domingo, 27 de diciembre de 2015

"Sucker Punch"


Esto es lo que pasa cuando anuncias sus películas con la coletilla «Del visionario director de 300»: el hombre acaba por creérselo y el estudio le concede carta blanca para filmar un espectacular zurullo. Vale que Zack Snyder no es un director del que la gente esperaría una película de actores en bruto (viene de trabajar con espartanos y lechuzas), sino más bien un moldeador de blockbusters, pero eso es una cosa y otra muy distinta es que su gran proyecto parezca una película ideada por el imaginario de un adolescente: tías buenas, faldas cortas (se ve que los pantalones escaseaban en vestuario), samuráis, nazis-zombis, robots, explosiones, slow-motionüber-slow-motion, infografía, ametralladoras, mechwarriors, catanas…
Lo peor es que no muestra pudor alguno fotocopiando descaradamente el videojuego (ítems que obtener en cada nivel, enemigos calcando al Killzone), el cine reciente (El señor de los anillos) o las realidades paralelas que han explotado otros (InceptionMatrix).
Protagoniza Emily Browning con estilismos de muñeca hinchable interpretando a una joven internada en un psiquiátrico que planea escapar utilizando dos niveles más de realidad: uno a lo Moulin Rouge que se desarrolla en un cabaré (y donde se ha esquivado mostrar siquiera una coreografía mediante excusas visuales), y otro en secuencias de acción con mil filtros de Photoshop, lógica absurda, nula conexión narrativa con la historia y refritos de todo lo fotocopiado.
Y ahí está el problema: Snyder no crea un ambiente, no se molesta en otorgar de espíritu a la historia. Simplemente grita: «It's a castle! There's a dragon! You have to kill it!» y te lo tira a la cara. Sin lubricar. Sin gracia. Sin razón. Una y otra vez. Hasta que nos suelta escenas como esa pelea contra robots en los vagones de un tren y durante lo interminable de esta le concede al espectador tiempo suficiente para pararse a pensar en el increíble despliegue de medios y la falta de huevos (ni una gota de sangre para justificar el PG-13) con que han envuelto esta espléndida, tremenda y fastuosa cantidad de nada.

viernes, 25 de diciembre de 2015

"Battle: Los Angeles"



Someone should recognize Jonathan Liebesman's merit: it's difficult to make a war movie with aliens that leads so much to sleepiness. Illegitimate son of Black Hawk Down, District 9, Independence Day and all the soldiers of the army's subjects (every cliché is represented with arms and legs), Battle: Los Angeles has the same profoundness than the synopsis of a Call of Duty's back cover and lacks redeeming elements such as spectacular FX or some comical sparkle. Will Smith isn't even on it. And yes, Independence Day was a parched shit, the aliens had a such a compatible hardware that you would laugh at the USB 2.0 and everything needed, but at least the Prince of Bel Air letting witties out gilded your suppository.

Everything very serious, very dull, very routine, a camera in the hands of a schizo, a script of absurd logic, enemies that pass from God mood to being funfair ducks, a patriotic speech and a group of soldiers whose destiny matters us like hell.


A snail race is funnier. Dead snails.
And Will Smith is not on it.


martes, 22 de diciembre de 2015

"Battle: Los Angeles"


Alguien debería reconocerle el mérito a Jonathan Liebesman: es difícil fabricar una película de guerra con marcianos que induzca tanto al sopor. Hija bastarda de Black Hawk DownDistrict 9Independence Day y todos los tópicos de soldados del ejército (cada cliché está representado con brazos y piernas), Battle: Los Angeles tiene la misma profundidad que la sinopsis de contraportada de un Call of Duty y carece de elementos redentores como espectaculares FX o algún despunte cómico. Ni siquiera sale Will Smith. Y sí, Independence Day era una mierda reseca, los marcianos tenían un hardware compatible que ríete tú del USB 2.0 y todo lo que haga falta, pero al menos el Príncipe de Bel Air soltando chanzas te doraba el supositorio.
Todo muy serio, muy soso, muy rutinario, cámara en manos de un esquizo, guion de lógica absurda, enemigos que pasan del modo Dios a ser patos de feria, discurso patriótico y un grupo de soldados cuyo destino nos importa un carajo.
Es más divertida una carrera de caracoles. Muertos.
Y no sale Will Smith.

Sexo


"Scream 4"


El retorn del tàndem Wes Craven darrere la càmera i en Kevin Williamson sobre el paper comença realment bé amb un pròleg manipulador i divertit que juga amb la basa principal de la sèrie: el metallenguatge com a broma. L'autorreferència erigida com a vedell d'or.

L'objectiu de les punyalades en aquest fulletó és aquella tara de la nova generació de slashers: el remake, la reinterpretació recent de clàssics del gènere. Però a més a més el guió es permet bromejar amb el torture pornmodern (Saw), rendir tributs descoberts a alguna sorpresa recent (Shaun of the Dead, aquí tràgicament dita Zombies Party), i practicar l'autofel·lació referencial de manera hiperbòlica reinventant les regles per oferir el mateix: adolescents trinxats i psycho de manera difusa. La Neve Campbell, la Courteney Cox i en David Arquette corrent com pollastres sense cap darrere d'una disfressa de Halloween amb coberteria afilada.

Sense estar a l'altura de la seva arrencada brillant, la història es desenvolupa amb bon pols i trepitjant terreny conegut per tradició. En Craven aquesta vegada ha estat fi i reprèn el ritme i l'estil que en Scream 3 havia deixat abandonat a alguna gasolinera. En Williamson es posa les piles i escopeix metacinema dins de metacinema (En Robert Rodríguez, Psycho, Halloween) desembocant en un discurs estrany sobre l'absurd de la identitat, els quinze minuts de fama i tota aquella gent que es fa famosa gràcies a un vídeo mongòlic de lipdub a Youtube. És entreteniment bàsic, ni més ni menys. No hi ha concessions artístiques ni s'arrisca en absolutament cap aspecte del film, però en la seva simplicitat òbvia la joguina funciona per divertir les butaques.
Sorpresa imprevisible (i de lògica impossible) en la identitat de l'assassí i aires nous venent els clixés vells per a una sèrie que semblava morta a la tercera envestida i que ara té un destí incert.

Acontentarà el fanàtic (sobre tot a aquest) perquè, sent seriosos, Scream 4 ofereix justament i planerament el que algú que faria cua per veure Scream 4 vol veure.

sábado, 19 de diciembre de 2015

"Scream 4"


El retorno del tándem Wes Craven tras la cámara y Kevin Williamson sobre el papel empieza realmente bien con un manipulador y divertido prólogo que juega con la principal baza de la serie: el metalenguaje como broma. La autorreferencia erigida como becerro de oro.
El objetivo de las puñaladas en esta entrega es esa lacra de la nueva generación de slashers: el remake, la reinterpretación reciente de clásicos del género. Pero además el guion se permite bromear con el torture pornmoderno (Saw), rendir tributos descubiertos a alguna sorpresa reciente (Shaun of the Dead, aquí trágicamente llamada Zombies Party), y practicar la autofelación referencial de manera hiperbólica reinventando las reglas para ofrecer lo mismo: adolescentes trinchados y psycho de identidad difusa. Neve Campbell, Courteney Cox y David Arquette corriendo como pollos sin cabeza detrás de un disfraz de Halloween con cubertería afilada.
Sin estar a la altura de su brillante arranque, la historia se desenvuelve con buen pulso y pisando terreno conocido por tradición. Craven esta vez ha estado fino y retoma el ritmo y el estilo que en Scream 3 había dejado abandonado en alguna gasolinera. Williamson se pone las pilas y escupe metacine dentro de metacine (Robert Rodríguez, PsychoHalloween) desembocando en un extraño discurso sobre lo absurdo de la identidad, los quince minutos de fama y toda esa gente que se hace famosa gracias a un vídeo mongólico de lipdub en Youtube. Es entretenimiento básico, ni más ni menos. No hay concesiones artísticas ni se arriesga en absolutamente ningún aspecto del filme, pero en su obvia simplicidad el juguete funciona para divertir a las butacas.
Sorpresa imprevisible (y de lógica imposible) en la identidad del asesino y aires nuevos vendiendo los clichés viejos para una serie que parecía muerta a la tercera embestida y que ahora tiene un destino incierto.
Contentará al fanático (sobre todo a ese) porque, siendo serios, Scream 4 ofrece justa y llanamente lo que alguien que haría cola para ver Scream 4 quiere ver.

"Happythankyoumoreplease"


How I Met Josh Radnor.
C'est inévitable le parallélisme entre Zach Braff et Josh Radnor: tous les deux proviennent de séries de comédie (Braff de la détraquée Scrubs et Radnor de la sitcom How I Met your Mother) et tous les deux osent réaliser, faire le scénario et jouer le rôle principal dans leur propre film (le premier en 2004 avec Garden State et le second en 2011 avec HappyThankYouMorePlease), mais pendant que Braff signait un film remarquable avec ses choses de martiens, Radnor ajuste moins avec son film d'airs intimistes.

Le problème, c'est pas le pari pour un style visuel proche du cinéma indépendant (un format évident pour résulter mûr après venir de la comédie), mais le manque d'un tableau émouvant qui entre en contact avec le spectateur.

Cela narre la vie de New-yorkais différents d'une trentaine d'ans (un écrivain qui considère normal d'enlever/adopter un enfant perdu, une serveuse, une fille avec de l'alopécie et un couple) et leurs relations amoureuses désastreuses. Mais le scénario, en dépit de quelque réponse ingénieuse et deux étincelles intéressantes, marche sans attirer beaucoup l'attention. À tel point que pas tous les personnages intéressent suffisamment. Et quand on a une distribution chorale et au milieu du métrage ça, c'est égal ce qu'il arrive à la plupart des personnages, quelque chose grince et on gaffe irrémédiablement.

Josh Radnor, le père absolu du nourrisson, en dépit des bonnes intentions (il les a et on les remarque, il y a certaine douceur omniprésente) ne réussit pas à injecter à l'œuvre ce «quelque chose» spécial qui la ferait remarquer.

Dans son long-métrage suivant peut-être qu'il pourra démontrer qu'il a quelque chose d'important à dire, bien que la seule chose qu'on y voit claire pour l'instant soit qu'il en a envie.

"Happythankyoumoreplease"


How I Met Josh Radnor.
Es inevitable el paralelismo entre Zach Braff y Josh Radnor: ambos proceden de series de comedia (Braff de la desquiciada Scrubs y Radnor de la sitcom How I Met your Mother) y ambos se atreven a dirigir, guionizar y protagonizar su propia película (el primero en 2004 con Garden State y el segundo en 2011 con HappyThankYouMorePlease), pero mientras Braff firmaba una película notable con sus marcianadas, Radnor afina menos con su filme de aires intimistas.
El problema no es la apuesta por un estilo visual cercano al cine independiente (un formato obvio para resultar maduro tras venir de la comedia), sino la falta de un registro emocional que conecte con el espectador.
Narra la vida de diferentes neoyorquinos treintañeros (un escritor que considera normal secuestrar/adoptar a un niño perdido, una camarera, una chica alopécica y una pareja) y sus desastrosas relaciones amorosas. Pero el guion, pese a alguna réplica ingeniosa y un par de destellos interesantes, camina sin llamar mucho la atención. Hasta tal punto que no todos los personajes interesan lo suficiente. Y cuando tienes un reparto coral y a mitad de metraje te da lo mismo lo que ocurra con la mayoría de personajes, algo chirría y patinas irremediablemente.
Josh Radnor, padre absoluto de la criatura, pese a las buenas intenciones (que las tiene y se le notan, hay cierta dulzura omnipresente), no logra inyectar a la obra ese «algo» especial que la haría destacar.
Quizá en su siguiente largometraje pueda demostrar que tiene algo importante que decir, aunque por ahora lo único que tenemos claro es que tiene las ganas.

"Blind Fury"


Nicolas Cage's major is like the one of that classmate who got As at school and looked like a nuclear physicist but who you find years later pushing a cart and begging hand-out at the Caprabo's way out. Nobody knows very well how it happened; maybe he turns up picking up an Oscar (Leaving Las Vegas), looking as if he were being done a colonoscopy for two hours (Face/Off), duplicated in a script of the great Kaufman (Adaptation), participating in demoniacal turds (Ghost Rider), or activating his bad-ass chip in autopilot for the redneck resemblance present amusement.

The director Patrick Lussier makes clear from the first scene that his way of taking advantage of 3D consists in throwing all the furnishings to a spectator's face. The story of a man coming out of hell to save a baby from a diabolical sect counts on companion hot girl (Amber Heard) among its cast, enemy died down (Billy Burke), hitman from Hades on a trip to catch the protagonist (William Fichtner) and the hero's little buddy in the shape of actor with tables who just has to look as if he were resolving a mental sudoku to comply (David Morse). What joins them together is three pages of script soaked in hectoliters of gasoline covered in dandruff, gunshots, cruel evildoers, cars, punches and embarrassing dialogs recited while looking as if they were thinking strongly in front of a burning drum. But the movie is totally sincere to its own moronic nature; here the hero just wants a skull to help himself to a big drink in it, not to recite Shakespeare. This chicken color Nicolas Cage that doesn't even take off his clothes or his sunglasses to get laid is so motherfucker. There you go.

Blind Fury is a derivative that could join that wave of B-movie modern revival together with things such as Machete, Planet Terror or Hobo with a Shotgun. It would also be easy to label inside of the most recent mindless action movies Crank, Wanted or Shoot 'Em Up style (which he shamelessly steals the scene of banging and shooting at the same time) but it doesn't turn out as referential as the first group's, or as unhinged as the second one's. It reminds, just in case slightly, of the blockbusters' 90's action with sweated muscle, but lacking the brilliant packaging as in an overproduction, like Con Air

It won't go down in history, but thankfully it doesn't even mean to. Assimilated with certain sense of humor, Lussier's shovelful turns out moderately funny. It's a monumental "You knew what you came here for" and it has no aspiration at all: a filthy script, cool guys that don't look at blasts and opportunistic 3D.



The next day your brain —which is wise— will have forgotten it, but that is preferable to it keeping hurting you. I remit to Ghost Rider.