Rapuncel: Mm, mm, ¡mm, mm!
¡Mm, mm! Mm...
Giralte: Ahora, mira lo que has hecho, Rapuncel.
Rapuncel: Mm...
Giralte: Oh, no te preocupes, querida. Nuestro secreto morirá con él.
Rapuncel: Mm, mm, mm...
Giralte: Y en cuanto a nosotras, ¡mm! ¡Nos vamos donde nadie jamás te vuelva a encontrar!
Rapuncel: ¡Mm, mm!
Giralte: ¡Rapuncel, de verdad! ¡Suficiente ya! ¡Deja de luchar contra mí!
Rapuncel: ¡No! No pararé. ¡Durante todos los minutos del resto de mi vida lucharé! ¡Yo nunca dejaré de intentar alejarme de ti!
Pero, si me dejas salvarle, yo iré contigo.
Fermín: ¡No! ¡No, Rapuncel!
Rapuncel: Nunca correré, nunca intentaré escapar. Solo déjame curarle, y tú y yo estaremos juntas. Por siempre, igual que tú quieres. Todo será de la forma en la que era. Lo prometo.
Igual que tú quieres.
Solo déjame curarle.
Giralte: Por si se te ocurren algunas ideas de seguirnos.
Rapuncel: ¡Eu... Eugenio!
Oh, lo siento mucho. Todo va a salir bien...
Fermín: No, Rapuncel...
Rapuncel: Te lo prometo. Tú tienes que confiar en mí...
Fermín: No...
Rapuncel: Venga. Solo respira...
Fermín: No puedo dejar que hagas esto.
Rapuncel: Pero no puedo dejar que te mueras.
Fermín: Pero si haces esto...
Rapuncel: Sh, sh, sh...
Fermín: ... entonces tú...
Rapuncel: ... sh, sh...
Fermín: ... morirás.
Rapuncel: Oye, va a salir bien.
Fermín: Rapuncel, espera...
Rapuncel: Eugenio, ¿qué...?
Giralte: ¡No!
No, no, no... ¡No! ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho?
¡Ah!
Rapuncel: No, no, no, no, no. Eugenio.
Oh. Mírame, mírame, estoy justo aquí, no te vayas, quédate conmigo, Eugenio... brilla, linda flor, que brille el poder, da marcha atrás, poder devuélveme...
Fermín: ... Rapuncel.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Tú fuiste mi nuevo sueño.
Rapuncel: Y tú el mío.
Cura todo ya. El azar cambié. No la encontrarán. Dame lo que una vez ya mío fue.
Fermín: Rapuncel.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: ¿Alguna vez te he dicho que me fascinan las morenas?
Rapuncel: ¡Eugenio!
Fermín: ¡Gua!
Bueno, os podríais imaginar lo que pasó después.
El reino se alegró mucho, porque la princesa perdida había regresado. La fiesta duró una semana entera, y honestamente no me acuerdo mucho de ella.
Los sueños se hicieron realidad por todo el lugar. Ese tío llegó a convertirse en el pianista de conciertos más famoso del mundo, si te lo puedes creer.
¿Y este tío? Bueno, al final encontró el verdadero amor.
En cuanto a este tío, bueno, supongo que es feliz. Si no, nunca me lo ha dicho.
Gracias a Máximus, el crimen del reino desapareció casi de la noche a la mañana...
... como también las manzanas.
Pascal... nunca cambió.
Por fin, Rapuncel estaba en casa y al fin tuvo una verdadera familia.
Era una princesa por la que valía esperar. Querida por todos, dirigió su reino con toda la elegancia y sabiduría con la que sus padres lo hicieron antes que ella.
Y en cuanto a mí, bueno, empecé otra vez con lo de Eugenio. Paré de robar y básicamente le di la vuelta a todo, pero ya sé cuál es la gran pregunta, ja.
¿Nos casamos Rapuncel y yo alguna vez? Pues estoy contento de decirte que tras años y años de pedírselo, y pedírselo, y pedírselo, por fin dije que sí.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: De acuerdo, yo se lo pedí a ella.
Rapuncel: Y vivimos felices para siempre.
Fermín: Sí que es verdad.
Enredados
Fermín: Ésta es la historia de cómo me morí.
No os preocupéis, esto es en realidad una historia muy divertida y la verdad es que ni siquiera es mía.
Ésta es la historia de una chica llamada Rapuncel y empieza con el sol.
Bueno, érase una vez, una sola gota de la luz del sol cayó de los cielos y de esta pequeña gota de sol, creció una flor mágica y dorada. Tenía la capacidad de curar a los enfermos y a los heridos.
Oh, ¿ves a esa anciana de ahí? Podrías querer recordarla. Es algo importante.
Bueno, pasaron los siglos y no a mucho tiempo en barco de allí creció un reino. El reino estaba gobernado por unos amados Reyes.
Y la Reina, bueno, estuvo a punto de tener un bebé. Se puso mala. Malísima.
Se estaba quedando sin tiempo, y ahí es cuando la gente normalmente empieza a buscar un milagro. O en este caso, una mágica flor dorada.
Ah, ya os dije que sería importante. Veis, en lugar de compartir el regalo del sol, esta mujer, Madre Giralte, acumuló su poder curativo y lo usó para mantenerse ella joven durante años, y todo lo que tenía que hacer era cantar una canción especial.
Giralte: Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Dame lo que una vez
ya mío fue.
Fermín: De acuerdo, captáis lo esencial. Ella le canta, se vuelve joven, espeluznante, ¿verdad?
Guardias: ¡Lo hemos encontrado!
Fermín: La magia de la flor dorada curó a la Reina.
Nació una bebé sana, una princesa, con un bonito pelo dorado.
Os daré una pista: ésa es Rapuncel.
Para celebrar su nacimiento, los Reyes lanzaron un farol que volaba hacia el cielo. Y durante ese mismo momento, todo estaba perfecto.
Y entonces ese momento terminó.
Giralte: Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha a...
Fermín: Giralte entró en el castillo, robó a la niña y justo así... se fue.
El reino buscó y buscó pero no pudieron encontrar a la princesa. Dentro de lo más profundo del bosque, en una torre escondida, Giralte crió a la niña como suya.
Joven Rapuncel: No la encontrarán.
Dame lo que una vez
ya mío fue.
Fermín: Giralte había encontrado su nueva mágica flor dorada, pero esta vez estaba determinada a mantenerla escondida.
Joven Rapuncel: ¿Por qué no puedo ir fuera?
Giralte: El mundo exterior es un lugar peligroso, lleno de gente horrible y egoísta. Debes quedarte aquí, donde estás a salvo. ¿Lo entiendes, flor?
Joven Rapuncel: Sí, mami.
Fermín: Pero los muros de aquella torre no podían esconder todo.
Cada año, en su cumpleaños, los Reyes soltaban miles de faroles hacia el cielo, con la esperanza de que un día su princesa regresaría.
Rapuncel: ¡Ja!
Mm. Bueno, supongo que Pascal no está escondiéndose aquí fuera...
¡Te tengo!
Eso son veintidós para mí. ¿Qué hay de veintitrés de cuarenta y cinco?
Vale, bueno, ¿qué quieres hacer?
Sí, no lo creo. Me gusta aquí dentro y también a ti.
Oh, vamos, Pascal, no se está tan mal ahí dentro.
Empiezo a las siete de la mañana.
Hacer las tareas y luego barrer.
Limpiar y encerar y hacer la colada.
A las siete y cuarto ya he barrido otra vez.
Y entonces leeré un libro, dos o tres.
A mi galería pintura añadiré.
Música y coser, pues cocinaré también.
¿Cuándo saldré? Yo me pregunté.
Después puzzles y dardos y hacer galletas.
Papel maché, el ballet y el ajedrez.
Cerámica y fabricación de velas.
¡Calentar, dibujar, escalar, diseñar!
Y volveré a leer si he terminado ya.
Y volveré a pintar, seguro que hay lugar.
Y yo me peinaré y me peinaré aún más.
Metida en un sitio sin saber
Cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy, cuando voy,
¿cuándo voy a nacer?
Mañana ya, las luces vendrán.
Como cada año, lo hacen igual.
¿Cómo es el mundo donde están?
Puede que Madre me quiera dejar marchar.
Fermín: ¡Vaya! Podría acostumbrarme a una vista así.
Traspalacios: ¡Caballero! ¡Venga!
Fermín: Espera. Sí. Estoy acostumbrado. Chicos, quiero un castillo.
Traspalacios: Hacemos este trabajo. Puedes comprarte tu propio castillo.
Fermín: Oh. ¿Alergia al polen?
Guardia: Sí.
¿Eh?
¡Oye, espera! ¡Oye, espera!
Fermín: ¿No podéis imaginarme en un castillo mío propio? Porque yo desde luego que sí.
Todas las cosas que hemos visto y sólo son las ocho de la mañana. ¡Caballeros, éste es un día muy grande!
Rapuncel: Ya está. Éste es un día muy grande, Pascal. Mmmm. Por fin voy a hacerlo. Voy a preguntarle.
Giralte: ¡Rapuncel!
¡Baja el pelo!
Rapuncel: Es la hora.
Lo sé, lo sé, vamos, que no te vea.
Giralte: Rapuncel, aquí abajo no me pongo más joven.
Rapuncel: ¡Voy, madre!
Hola, bienvenida a casa, madre.
Giralte: ¡Ah, Rapuncel! ¿Cómo consigues hacer eso todos y cada uno de los días sin falta? Parece absolutamente agotador, querida.
Rapuncel: Oh, no es nada.
Giralte: ¡Entonces no sé por qué tardas tanto! Eh, jo, jo, jo, jo, querida, solo te estoy tomando el pelo.
Rapuncel: Mm, je, je, je. De acuerdo, entonces, madre, como ya sabe, mañana es un grandísimo día...
Giralte: Rapuncel, mira ese espejo. ¿Sabes lo que veo? Veo a una jovencita fuerte, segura de sí misma y preciosa.
Ah, mira, si estás aquí también. Ja, ja, ja, ja, ja, ¡te estoy tomando el pelo! Deja de tomarte las cosas tan en serio, ah.
Rapuncel: Vale, entonces, madre, como decía, mañana...
Giralte: Rapuncel, madre se está sintiendo un poco hecha polvo. ¿Cantarías para mí, querida? Eso servirá.
Rapuncel: ¡Oh! Por supuesto, madre.
Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Giralte: ¡Espera...!
Rapuncel: Poder devuélveme.
Giralte: ¡Espera...!
Rapuncel: Cura todo ya.
El azar cambié.
No encontrarán
eso que mío fue.
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: Bueno, madre, antes estaba diciendo que mañana es un grandísimo día y no has contestado de verdad, así que solo te lo voy a decir, ¡es mi cumpleaños! Ah. ¡Tará!
Giralte: No, no, no, no puede ser. Me acuerdo perfectamente: tu cumpleaños fue el año pasado.
Rapuncel: Eso es lo gracioso de los cumpleaños... ¡son como una cosa anual!
Ah.
Madre, cumplo dieciocho años, y quería preguntar, ah, lo que de verdad quiero por este cumpleaños...
En realidad lo que de verdad quiero para mi cumple... quiero para mi cumple...
Giralte: Vale, Rapuncel, por favor, para ya de farfullar. Ya sabes cómo me siento con el farfullera... bla, bla, bla, bla, es muy pesado, te estoy tomando el pelo, eres adorable, te quiero mucho, querida. Ah.
Rapuncel: Ah, quiero ver las luces flotantes.
Giralte: Ah, ah. ¿Qué?
Rapuncel: Oh. Bueno, esperaba que me llevara a ver las luces flotantes.
Giralte: Oh. Dices las estrellas.
Rapuncel: Eso es.
He seguido atentamente las estrellas y siempre son constantes... pero éstas... aparecen todos los años en mi cumpleaños, madre... solamente en mi cumpleaños. Y es que no puedo remediar sentir como si están... están pensadas para mí.
Necesito verlas, madre, y no solo desde mi ventana. En persona. Yo tengo que saber lo que son.
Giralte: ¿Quieres ir fuera? ¿Por qué, Rapuncel?
Mírate, frágil como las flores.
Un árbol que acaba de nacer.
Sabes por qué estás en la torre.
Rapuncel: Lo sé, pero...
Giralte: Eso es, para que estés a salvo.
Yo sé que este día llegaría
y que pronto querrías volar.
Quédate acá.
Rapuncel: Pero...
Giralte: Sh, confiarás.
Pues yo sé más.
Pues yo sé más.
Escucha a tu madre.
Es un mundo al que temer.
Pues yo sé más.
Siempre algo mal sale.
Te lo puedo prometer.
Un matón,
hiedras venenosas,
Te querrán comer, oh, Dios.
Rapuncel: No.
Giralte: Sí.
Rapuncel: Pero...
Giralte: Algún varón
te verá gloriosa.
Para ya, vas a enfadarme.
Madre está aquí.
Madre te protege.
Esto te quiero decir:
Sal del drama,
ven con mama.
Pues yo sé más.
Pues yo sé más.
Confía en tu mama
o no sobrevivirás.
Descalzada vas.
Qué precoz. Vaya.
Sí, de ti se saciarán.
Crédula además.
Y manoseada.
Distraída, no. Mmm... Sí.
Creo que estás
un poquito inchada.
Lo digo porque te quiero.
Madre entenderá.
Madre te ayuda.
Solo quiero demandar:
¿Rapuncel?
Rapuncel: ¿Sí?
Giralte: No vuelvas a pedir salir de esta torre nunca.
Rapuncel: Sí, madre.
Giralte: Oh, te quiero mucho, querida.
Rapuncel: Yo te quiero más.
Giralte: Yo te quiero la que más.
No olvides
lo que dije:
Pues yo sé más.
¡Rapuncel! Hasta dentro de un ratito, flor mía.
Rapuncel: Estaré aquí.
Fermín: Ah, ah... ¡Ah! Oh, no. No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, esto es malo, esto es muy, muy malo, esto es malísimo...
¡Es que no me ponen bien la nariz!
Traspalacios: ¿A quién le importa?
Fermín: Bueno, ¡para vosotros es fácil decirlo! Vosotros estáis alucinantes.
Ah, de acuerdo, vale, dadme un empuje, y os levantaré.
Traspalacios: Danos primero la cartera.
Fermín: ¿Eh? Es que... no me puedo creer que después de todo lo que hemos pasado juntos, ¿no confiáis en mí?
Ay.
Traspalacios: Ahora ayúdanos a subir, guapetón.
Fermín: Perdón, mis manos están llenas.
Traspalacios: ¿Qué? ¡Caballero!
Capitán: ¡Recuperad esa cartera a cualquier a cualquier precio!
Guardias: ¡Sí, señor!
Capitán: ¡Ya lo tenemos, Máximus!
Fermín: ¡Ja! ¡Ja, ja! ¡... Oh!
¡Ah! ¡Vamos, vía de escape, adelante!
¡No!
¡No! ¡Basta ya, basta ya! ¡Dámelo... dame eso...!
¡Ja!
¡¡Ah!!
Solo al fin.
Rapuncel: ¡Ah!
Oh.
Fermín: ¿Eh?
Rapuncel: Vale, vale, vale, tengo a una persona en mi armario.
Tengo a una persona en mi armario.
¡Tengo a una persona en mi armario! ¡Ja, ja! ¡Ah!
Demasiado débil para desenvolverme ahí fuera, ¿eh, madre? Bueno... mmmm... dile eso a mi sartén...
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ¡Oh!
Giralte: ¡Baja tu pelo!
Rapuncel: ¡Un momento, madre!
Giralte: ¡Tengo una gran sorpresa!
Rapuncel: Ah, ¡yo también la tengo!
Giralte: Oh, ¡apuesto a que la mía es más grande!
Rapuncel: Lo dudo seriamente.
Giralte: He traído chirivías. Voy a hacer sopa de avellana para cenar, ¡tu sorpresa favorita!
Rapuncel: Bueno, madre, hay algo que quiero decirte.
Giralte: Oh, Rapuncel, ya sabes que odio dejarte después de una pelea especialmente cuando no he hecho absolutamente nada mal.
Rapuncel: Vale, he estado pensando mucho en lo que has dicho antes y...
Giralte: Espero que no sigas hablando de las estrellas.
Rapuncel: "Luces Flotantes", y sí, me estoy proponiendo eso, y...
Giralte: Porque de verdad creí que renunciamos al tema, cariño.
Rapuncel: No, madre, solo digo, crees que no soy lo suficientemente fuerte como para desenvolverme ahí fuera.
Giralte: Oh, querida, sé que no eres lo suficientemente fuerte como para desenvolverte ahí fuera.
Rapuncel: Pero si tú solo...
Giralte: Rapuncel, hemos terminado de hablar de esto...
Rapuncel: Confía en mí...
Giralte: Rapuncel...
Rapuncel: Sé lo que digo...
Giralte: Rapuncel...
Rapuncel: Oh, venga...
Giralte: ¡Ya basta con las luces, Rapuncel! ¡No vas a salir de esta torre! ¡Nunca!
Ah, genial. Ahora soy la mala.
Rapuncel: Todo lo que iba a decir, madre, es que... ya sé lo que quiero para mi cumpleaños.
Giralte: ¿Y qué es?
Rapuncel: Una nueva pintura. La pintura hecha de las conchas blancas que una vez me trajiste.
Giralte: Bueno, eso es un viaje muy largo, Rapuncel. Casi el tiempo de tres días.
Rapuncel: Es que he pensado que era una idea mejor que... las estrellas.
Giralte: Ah.
¿Estás segura de que estarás segura tú sola?
Rapuncel: Sé que estoy segura mientras esté aquí.
Giralte: Estaré de vuelta en el tiempo de tres días.
Te quiero mucho, querida.
Rapuncel: Yo te quiero más.
Giralte: Yo te quiero la que más.
Rapuncel: Vale.
¿Eh?
Mm.
Fermín: ¡Ah! ¿Eh? ¿Ah? ¿Esto es pelo?
Rapuncel: Forcejear... forcejear es inútil.
Fermín: ¿Eh?
Rapuncel: Sé por qué estáis aquí y no os tengo miedo.
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¿Quién sois vos? ¿Y cómo me habéis encontrado?
Fermín: Ajá.
Rapuncel: ¿Quién sois vos y cómo me habéis encontrado?
Fermín: Mmmm. No conozco quién sois vos, ni cómo llegué a encontraros, pero solo puedo decir...
Hola. ¿Cómo andas? El nombre es Fermín Caballero. ¿Cómo te va el día? ¿Eh?
Rapuncel: ¡Ah!
¿Quién más sabe de mi ubicación, Fermín Caballero?
Fermín: De acuerdo, rubita...
Rapuncel: Rapuncel.
Fermín: Salud. Éste es el asunto.
Estaba en una situación, dando vueltas por el bosque. Me encontré con tu torre y... jo, oh, no... ¿dónde está mi cartera?
Rapuncel: La he escondido, en algún sitio donde nunca la encontraréis.
Fermín: Está en esa vasija, ¿no?
Esto, eh. ¿Eh? ¡Guau! ¿Podrías parar eso?
Rapuncel: Ahora está escondido donde nunca lo encontrarás.
Entonces, ¿qué queréis de mi pelo? ¿Cortarlo?
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¿Venderlo?
Fermín: ¡No! Escucha, lo único que quiero hacer con tu pelo es librarme de él. Y con razón.
Rapuncel: Sé. Espera. ¿No quieres mi pelo?
Fermín: ¿Por qué cosa del mundo iba a querer yo tu pelo? Mira, me estaban persiguiendo, vi una torre, la escalé, fin de la historia.
Rapuncel: ¿Estás... diciendo la verdad?
Fermín: Sí.
Rapuncel: Lo sé, necesito a alguien que me lleve.
Yo creo que dice la verdad, también.
No tiene colmillos, ¿pero qué elección tengo?
Eh. Vale, Fermín Caballero, estoy preparada para ofreceros un trato.
Fermín: ¿Trato?
Rapuncel: Mirad por aquí.
¿Sabéis lo que son?
Fermín: ¿Quieres decir lo de las linternas que hacen para la princesa?
Rapuncel: Linternas. Sabía que no eran estrellas.
Bueno, mañana por la noche iluminarán el cielo de la noche con estas linternas.
Vos haréis de mi guía, me llevaréis hasta estas linternas y me devolveréis a casa sin percances. Entonces, y sólo entonces, yo os devolveré la cartera a vos. Ése es mi trato.
Fermín: Sí. No poder hacer. Desafortunadamente, el reino y yo no estamos precisamente "good" en este momento. Así que no te podré llevar a ningún sitio.
Rapuncel: Algo os trajo aquí, Fermín Caballero. Llámalo como gustéis: suerte, destino...
Fermín: Un caballo.
Rapuncel: Así que yo he tomado la decisión de confiar en ti.
Fermín: Una decisión horrible, de verdad.
Rapuncel: Pero fíate de mí cuando te digo esto.
Fermín: ¡Ah!
Rapuncel: Puedes destrozar esta torre ladrillo a ladrillo, pero sin mi ayuda, nunca encontrarás tu valiosísima cartera.
Fermín: Mmmm. Solo déjame aclarar esto. Yo te llevo a ver las linternas, te devuelvo a casa, ¿y me devolverás mi cartera?
Rapuncel: Lo prometo.
Y cuando yo prometo algo, nunca jamás rompo esa promesa.
Jamás.
Fermín: De acuerdo, escucha, no quería hacer esto, pero no me dejas elección. Aquí viene el 'ardiente'.
Esto es como un día libre para mí. Esto no pasa normalmente.
... Muy bien, ¡te llevaré a ver las linternas!
Rapuncel: ¿De verdad?
Uy.
Fermín: Me has roto el 'ardiente'.
Fermín: ¿Vienes, rubita?
Rapuncel: Siempre al mundo miré ¡estoy cerca y puedo!
Mira su esplendor, ¿de verdad podré?
Mírame, ¡ya por fin! Tengo que hacerlo.
¿Debo? No. Allá voy.
¡La hierba oler, así, es como lo soñé!
¡También puedo sentir la gran brisa correr!
¡Soy totalmente libre por primera vez!
Ahora corro, y salto, y bailo, y juego,
y brinco, y boto, y vuela mi pelo,
salpico, doy vueltas, y por fin me siento
¡que he empezado a nacer!
No me puedo creer que haya hecho esto.
No me puedo creer que haya hecho esto.
¡No me puedo creer que haya hecho esto! Ja, ja.
Madre estaría muy furiosa.
¡No pasa nada! Quiero decir, ojos que no ven corazón que no siente, ¿verdad?
¡Dios mío, esto sí lo sentiría!
¡Esto es muy divertido!
Soy una hija horrible. Me vuelvo.
¡Nunca voy a volver! ¡Yuju!
Soy un ser humano despreciable.
¡Yuju! ¡El mejor día de mi vida!
Fermín: Mmmmm.
Ya sabes, no puedo por menos que notar que pareces un poco en guerra contigo misma aquí.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: A ver, está más claro que el agua. Madre sobreprotectora, viaje prohibido. Quiero decir, esto son cosas serias.
Pero déjame aliviarte la conciencia.
Esto es parte de crecer. Un poco de rebelión, un poco de aventura... ¡eso es bueno, sano incluso!
Rapuncel: ¿Tú crees?
Fermín: Lo sé. Estás pensando demasiado esto, confía en mí. ¿Tu madre se lo merece? No. ¿Le rompería esto el corazón y le aplastaría el alma? Por supuesto. Pero simplemente tienes que hacerlo.
Rapuncel: ¿Romperle el corazón?
Fermín: En partes iguales.
Rapuncel: ¿Aplastarle el alma?
Fermín: Como una uva.
Rapuncel: Estaría destrozada, tienes razón.
Fermín: La tengo, ¿no? Oh, maldita sea.
De acuerdo, no me puedo creer que diga esto, pero te dejo salir del trato.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Eso es. Pero no me lo agradezcas. Solo démonos la vuelta y llevémoste a casa, encontremos tu sartén... y a tu rana... yo recupero mi cartera, tú recuperas una relación madre e hija basada en la confianza mutua y ¡voilà! Separamos los caminos como amigos insólitos.
Rapuncel: ¡No! Yo voy a ver esas linternas.
Fermín: ¡Oh, venga ya! ¿Qué voy a tardar para recuperar mi cartera?
Rapuncel: Usaré esto.
¿Son rufianes? ¿Matones? ¿Han venido a por mí?
Fermín: Quédate tranquila. Probablemente pueda oler el miedo.
Rapuncel: Oh, ah, lo siento. Supongo que es que soy un poquitín... nerviosa.
Fermín: Aunque probablemente sería mejor si evitáramos a los rufianes y los matones.
Rapuncel: Ah, eh, sí, probablemente eso estaría mejor.
Fermín: ¿Tienes hambre? Conozco un sitio genial pa' comer.
Rapuncel: Oh.
¿Dónde?
Fermín: Oh, no te preocupes. Lo sabrás cuando lo huelas.
Giralte: ¡Ah!
Ah, un caballo de Palacio. ¿Y tu jinete? Rapuncel.
¡Rapuncel!
¡Rapuncel, baja tu pelo!
¿Rapuncel?
¿Rapuncel?
¡Rapuncel!
Fermín: Sé que está por aquí, en alguna parte.
Ah, ahí está, el Patito Quieto.
No te preocupes, un lugar muy pintoresco, perfecto para ti. No querrás asustarte y dejar todo este esfuerzo ahora, ¿verdad?
Rapuncel: Bueno, sí que me gustan los patitos.
Fermín: ¡Toma!
¡Garçon, tu mesa más selecta, por favor!
¿Hueles eso? Respira hondo por la nariz.
De verdad, deja que se filtre.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ¿Tú qué coges? Porque para mí...
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ... eso es parte de olor a hombre, y la otra parte es un olor malísimo. No sé por qué, pero en general es que huele como el color marrón. ¿Tú qué piensas?
Matón: Eso es mucho pelo.
Fermín: Se lo está dejando crecer. ¿Es eso sangre en tu bigote? Orio, mira esto. Mira todo la sangre de su bigote.
Eso, señor, eso es mucha sangre.
Oye, no pareces muy bien, rubita. Quizá deberíamos llevarte a casa. Llámalo un día en el que probablemente es mejor irse. Esto es un antro de cinco estrellas, después de todo, y si no puedes tratar con este lugar, pues, a lo mejor deberías volver a tu torre.
Vlad: ¿Éste eres tú?
Fermín: Ah. Ahora es que están siendo mezquinos.
Arpón: Jo, jo, es él, de acuerdo. ¡Greno, ve a buscar a unos guardias! Esa recompensa me va a comprar un garfio nuevo.
Atila: Yo podría usar el dinero.
Vlad: ¿Y yo qué? Estoy pelado.
Rapuncel: ¡Por favor, parad!
Fermín: Podemos resolver esto.
Rapuncel: ¡Por favor, dejadle en paz!
Fermín: ¡Caballeros, por favor!
Rapuncel: ¡Devolvedme a mi guía!
¡Rufianes!
Fermín: ¡La nariz no, la nariz no, la nariz no!
Rapuncel: ¡Bajadlo!
¡Ya! ¡Vale, no sé dónde estoy, y necesito que él me lleve a ver las linternas porque llevo soñando con ellas mi vida entera!
¡Encontrad vuestra humanidad! ¿Ninguno de vosotros ha sabido nunca lo que soñó?
Arpón: Yo tuve un sueño... una vez.
Soy mezquino y malicioso,
Temes con verme el rostro,
por la crueldad, mis manos no están limpias.
Pero a pesar de mi humor,
y mi aspecto y mi arpón.
Siempre he anhelado ser pianista.
¿No me ves en escena tocando a Mozart
hasta hacer el piano brillar?
Sí, yo quiero que me temáis
y al espectáculo os unáis.
¡Gracias!
Porque en mi interior es lo que soñé.
Matones: ¡Lo que soñó! ¡Lo que soñó!
Arpón: ¿Ves? No soy tan cruel ni malo ni feroz.
Aun me gusta romper huesos, sabes que yo tengo un sueño.
¡Te acabo de contar lo que soñé!
Grande: Tengo chichones y llagas
y algo aquí que sangra
y ni siquiera nombremos mi cara.
Aunque tengo el pie así,
gran garganta y mi nariz,
quiero de mí a una chica enamorada.
¿No me ves con una bella señorita
remando y ella queriéndome?
Aunque soy muy repugnante, no me gusta pelearme.
¡Porque en mi interior es lo que soñé!
¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Grande: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
¡Y el amor reinará, eso lo sé!
Aunque hago gritar al pueblo.
Hay un niño con un sueño.
¡Te acabo de contar lo que soñé!
Tor querría irse y ser florista.
Diseñador Gúnter va a ser.
Mimo quiere ser, Atila cocinero es.
Teje Bal, cose Kil, marionetas hay aquí.
Arpón: Y a Vladimir le gusta la cerámica.
¿Qué hay de ti?
Fermín: Lo siento, ¿yo?
Grande: ¿Cuál es tu sueño?
Fermín: No, no, no. Perdón, chicos, no canto.
Pues es que lo que yo sueño
no tiene sentimiento.
Suelo soñar un lugar soleado,
en una isla en la cual yo pudiera descansar.
Lo que yo sueño es estar forrado.
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñó!
Rapuncel: ¡Es esas linternas ver resplandecer!
Matones: ¡Sí!
Rapuncel: Y cada hora que pasa
me alegro de irme de casa.
Queridos, ya os conté lo que soñé.
Matones: ¡Lo que soñó! ¡Lo que soñó!
¡Ellos también! ¡Tú, yó y él!
No somos tan dispares al parecer, unidos pues.
Podéis llamarnos
Arpón: Malvados
Grande: Grotescos y despiadados.
Matones: ¡Porque en mi interior es lo que soñé!
Arpón: ¡Lo que soñé!
Grande: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Lo que soñé! ¡Lo que soñé! ¡Lo que soñé!
Rapuncel: ¡Lo que soñé!
Matones: ¡Guo, oh, oh, oh!
Todos: ¡En mi interior es lo que soñé!
¡Sí!
Greno: He encontrado a los guardias.
Capitán: ¿Y Caballero? ¿Dónde está?
Sé que está aquí dentro en alguna parte.
¡Encontradle, poned patas arribas este sitio si tenéis que hacerlo!
Arpón: Vete, vive tu sueño.
Fermín: Lo haré.
Arpón: Tu sueño apesta, estaba hablando con ella.
Rapuncel: Gracias por todo.
Vlad: Yo creo que éste es el hombre que están buscando.
Bajito: Me tenéis.
Guardia: Señor, no hay señal de Caballero.
Capitán: Máximus.
Guardia: ¿Qué está haciendo?
Capitán: Un pasadizo. ¡Venga, hombres, vamos! ¡Constan, asegúrate de que esos chicos no se escapan!
Traspalacios: Ve a lo seguro. Iremos a por la corona.
Bajito: Lo que soñé, lo que soñé, lo... Oh, que alguien me traiga un vaso, porque acabo de encontrarme una copita de agua.
Giralte: Oh, basta ya, torpón. Ja, ja, ja, ja, ja. ¿Adónde conduce ese túnel?
Bajito: ¡Puñal!
Fermín: Bueno, tengo que decir que no sabía que tenías eso en ti allí atrás. Ha sido bastante impresionante.
Rapuncel: ¡Lo sé! Lo sé.
Bueno, Fermín, ¿de dónde eres?
Fermín: ¡Oh, oh! Perdón, rubita, no hago historia-atrás. Sin embargo, yo me estoy interesando mucho en la tuya. Bueno, ya, ya sé que no debo mencionar el pelo.
Rapuncel: No.
Fermín: O a la madre.
Rapuncel: Ah, ah.
Fermín: Francamente, me da demasiado miedo preguntar por la rana.
Rapuncel: Camaleón.
Fermín: Un matiz. Aunque ésta es mi pregunta: si quieres ver las linternas tanto, ¿por qué no has ido antes?
Rapuncel: Ah. Eh, bueno... ah, Fermín... Fermín...
Capitán: ¡Caballero!
Fermín: ¡Corre!
Rapuncel: ¿Quién es ése?
Fermín: No les gusto.
Rapuncel: ¿Quién es ése?
Fermín: Tampoco les gusto.
Rapuncel: ¡¿Quién es ese?!
Fermín: Solo supongamos por el momento que a todo el mundo de aquí no le gusto!
Rapuncel: ¡Vale!
Capitán: He esperado mucho tiempo para esto.
Fermín: ¡Oh, mama, yo tengo que conseguirme una de éstas!
¡Ja!
¡Deberías saber que ésta es la cosa más extraña que he hecho en mi vida!
¿Qué tal dos de tres?
Rapuncel: ¡Fermín!
¡Fermín, cuidado!
Fermín: Uoh, uoh...
¡Ja! Deberíais ver vuestras caras porque estáis... ridículos.
Venga, rubita.
Salta.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: Es inútil.
No puedo ver nada.
Oye, no sirve de nada. Ahí abajo está como la boca del lobo.
Rapuncel: Esto es todo mi culpa. Ella tenía razón, nunca debería haber hecho esto. Lo siento... Lo siento mucho, Fermín.
Fermín: Eugenio.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Mi verdadero nombre es Eugenio Fariao.
Alguien también podría saberlo.
Rapuncel: Mmm.
Yo tengo pelo mágico que brilla cuando canto.
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: ¡Yo tengo pelo mágico que brilla cuando canto! Brilla, linda flor, que brille el poder...
Fermín: ¡Uoh!
Rapuncel: Lo hicimos.
Fermín: Su pelo brilla.
Rapuncel: Estoy viva. ¡Estoy viva!
Fermín: Eso no lo vi venir.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: Su pelo brilla en realidad.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: ¿Por qué le brilla el pelo?
Rapuncel: ¡Eugenio!
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: No solo brilla.
Fermín: ¿Por qué me está sonriendo?
Traspalacios: Le mataré. ¡Mataré a ese Caballero!
Le cortaremos en el reino y recuperaremos la corona. ¡Venga!
Giralte: ¡Chicos!
Tal vez queráis parar de actuar como perros salvajes persiguiéndose las colas y pensar por un momento.
Jo, jo, por favor, no hay necesidad de eso.
Bueno, si eso es todo lo que deseáis, entonces seguid. Yo iba a ofreceros algo con valor de mil coronas, os habría hecho ricos más allá de la creencia y ésa ni siquiera era la mejor parte, jo, jo, oh, bueno, c'est la vie. Disfrutad de vuestra corona.
Traspalacios: ¿Cuál es la mejor parte?
Giralte: Viene con la venganza de Fermín Caballero.
Fermín: Bueno, estás siendo extrañamente críptica ya que envuelves tu pelo mágico alrededor de mi mano herida.
¡Ah!
Rapuncel: Perdón. Solo no... no te pongas frenético.
Brilla, linda flor.
Que brille el poder.
Da marcha atrás.
Poder devuélveme.
Cura todo ya.
El azar cambié.
No encontrarán
eso que mío fue.
Mío ya fue.
¡Por favor, no alucines!
Fermín: Ah. No estoy alucinando ¿estás tú alucinando? No solo estoy muy interesado en tu pelo y en las cualidades mágicas que posee ¿cuánto tiempo lleva haciendo eso exactamente?
Rapuncel: Ah, siempre, supongo.
Madre dice que cuando era un bebé, la gente intentaba cortarlo. Querían llevárselo para ellos solos. Pero, una vez que se corte, se vuelve marrón y pierde su poder. Un don así, debe ser protegido. Por eso madre nunca me ha dejado... Por eso nunca he salido de la... mmm.
Fermín: ... Nunca has salido de esa torre.
¿Y todavía vas a volver?
Rapuncel: ¡No! Sí. ¡Ah! Es complicado.
Ah. Bueno, ¿Eugenio Fariao, eh?
Fermín: Ah, sí. Bueno. Te ahorraré la historia de sollozos del pobre huérfano Eugenio Fariao, es un pequeño... es un palo pequeñito.
Ah.
Estaba este libro, un libro que solía leer todas las noches a todos los niños más jóvenes, "Los Cuentos de Firmo Caballero". Pícaro de capa y espada, el hombre vivo más rico, no malo con las mujeres, tampoco. No es que tuviera que jactarse de ello, claro.
Rapuncel: Mmm. ¿Él era un ladrón también?
Fermín: Ah... bueno, no. En realidad, él tenía suficiente dinero como para hacer cualquier cosa que quisiera hacer. Podría ir a cualquier sitio al que quisiese ir. Y, y, y para un niño sin nada, no sé, yo... simplemente me parecía como una mejor opción.
Rapuncel: Mmm.
Fermín: Pero no le puedes hablar a nadie de esto, ¿vale? Podría arruinar toda mi reputación.
Rapuncel: Ah. Eso no lo querríamos.
Fermín: Bueno, una reputación falsa es todo lo que tiene un hombre.
Rapuncel: Mmm, mmm, mmm...
Fermín: Ah.
Rapuncel: Mmm, mmm.
Fermín: Ajam. Bueno, debería, em... yo, yo debería... debería coger más leña.
Rapuncel: Oye.
Que conste, me gusta Eugenio Fariao mucho más que Fermín Caballero.
Fermín: Bueno, entonces serías la primera... pero gracias.
Rapuncel: Mmm.
Giralte: ¡Bueno! ¡Pensaba que nunca se iría!
Rapuncel: ¡Madre!
Giralte: Hola, querida.
Rapuncel: Pero yo, yo, yo, yo no, ah... ¿cómo me ha encontrado?
Giralte: Oh, ha sido fácil realmente. Simplemente he escuchado el sonido de la completa y total traición y eso lo seguí.
Rapuncel: Madre...
Giralte: Nos vamos a casa, Rapuncel. Ahora.
Rapuncel: Usted, no lo entiende. He estado en este viaje increíble y he visto y aprendido mucho.
Incluso he conocido a alguien.
Giralte: Sí, el ladrón buscado, estoy muy orgullosa. Venga, Rapuncel.
Rapuncel: Madre, espere. Creo...
Creo que le gusto.
Giralte: ¿Le gustas? Por favor, Rapuncel, eso es de demente.
Rapuncel: Pero madre, yo...
Giralte: Por esto es por lo que nunca deberías haber salido.
Todo este romance que inventaste
prueba que tu sitio no está aquí.
¡A él no le gustas! Venga ya, ¿en serio?
¡Mírate! ¿Se va a impresionar?
Sé avispada, ven con mama.
Pues yo...
Rapuncel: ¡No!
Giralte: ¡¿No!? Oh. Ya veo cómo es.
Pues sabes tú más.
Tú eres muy madura.
Una chica lista, sí.
Pues sabes tú más.
Si estás tan segura
¡Dale esto que tengo aquí!
Rapuncel: ¿Cómo lo ha...?
Giralte: ¡Por esto está aquí!
¡Que no te engañe!
¡Dáselo a él, ya verás!
Rapuncel: ¡Lo haré!
Giralte: Despierta ya,
así va a dejarte.
¡No diré: "Te lo advertí"!
No ¡pues sabes tú más!
Y si es tan elegante
Ponlo a prueba ya y ve.
Rapuncel: Madre, espere...
Giralte: Si él te miente, no me tientes,
¡pues yo sé más!
Fermín: Bueno...
Oye, eh... ¿puedo preguntarte algo? ¿Hay alguna posibilidad de que vaya a conseguir superfuerza en la mano? Porque, no voy a mentir, eso sería formidable.
Oye, ¿estás bien?
Rapuncel: ¡Oh! Perdón, sí. Solo, em, estaba ida, supongo.
Fermín: Digo porque éste es el asunto. Belleza sobrehumana, siempre la he tenío'... he nacío' con ella, pero, ¿fuerza sobrehumana? ¿Te puedes imaginar las posibilidades de esta...?
Giralte: Paciencia, chicos. Todas las cosas buenas para aquéllos que esperan.
Fermín: Ah, ¿oh?
Bueno, espero que estés aquí para disculparte.
¡Ah!
¡No, no, no, bájame! ¡Suéltame! ¡Suél... ta... me!
Rapuncel: Suélta... lo...
¡So, so, so, so, so, so! ¡So! ¡So! ¡Calma, chico, calma! ¡Tranquilo! ¡So, so! Calma, chico, calma.
Calma.
Ya está.
Ahora siéntate.
¡Siéntate!
Fermín: ¿Qué?
Rapuncel: Ahora suelta la bota.
¡Suéltala!
¡Ah, qué chico más bueno! Sí, lo eres. Jo, jo.
¿Estás cansadísimo de perseguir al hombre malo por todo el lugar?
Fermín: ¿Disculpa?
Rapuncel: Nadie te aprecia, ¿verdad?
¿Verdad?
Fermín: ¡Oh, vamos, es un caballo malo!
Rapuncel: ¡Oh, no es nada excepto un gran amor!
¿No es verdad? ¿Máximus?
Fermín: Tienes que estar tomándome el pelo.
Rapuncel: Mira. Hoy es como el mayor día de mi vida, y es que necesito que no le arrestes.
Solo durante veinticuatro horas y luego podéis perseguiros el uno al otro todo lo que queráis, ¿vale?
Y también es mi cumpleaños. Solo para que lo sepas.
Fermín: ¡Um!
Rapuncel: ¡Oh, oh, perdón!
¡Gracias!
Chica: Es para la princesa perdida.
Ciudadano: ¡A los botes!
Fermín: ¡Oye, Max!
¿Qué? Las he comprao'.
La mayoría.
Rapuncel: ¿Adónde vamos?
Fermín: Bueno, el mejor día de tu vida, me he figurao' que deberías tener un asiento decente.
Rapuncel: Hm.
Fermín: ¿Estás bien?
Rapuncel: Estoy aterrada.
Fermín: ¿Por qué?
Rapuncel: Llevo mirando por una ventana dieciocho años, soñando con lo que se podría sentir cuando esas luces se elevan en el cielo.
¿Y si no es todo lo que he soñado que sería?
Fermín: Lo será.
Rapuncel: Hmm.
¿Y si lo es? ¿Qué hago entonces?
Fermín: Bueno, ésa es la parte buena, supongo. Has de ir a encontrar un nuevo sueño.
Rapuncel: Hmm.
Días que las vi en mi torre.
Años que no supe qué vi.
Siempre sin saber ni siquiera
lo ciega que fui.
Ya aquí, viendo las linternas.
Ya aquí, de repente vi
aquí en pie, claro está.
Yo debo estar aquí.
Y al fin veo claridad.
Y la niebla se ha disipado.
Y al fin veo claridad.
Y hay un nuevo edén.
Y es brillante y real.
Pienso que el mundo ha cambiado,
de una vez se ha transformado,
y te puedo ver.
Hmm.
Yo tengo algo para ti, también.
Debería habértelo dado antes, pero es que estaba asustada. Y la cosa es que ya no tengo miedo. ¿Sabes lo que quiero decir?
Fermín: Empiezo a hacerlo.
Días que perseguí un ensueño.
Años que no supe vivir.
Siempre sin saber que las cosas
no eran así.
Ella aquí brilla reluciente.
Ella aquí, de repente sé.
Si está aquí, claro está.
Me quedo aquí también.
Fermín y Rapuncel: Y al fin veo claridad.
Fermín: Y la niebla se ha disipado.
Fermín y Rapuncel: Y al fin veo claridad.
Rapuncel: Y hay un nuevo edén.
Fermín y Rapuncel: Y es brillante y real.
Pieno que el mundo ha cambiado,
de una vez se ha transformado
y te puedo ver.
Y te puedo ver.
Rapuncel: ¿Va todo bien?
Fermín: ¿Eh?
Oh, sí, ah, eh. Sí, por supuesto. Es que...
Lo siento, todo está bien. Es que hay algo de lo que me tengo que ocupar.
Rapuncel: Vale.
Fermín: Volveré enseguida.
Rapuncel: No pasa nada, Pascal.
Fermín: Ah, ahí estáis. Eh. Os he estado buscando por todos lados desde que nos separamos. Oye, las patillas se están poniendo de moda simplemente, bueno, ¿eh? Tenéis que estar emocionaos' por eso.
Hmm, mm. De todas maneras, solo quería deciros que no debería haberme dividio', la corona es toda vuestra, os echaré de menos, pero creo que es por el... bien.
Traspalacios: ¿Sigues sin cantar, eh, Caballero?
Fermín: ¿Qué?
Traspalacios: Hemos oído que has encontrao' algo. Algo mucho más valioso que una corona.
La queremos a ella, en cambio.
Rapuncel: Ah. Estaba empezando a pensar que saliste corriendo con la corona y me dejaste.
Traspalacios: Lo hizo.
Rapuncel: ¿Qué? No, no lo haría.
Traspalacios: Velo tú misma.
Rapuncel: Eugenio.
¡Eugenio!
Traspalacios: Comercio justo, ¿una corona por la chica del pelo mágico?
¿Cuánto crees que alguien pagaría por permanecer joven y sano para siempre?
Rapuncel: No, ¡por favor... no! ¡No!
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ¿Madre?
Giralte: Oh, mi niña preciosa.
Rapuncel: Madre.
Giralte: ¿Estás bien? ¿Estás herida?
Rapuncel: Madre, ¿cómo me ha...?
Giralte: Estaba muy preocupada por ti, querida. Así que te seguí. Y los vi atacarte y... ay Dios, vámonos, vámonos antes de que vengan ellos también.
Rapuncel: Tenías razón, mamá. Tenías razón en todo.
Giralte: Lo sé, querida. Lo sé.
Guardia: ¡Mira!
La corona.
Fermín: Rapuncel. ¡Rapuncel!
¡No, no, no, no, esperad, esperad, esperad, chicos, chicos!
¡... Rapuncel!
Capitán: Quitémonos esto de encima, Caballero.
Fermín: ¿Adónde vamos?
Oh.
Giralte: Ahí. Nunca ha pasado. Ahora, lávate para cenar. Voy a hacer sopa de avellana.
Ah. Yo de verdad que lo intenté, Rapuncel. Intenté advertirte de lo que había ahí fuera. El mundo es oscuro y egoísta y cruel. Si encuentra incluso el más ligero rayo de sol, lo destruye.
Rapuncel: ¡Ah!
Fermín: ¿Cómo supisteis de ella? ¡Dímelo, ya!
Traspalacios: No fuimos nosotros. Fue la anciana.
Fermín: Anciana... ¡Ah! ¡Esperad! ¡No! ¡Esperad! ¡No lo entendéis, está en apuros! ¡Esperad!
Giralte: ¿Rapuncel?
Rapuncel, ¿qué está pasando ahí arriba?
¿Estás bien?
Rapuncel: Soy la princesa perdida.
Giralte: Oh, por favor, habla más fuerte, Rapuncel. Ya sabes que odio el farfullar.
Rapuncel: ¡Yo soy la princesa perdida! ¿No?
¿He farfullado, madre? ¿O no debería ni llamarte así?
Giralte: Oh, Rapuncel, ¿te has oído tú incluso? ¿Por qué ibas a preguntar una pregunta tan ridícula?
Rapuncel: ¡Fuiste tú! ¡Todo fuiste tú!
Giralte: Todo lo que hice fue protegerte... a ti.
Rapuncel: ¡Ah!
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: He pasado mi vida entera escondiéndome de la gente que me iba a usar por mi poder...
Giralte: ¡Rapuncel!
Rapuncel: ... pero debería haber estado escondiéndome... ¡de ti!
Giralte: ¿Adónde irás?
No estará allí para ti.
Rapuncel: ¿Qué le has hecho?
Giralte: Ese criminal va a ser colgado por sus crímenes.
Rapuncel: No.
Giralte: Bueno, bueno. No pasa nada. Escúchame. Todo está como debería estar.
Rapuncel: ¡No!
Estabas equivocada respecto del mundo.
Y estabas equivocada respecto de mí.
¡Y yo nunca más te voy a dejar que uses mi pelo!
Giralte: ¡Errg...!
¿Quieres que sea el malo? Muy bien. Ahora soy el malo...
Capitán: ¿Qué es esto? ¡Abran!
Bajito: ¿Cuál es la contraseña?
Capitán: ¿Qué?
Bajito: No.
Capitán: ¡Abra esta puerta!
Bajito: ¡Ni de cerca!
Capitán: Tiene tres segundos.
¡Uno!
Dos...
Tres...
Fermín: ¡Sartenes! Quién lo sabía, ¿verdad?
Arpón: Cabeza abajo.
Fermín: Cabeza abajo.
Arpón: Brazos dentro.
Fermín: Brazos dentro.
Arpón: Rodillas separadas.
Fermín: Rodillas separadas. ¿Rodillas separadas?
¿Por qué... por qué necesito mantener las rodillas separadas...?
¡Ah...!
Oh.
Max.
¿Tú los has traído aquí?
Gracias.
No, de verdad. Gracias. Ah. Siento que quizá todo este tiempo solo nos hemos estao' entendiéndonos mal, y simplemente somos realmente... eh...
... Sí, tienes razón, deberíamos irnos.
Max...
Max...
¡Max! ¡Ah...!
Vale, Max, veamos lo rápido que puedes correr.
¿Rapuncel? ¡Rapuncel, baja tu pelo!
Rapuncel, creí que nunca más te volvería a ver. ¿Eh?
Rapuncel: Mm, mm, ¡mm, mm!
¡Mm, mm! Mm...
Giralte: Ahora, mira lo que has hecho, Rapuncel.
Rapuncel: Mm...
Giralte: Oh, no te preocupes, querida. Nuestro secreto morirá con él.
Rapuncel: Mm, mm, mm...
Giralte: Y en cuanto a nosotras, ¡mm! ¡Nos vamos donde nadie jamás te vuelva a encontrar!
Rapuncel: ¡Mm, mm!
Giralte: ¡Rapuncel, de verdad! ¡Suficiente ya! ¡Deja de luchar contra mí!
Rapuncel: ¡No! No pararé. ¡Durante todos los minutos del resto de mi vida lucharé! ¡Yo nunca dejaré de intentar alejarme de ti!
Pero, si me dejas salvarle, yo iré contigo.
Fermín: ¡No! ¡No, Rapuncel!
Rapuncel: Nunca correré, nunca intentaré escapar. Solo déjame curarle, y tú y yo estaremos juntas. Por siempre, igual que tú quieres. Todo será de la forma en la que era. Lo prometo.
Igual que tú quieres.
Solo déjame curarle.
Giralte: Por si se te ocurren algunas ideas de seguirnos.
Rapuncel: ¡Eu... Eugenio!
Oh, lo siento mucho. Todo va a salir bien...
Fermín: No, Rapuncel...
Rapuncel: Te lo prometo. Tú tienes que confiar en mí...
Fermín: No...
Rapuncel: Venga. Solo respira...
Fermín: No puedo dejar que hagas esto.
Rapuncel: Pero no puedo dejar que te mueras.
Fermín: Pero si haces esto...
Rapuncel: Sh, sh, sh...
Fermín: ... entonces tú...
Rapuncel: ... sh, sh...
Fermín: ... morirás.
Rapuncel: Oye, va a salir bien.
Fermín: Rapuncel, espera...
Rapuncel: Eugenio, ¿qué...?
Giralte: ¡No!
No, no, no... ¡No! ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho?
¡Ah!
Rapuncel: No, no, no, no, no. Eugenio.
Oh. Mírame, mírame, estoy justo aquí, no te vayas, quédate conmigo, Eugenio... brilla, linda flor, que brille el poder, da marcha atrás, poder devuélveme...
Fermín: ... Rapuncel.
Rapuncel: ¿Qué?
Fermín: Tú fuiste mi nuevo sueño.
Rapuncel: Y tú el mío.
Cura todo ya. El azar cambié. No la encontrarán. Dame lo que una vez ya mío fue.
Fermín: Rapuncel.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: ¿Alguna vez te he dicho que me fascinan las morenas?
Rapuncel: ¡Eugenio!
Fermín: ¡Gua!
Bueno, os podríais imaginar lo que pasó después.
El reino se alegró mucho, porque la princesa perdida había regresado. La fiesta duró una semana entera, y honestamente no me acuerdo mucho de ella.
Los sueños se hicieron realidad por todo el lugar. Ese tío llegó a convertirse en el pianista de conciertos más famoso del mundo, si te lo puedes creer.
¿Y este tío? Bueno, al final encontró el verdadero amor.
En cuanto a este tío, bueno, supongo que es feliz. Si no, nunca me lo ha dicho.
Gracias a Máximus, el crimen del reino desapareció casi de la noche a la mañana...
... como también las manzanas.
Pascal... nunca cambió.
Por fin, Rapuncel estaba en casa y al fin tuvo una verdadera familia.
Era una princesa por la que valía esperar. Querida por todos, dirigió su reino con toda la elegancia y sabiduría con la que sus padres lo hicieron antes que ella.
Y en cuanto a mí, bueno, empecé otra vez con lo de Eugenio. Paré de robar y básicamente le di la vuelta a todo, pero ya sé cuál es la gran pregunta, ja.
¿Nos casamos Rapuncel y yo alguna vez? Pues estoy contento de decirte que tras años y años de pedírselo, y pedírselo, y pedírselo, por fin dije que sí.
Rapuncel: Eugenio.
Fermín: De acuerdo, yo se lo pedí a ella.
Rapuncel: Y vivimos felices para siempre.
Fermín: Sí que es verdad.
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